Capitulo 1: "Pinturas sin Color"

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−Presente… −Sus ojos aburridos y su semblante adormilado típicos de un martes le daban paso a la mañana de un inusualmente gris viernes, con altas probabilidades de que un “nada especial sucederá” y una llovizna pasajera que luego se convertirá en una clara lluvia –y quizás depresión– torrencial, caigan sobre su estado de ánimo. 

 Su boca, no muy diferente al trazo de una línea recta proveniente de un aficionado al dibujo, solo quería decir una sola cosa: “solo estoy aquí por la hora final”.

  Y quería que todos le escucharan claramente, como para no tener que repetirlo una vez más.

  Claro que, seguramente gracias a eso, luego perdería mucho más que la hora final, también perdería el preciado tiempo que malgastaba a voluntad entre regaños y reclamos de profesores. 

 Posiblemente también se aproxime un “nada bueno pasa, como siempre” para el tiempo del siguiente par de días.

 −Tarde de vuelta, *Koishimo-kun, espero que tenga motivos razonables para faltar únicamente a mi clase. −Hablaba con el típico tono nada sorprendido por un típico alumno más del que nunca se podría esperar mucho.  

−Espero que pensar en estar en un lugar mucho mejor que su clase y al final no poder encontrarlo sea un motivo razonable, *Sensei. −Y él le miró con lo único que no hacía falta que se pronostique.

 “En serio, no me jodas. No es el día, y mucho menos la vida, para eso” 

 Varias risas contenidas resonaron entre las antes cuatro inundadas paredes de silencio.

 Sí, como siempre, tomaban sus palabras y su manera fulminar gente con los ojos de una forma sumamente seria. 

 –Siéntese. Y si eso es lo que piensa, la próxima vez no se moleste en siquiera aparecer.

  El molesto presentimiento de que si seguía hablando algo sermoneántemente largo le haría perder la mañana, y quizás también parte de la tarde, hizo que solamente soltara un suave suspiro y caminara con desgano hacia uno de los asientos restantes. 

 La siguiente hora y media no fue más que su mano izquierda acunando su cara mientras que su mano derecha trabajaba en un intento de boceto líneas y puntos no definidos. Lo único claro y bien delineado allí era el margen de aquella hoja cuadriculada, estaba repleta de trazos que bien podrían ser parte del bordado de una carta formal, o de un cartel aleatorio que nadie vería. Otra blanca víctima de la falta de inspiración.

 No tenía a nadie a quien hablarle, tampoco es que quisiera hacerlo. Puede que siga malgastando su tiempo, pero al menos quería ser él quien elija malgastarlo.

 Y no tenía deseos de compartir. Para nada. 

 El idiota de Hiroki había faltado, probablemente a pedido de su padre. Sin él molestando no había nadie a quien responderle ni posteriormente distraerse. El tipo que entabla largas conversaciones con cualquier tipo de gente, partiendo desde una insignificante pregunta trivial o desde un simple saludo de cortesía, posiblemente estaría dándoselas de atento hacia las lecciones de vida y trabajo de su adinerado padre. 

 Su mueca de poca importancia cambió a la curva de una sonrisa y volvió a su lugar con el tiempo de un parpadeo. Sí, lo único que le envidiaba a su molesto amigo era que por lo menos los sermones de su adinerado padre eran más interesantes a comparación de los de su adinerado padre. 

 Podía descartarle importancia a todo lo otro sin más. Tal vez, porque se conocía.

 Y si se conocía tan acertadamente era porque a la distancia –quizás a sólo unos metros– se notaba por su semblante que no era del tipo de persona que se molesta para hablar sobre trivialidades y formalidades. Tampoco de los que admiran y alagan a gente de cursos superiores, o se empeñan en ayudar a cursos inferiores sólo por conocer gente amable con quien conversar y amigarse. 

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