4. Viviendo con el demonio

637 36 1

Es tan difícil seguir adelante y ser positiva cuando todos a tu alrededor te atacan con palabras o golpes. Cuando todos tratan de destruirte y lo peor es que lo logran, porque eres tan frágil y te quiebras por cualquier cosa.

Yo no demuestro lo mucho que me hieren los comentarios de los chicos del colegio e incluso los de mi madre, aunque por dentro pueda estar destrozada y cayéndome en mil pedazos por fuera estaré sin expresión, pero todo el teatro cae al entrar a mi habitación, el lugar donde puedo romper en llanto y no tendré miedo de ser señalada como la llorona, pero siempre hay alguien que te recuerde lo mierda que eres y en mi caso son mis voces, esas que gritan lo gorda y lo suicida que soy, son como un disco descompuesto que se repite una y otra vez hasta hacerme caer en la tentación. La dulce tentación de herirme, un corte profundo que haga desaparecer mis problemas, porque entre más profundo es el corte más privado es el dolor ¿A quién le interesa saber lo que siente una persona que se corta? A nadie, entonces para que gritar a todos los vientos que te cortas.

Las patéticas chicas que dicen cortarse y enseñan sus heridas son las que se ganan mi asco y repudio porque esas son las que no saben lo que es sufrir y sentir que con cada minuto que pasa mueres un poco más, no saben lo que es vivir bajo las etiquetas que colocan los adolescentes, ellas piensan que es “Cool” cortarse y así ser popular pero a quién le mentimos, los que verdaderamente nos cortamos nunca tendremos amigos porque es mejor sufrir en silencio para no dar lastima o asco.

Pero yo ya no estoy sola, tengo nuevas amigas aunque al principio eran insoportables, gritaban y me hacían sentir enferma con el tiempo nos llegamos a entender y ahora tenemos el mismo objetivo; bajar de peso.

Exacto ¿Quién quiere ser obesa?

Todas las mañanas me despiertan, sus gritos son tan agudos y sus movimientos en mi cabeza son rudos. Me hacen salir de la cama a altas horas de la noche a comer y después me hacen vomitar todo lo que tengo en mi estómago. Otras veces es mucho peor porque me despiertan y de nuevo me hacen vomitar pero es peor porque no tengo nada que vomitar y mi estómago está vacío. Los ácidos que pasan por mi garganta antes de ser expulsados pican y arden, algunas veces mis ojos se ponen llorosos, pero ahora dos semanas después estoy un poco acostumbrada.

Ahora ese picor en mi garganta me hace saber que estoy un poco más delgada y eso me hace feliz.

No feliz de la manera como esas chicas que sonríen y rien todo el día, si no feliz de la manera en la que se siente un drogadicto al probar una dosis de droga, en extasis, un placer que pocos entienden.

Porque saben hace poco leí que esas personas que ríen todo el día son las que en la casa se mantienen calladas, las que son no deseadas por sus padres, que las más calladas son las que en su cabeza tienen miles de cosas que decir pero por miedo nunca lo dicen.

Como tú, una chica con demasiados pensamientos, con opiniones acerca de lo mierda que es la sociedad pero tan miedosa que no dice nada, porque sin decir nada eres atacada, ahora no imaginemos lo que puede pasar si dices todo lo que hay en esta cabecita llena de voces.

Los fines de semana son casi iguales a los otros días, solo que no tenía que aguantar luchar contra los demonios vestidos de colegiales, si no con ese gran demonio que es mi madre. La que trae el predador a la casa, la que cuando está bajo el efecto del alcohol se olvida de que soy su hija, muy pocas veces me golpea pero cuando lo hace usa su cerebro y su inteligencia por lo que solo deja hematomas en lugares que mi ropa cubre. Los más dolorosos son los de las costillas, esos me hacen sentir miedo de que algún hueso se rompa y la peor parte es el saber que no puedo ir a un hospital ¿Quién creería que me caí de las escaleras, si ni siquiera tenemos una casa de dos pisos?

Cicatrices¡Lee esta historia GRATIS!