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Pen Your Pride

Sofia

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Esta es mi primera novela, espero que os gustee y agradeceria mucho si comentaseis algo que mejorar, vuestra opinión o si os gustó
Hago followback!!
Y muchas graciaaaas


Se sabía de memoria la posición de los arboles, los nombres escritos y las caras de las personas que iban.

El cielo se tenía de colores anaranjados, su pelo castaño con reflejos rubios se dejaba acariciar por la suave brisa de ese día. La chica dejó las flores sobre la tumba, ya hacían tres años de la muerte de su amigo, aun recordaba todos sus gestos con todo detalle, su manera de sonreír y sus miradas cálidas, sus ojos verdes soñadores y su pelo castaño siempre alborotado

-Hoy hicimos el examen al fin.. - dijo la chica de rodillas y con las manos juntas- ya se que siempre digo que me salió mal y apruebo pero echo de menos que tu me lo digas -suspiró- ojalá siguieras aquí, no sabes lo que daría por verte de nuevo..

-tras un silencio, la chica dijo casi llorando- después del accidente no pensaba que se me fuera a hacer costumbre venir aquí un rato cada día.. Supongo que se me habrá quedado la dulce manía de echarte de menos - dijo con una amarga sonrisa

Volvió a casa a ritmo ligero. Siempre le había gustado su casa, con un precioso jardín, perros y de estilo moderno.

Llamó al timbre y salieron a recibirle su husky y el caniche enano.

Entró por la puerta de casa y salió Lucía a recibirla, su hermana chica por seis años.

-Holaaa, ¿Qué tal? ¿Cómo te salió te examen? ¿Viste hoy a Clara? - mientras que la hermana la acribillaba a preguntas, ella miró hacia arriba como si de repente el techo tuviera algo para pasar de ella -ayy que no pases de miii - dijo mientras se abrazó a una de las piernas de la hermana impidiendo que se moviera mucho. Al poco rato de estar jugando con la hermana entró la madre en la habitación con gesto preocupado.

-¿Dónde estabas?- dijo sabiendo la respuesta -haciendo un trabajo en casa de Clara- soltó Sofía evitando mirarla a los ojos -mientes, te ha visto la vecina y me ha dicho que has vuelto - dijo con tono resignado - No deberías prohibirme ir mamá, es decisión mía...

-ya sabes que no me hace ninguna gracia que vayas al cementerio, deberías disfrutar con los vivos... Ya se que te afectó mucho lo de Marcos, pero es cosa del pasado.

-pero yo pien-

-¡Basta! -le interrumpió la madre- Como vuelvas a ir te la vas a ganar, a este paso voy a tener que llamar a un psicólogo o algo. Vete, estas castigada sin cenar

Sofía subió indignada las escaleras y se tumbó en la cama

-¿Por qué es tan difícil de entender? - dirigió una mirada hacia el corcho de su pared, estaba decorado con fotos, con etiquetas de ropa que se había comprado y con varios dibujos pintados por ella a pincel, además de algun que otro texto que le había escrito Clara.

Tras varias horas sin lograr concebir el sueño se quedó dormida.

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-Hacia tiempo que no te veía, se te echaba de menos, ¿Qué tal?-susurró Marcos

-Es un sueño ¿no?- preguntó con una amarga sonrisa

-Quién sabe- dijo mientras sonreía, delatando ese oyuelo que tenia a la derecha

-Has crecido mucho desde lo que ocurrió- añadió pensativo mientras que la miraba con sus alegres ojos verdes

De repente, la imagen del chico se volvió difusa hasta desaparecer y sintió como ella misma pasaba por la muerte de su amigo.

A la mañana siguiente ya era sábado. Sofía se quedó un rato en la cama semidespierta, como de costumbre y luego se levantó perezosamente.

Bajó a desayunar, en la comida, pese a los intentos de Lucía no dijo ni una palabra y no desvió la mirada de la tostada.

-Oye estas muy poco habladora hoy- dijo el padre en un intento de animarla- ¿Que ha pasado?

-Adivina -sugirió la madre

-Ooh entiendo.. Quizás deberías dejarla, no se, es su decisión al fin y al cabo - la madre soltó una mirada asesina y a la hermana pequeña se le escapó una risita de la tensión.

La chica regresó a su cuarto tras intentar no reírse por las tonterías de su padre sin logro.

Se arregló rápidamente, había quedado con Clara esa mañana. Antes de abandonar el cuarto miró el espejo, vió reflejada a una chica de dieciséis años, nunca había sido de las altas de la clase pero no le importaba. Sus ojos, de tonalidad azules eran lo que mas le gustaba de ella, y con motivos de sobra, esos ojos enamoraban a cualquiera. Había dejado crecer su pelo quizás demasiado y ya casi le llegaba por el ombligo, se mantenía lacio y decidió echarlo todo a un lado.

Salió de casa y decidió pasarse unos minutos antes de ver a su amiga visitando el cementerio.

Estaba lleno de verde, arboles y flores por todas partes, parecía como sacado de un cuento, quitando el hecho de que había tumbas. Se acercó a la de Marcos, estaba escrita en piedra blanca, dolía pensar lo poco que había vivido el alegre muchacho. La acarició suavemente, aun conservaba las flores de ayer en buen estado. Era un ramo pequeño de dalias, de color purpura y blanco, su flor preferida de la guardería y la que llevaba poniendo allí desde su muerte.

Salió del sitio, mientras que bajaba las escaleras para ir al encuentro de su amiga en el centro de la ciudad. Sabía cuantos escalones había de memoria, 40 y con cierto desnivel entre cada uno. Estaba en la parte alta de la ciudad, cerca había un mirador con unas vistas preciosas. Empezó la cuenta abajo: 39, 38, 37... Observó uno de los árboles que la rodeaban, le recordó a cuando Marcos y ella trepaban de pequeños, siempre habían sido muy hábiles en todo. Siguió bajando escalones distraída en sus pensamientos y en su intento de llegar al vigésimo escalón cayó.

La cuarta puerta.¡Lee esta historia GRATIS!