Capitulo-4

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Una vez me fui de allí, me dirigí hacia mi casa vigilando bien mis espaldas, no quería volver a tener otro numerito con aquel personaje digno de película.

-¿Qué hacés por acá? Parece como si hubieras matado a alguien - dijo Alex sonriendo.

-Te equivocas, a la que intentan matar es a mí - me defendí.

-¿Y eso? ¿qué pasó? - preguntó con cara preocupada.

Sonreí embobada como una tonta mientras se dirigía hacia mí.

-Bueno no te preocupes, es más como un acosador personal - le tranquilicé.

-Oh vaya, las minas tan bonitas como vos siempre tienen uno - se burló.

-Sí...pero tengo miedo - dramaticé - me acompañas a casa.

Se me quedó mirando fijamemte a los ojos, yo tragué nerviosa.

-Por supuesto - contestó finalmente agarrando mi mano.

Andamos hasta mi piso, me negué a soltar su mano.

-Ah - me quejé agarrando mi estómago.

-¿Qué ocurrió? - se sobresaltó él.

-Tengo hambre - dije sonriendole a la vez que me incorporaba para poder mirarlo.

Comenzó a reír como un loco, me avergoncé un poco pero no le culpo.

-¿Qué querés que haga? - se inclinó a mi cara.

-Darme de comer - dije atontada, se alejó un poco y siguió riendo - quiero decir, tú trabajas en un restaurante italiano, hazme algo de comer.

-Bueno yo no trabajo en la cocina, pero sí que aprendí algo - confesó.

-¿Entonces? - pregunté dudosa a la vez que mordía mi labio.

-Entonces...¿a qué esperás para invitarme a pasar?

-Oh cierto - reí y abrí la puerta, subimos hasta mi piso y le invité a pasar.

-Bonita casa - susurró, su cumplido sonaba algo raro.

Entré y ví toda mi casa patas arriba, la ventana sin cortina y la barra en el suelo, la lámpara destrozada, se me había olvidado limpiar, las cosas habían ido tan rápido. Parecía que había hecho una fiesta salvaje en ella.

-Eso...tuve algunos problemillas hoy - argumenté nerviosa - allí - señalé la cocina intentando cambiar de tema - es toda tuya, yo voy a ordenar esto un poco.

Me puse a recoger los pedazos de aquella preciosa lámpara, que me había costado un ojo de la cara en una boutique de francia, el alma se me caía y se me volvía a caer con cada trozo que tiraba a la basura. Intenté encajar los trozos "no, no se puede pegar" me mentalicé. Miré de reojo a Alex con uno de mis delantales, era impresionante como se movía en mi cocina, sí en mi cocina me volví a repetir.

Recordé la primera vez que lo había conocido, yo tenía dieciseis años, venía todos los años aquí de vacaciones con mis padres y encontrar aquel restaurante fue lo mejor que me pasó en todas ellas, él con su acento dulce y bonito me conquistó en un parpadear de ojos, desde entonces todos los años insistía en volver, provocando así mis encontronazos con Alex, me quedé tan prendida que me vine aquí incluso a estudiar.

-La comida está lista - llamó mi atención.

-Ya voy.

Nos sentamos en el sofá que tenía en medio de la casa, él colocó el plato de spaguetis en la mesa baja que se encontraba delante nuestra.

-A comer - adjudicó, metiendo su tenedor en el plato y enrollando un puñado de spaguetis- provalo primero.

Me tendió su tenedor, yo abrí mi boca indicando que me diera de comer, él sonrió y accedió, llevando su tenedor hacia ella.

-Delicioso - le alabé, la verdad era que estaba buenisimo.

Tardamos muy poco en comernos el plato entero y nose como terminamos dándonos de comer mutuamente.

-Tenés algo en el labio - susurró acercándose a mí, el corazón empezó a latirme a mil por hora, paralizada en el sitio "toc- toc, toc-toc"

Entonces el timbre sonó haciendo añicos toda esperanza de un esperado beso, maldije para mis adentros, las entrañas se me revolvían. Nos quedamos mirandonos, el timbre no paraba de sonar.

-Sera mejor que vaya a abrir - le dije, lamentando profundamente mis palabras.

Con pesadez me dirigí hacia ella.

-Servicio de mantenimiento - dijo un hombre vestido con un mono azul y una gorra del mismo color.

-¿Servicio de mantenimiento? yo

no he llamado a ningún sitio, debe de haberse confundido de puerta - dije extrañada.

-No señorita le aseguro que es aquí, alguien informó de daños sufridos, me temo que debo revisar la casa entera.

-¿La casa entera? ¿en estos momentos? - me quejé.

-Así es - me respondió, no se le veía bien la cara a causa de la gorra.

-Tranquila, yo ya me iba, espero que soluciones el problema con tu casa - dijo Alex dirigiendose a la puerta - nos vemos en otra ocasión.

-Claro, en otra ocasión... - me despedí en contra de mi voluntad de él, dándole un beso en la mejilla.

-¿Cuál es ese problema que debe mirar? - me giré hablando al hombre del mantenimiento.

-Me han avisado de que hoy un pececillo se coló en su bañera - dijo quitándose la gorra - pero creo que ese pez que se acaba de ir, es una amenaza más grande.

No podía ser, no de nuevo, ¿es que nunca desistía?

-¿Por qué estás aquí? - grité enfadada.

-Acaso pensabas que ¿iba a permitirte que te besaras con aquel sujeto?

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