Prólogo

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¡Levántate y ponte en posición! Le grita Frodnar al pobre muchacho, ya exhausto por el entrenamiento. ¡Ponte en posición!, el chico se pone en pie tambaleándose. Ya en posición el muchacho reconoce su falta y levanta el escudo hasta su hombro y empieza a maniobrar una espada de madera muy pesada alrededor de un poste, golpeándolo repetidamente con la espada y embistiéndolo con el escudo.

 Terminamos por hoy Astor, vete a bañarte. El chico suelta pesadamente la espada y el escudo y da media vuelta, levanta su mirada hacia la atardecer.

-¿Ya habrá llegado Wilhelm? – Se pregunta observando las aves revoloteando sus últimos aleteos antes de refugiarse en su nido y dormir-.

Deja su armadura en un sostenedor, se estira y bostezando de cansancio cuando se escucha voz y se da cuenta que alguien todavía se encuentra en el campo de entrenamiento, se escabulle por entre los pilares que se encuentran junto a la entrada principal y ahí está ella, la hija del Jarl de Íthlor Zezanael, – una ciudad al sur del Reino de Rodgar, donde nos encontramos-  Elecasta, de cabello negro índigo hasta sus mejillas, blanca como el invierno mismo y sus ojos oscuros, quien por orden de su padre lo envía al reino para un mayor entrenamiento y con movimientos muy ágiles talaba el pilar de madera. El tímido Astor siente un temblor en sus piernas y no es cansancio, que recorre hasta sus manos, quiso acercarse, pero antes de hacer movimiento alguno Elecasta recoge una de las hachas de batalla que tenía cerca lo lanza hacia Astor y grita:

-¡Te mueves y la próxima si acertaré!

-¡Está bi-bien! ¡Lo-lo si-siento! Pero no lo lances ¿si? – Avanzando lentamente hacia ella mirándola fijamente y con un nudo en su garganta-.

- ¿Qué haces aquí Astor? ¡Deberías estar con tu padre el rey!

- B-bueno la-la verdad es-que no es mi padre, me recogieron cu-cuando bebé, ¿P-pero es-estoy a-aquí n-no?

-No lo sabía –Responde Elecasta bajando el hacha.

-Mira lo s-siento pero m-mejor m-me voy adiós.- corre hacia la entrada del reino en donde se siente un poco mejor.

 Luego de ese extraño lanzamiento de palabras que no alcanzó para una conversación normal llega al comedor real donde el Rey Wulfgar lanza un grito estrepitoso:

-¡Ahí estás!, ¡¿dónde te habíais metido muchacho?! –un poco preocupado-.

-Me atrasé, lo siento, no volverá a suceder, te lo prometo.

-Más os vale muchacho –Gesticulando una sonrisa en su negruzca barba cerrando los ojos.

-Ven Astor, entrenasteis mucho y has logrado buen avance –Replica Frodnar.

-¿Enserio?-Deja de comer y mirando a su padre, Wilhelm, hermano de Astor y descendiente al trono de Rodgar.

-¿Podríamos decir que la próxima vez que hagamos el viaje a los pantanos de Adovarost y pillar algunos orcos a la próxima luna menguante puede venir con nosotros? –Mirando a Astor quien se entusiasma con la idea.

-No lo sé. –Sin parar de comer y tomando un paño para limpiarse su bigote le pregunta a Frodnar.

-¿Está listo? –se detiene de comer y mirando fijamente a Frodnar esperando que dé un veredicto y acatarlo a pesar de que los reyes son los que dan el veredicto.

-Eh. –Mirando de reojo al rey, sigue comiendo, luego de percatarse de que la pregunta fue en serio deja de comer, se demora en responder, sabe que su respuesta en cierto modo va a dar la efectividad de su entrenamiento y que si fallara no sería perdonado, agarra un paño para limpiarse, tose y responde pareciendo ser bien conciso y que no le juegue una mala pasada, ni a él ni a Astor:

-Mire señor, la verdad es que su resistencia ha mejorado bastante, sus reflejos se han agudizados y su habilidad con la espada ha aumentado, se nota que es de un linaje de guerreros, pero no está listo para una hazaña tan peligrosa, lo siento chico.

-Si es muy riesgosa y hasta tengo dudas que Wilhelm vaya. –Restregando la cabeza de Wilhelm.

 Astor desilusionado con tal respuesta bota una copa de vino y se larga a su habitación. Se escucha un silencio en la mesa y observando a Astor, Wulfgar baja el perfil a la escena:

-Sólo está enojado, es comprensible.

Historias de Zuriel;             La Espada de Ilúminem¡Lee esta historia GRATIS!