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Pen Your Pride

- Caden Mendler- “Por supuesto, hijo del comandante Mendler” pensó la castaña.
- Hasta luego Caden.
- Adiós Jones. –La llamo por su apellido.

Se habían conocido en una fiesta para celebrar a los soldados, donde ambos fueron presentados por sus padres, como pudo olvidarlo.
Relámpagos, es una noche fría y desamparada. La respiración de Elizabeth suena entrecortada con cada paso que da, las puertas del hospital se abren y ella entra con las botas sucias por el lodo. Se siente tan débil, como un pétalo de flor. Sube por las escaleras a toda prisa, esta acción la hace tropezar, dejándola inconsciente en el ultimo escalón.
Antes de que ella entrara su padre la vio entrar por la puerta, la vio bastante preocupada por lo que la quiso seguirla pero Elizabeth iba a otro paso donde no logro alcanzarla. La vio ahí tirada con una mano en su rostro y la otra en el suelo, la tomo en sus brazos y la llevo con una enfermera. Tenía una herida en la frente.

Después de una hora ella despertó, se llevo la mano a la cabeza. Sintió hilo en su frente. Tenía cosida la parte del golpe. Parpadeo un par de veces hasta ver a la normalidad, observo a su padre de pie junto a ella.
-Creo que es hora de irnos a casa. –Le dijo el comandante Jones. Elizabeth se paro muy rápido haciendo que su cabeza ardiera de dolor. –El vuelo sale en 5 horas, te espero ahí 3 horas antes del vuelo. –Salió del hospital dejándola sola. En ocasiones su padre es muy frio con ella. Hay momentos donde  estaba harta de sus emociones. Se pregunta qué es lo que tiene, que es lo que lo hizo tan oscuro y autónomo. Si tan solo su madre aun estuviera aquí, el sería diferente. 

Estaba tan indesisa, entre despedirse de Ryan o simplemente adelantar su vuelo. La última alternativa la haría ver como una cobarde, se vería muy estúpida. Así que optaría por despedirse.

Entro a la habitación sin emociones. Ryan la vio muy seria y distraída. 
- ¿Sucede algo? –Le pregunto, ella seguía con la cabeza abajo. La levantando suavemente cuando estaba junto a él, las mejillas mojadas y los ojos llorosos. Lo tomo de las manos, se limpio las lágrimas, esto tenía que ser serio.
-Tu….abuelo está muerto. –Lo dijo en un susurro, lentamente. La mirada de Ryan se apago, sus ojos ya tenían esa “chispa” de antes. Le soltó las manos bruscamente, ella se quedo observándolo. Mientras seguía en silencio.
-¡MALDITA SEA! -Elizabeth se sobresalto un poco, se asusto. -¡Que voy a hacer ahora! Se lo prometí. –El ojiazul se llevo las manos a la cabeza con el ceno fruncido. Estaba muy enojado con el mismo. 
- Yo estoy aquí contigo, ahora y siempre. –Le acaricio la espalda en forma de comprensión. –No es tu culpa. –Le dijo.

-No me dejes nunca Elizabeth, por favor. –Le dijo sollozando. Los ojos de la castaña se abrieron como platos, se sintió de mil maneras.
- No planeo hacerlo.
- Déjame protegerte. –Ryan buscaba sus manos y las tomo. Busco sus ojos, implorándole aceptar su petición. Ella le beso los nudillos con sus finos labios. ¿Eso era un sí?
- Dejare hacerme lo que desees. –Y lo abrazo tan fuerte para hacerle saber que ella lo comprendía. Que ella estaba con él. Y que ella lo amaba.

Saco de su bolsillo izquierdo las pertenencias del difunto, las vio unos segundos y luego volvió a verlo a él esperaba no causar emociones.
- Ten, esto era de él. - se los puso en sus dos manos nerviosa y él le sonrió.
- Gracias, has hecho mucho por mí. –Dijo un poco avergonzado, tomo las cosas y las puso sobre un pequeño mueble a su costado. Volvió a verse con ella, Elizabeth abrió la boca para hablar.
- Si. Yo vengo a despedirme de ti, es hora de irme. Mi vuelo a Texas es en unas horas y aun no empaco. –Termino torciendo sus labios. –El ataúd llegara a Texas en 3 días. –Se le cruzo un recuerdo a Ryan, que desapareció rápido. Tenía tantas cosas que asimilar.
- ¿Sabes cuando volveré? Ya no soporto estar aquí, es muy detestable. –Dijo haciendo una mueca de disgusto.
- Me imagino. Según el doctor mañana serás trasladado a primera hora. 
- Bueno, no quiero demorarte. –La beso cortamente. Ella paro para partir pero antes tomo su rostro entre sus manos y le beso la frente.
- Te veo luego. –Salió de ahí dejándolo solo.
Ryan observo con resentimientos las pertenencias de su difunto abuelo. La chica de la fotografía era su abuela, la echaba de menos. Leyó el reverso hacerlo sentir tan….culpable. Esas palabras no dejaban de pasearse por si mente una tras otra. “Yo cuidare de ti, tu cuida de los demás”. Este mensaje le hizo pensar tantas cosas. 
Desdoblo la hoja de papel dirigida a él. Con un nudo en la garganta y una culpa tan grande la leyó.

Hijo mío

Como sabrás mi tiempo se agota, cada día que pasa tengo miedo. Miedo de dejarlos solos a tu madre y a ti.
Quiero agradecerte desde mis adentros todo lo que has hecho por mí, por acompañarme a esta lucha y por cuidar de mí. Lo más probable es que leas esta carta cuando yo esté muerto, por eso quiero pedirte un favor. Cuida a tu madre como yo cuide de ustedes, y a esa chica que tanto quieres, Elizabeth. No la dejes ir, es especial y sé que te hará muy feliz.

Eres un adulto y sé que podrás con esta carga, es una responsabilidad muy grande proteger a las personas que amas pero con el tiempo uno mismo aprende.
Esto pronto acabara, y me queda decirte por ultimo que estoy muy orgulloso de ti, al igual que tu difunto padre lo esta.

Tu abuelo.


Leer aquella carta de su abuelo significaba mucho para el. Siempre había sido una persona muy fuerte, emocionalmente. Pronto se iría a casa con su madre, pero ¿Y Elizabeth? Tenía que saber si esto iba en serio. Su posición económica era moderada, el gobierno los mantendría toda la vida por su participación en el batallón. Con ello podria mantenerlas a ambas.
Pero había un problema, ahora era un soldado. ¿Y si lo llamaban para asistir a campos de concentración? ¿Campamentos? O ¿Misiones? Su obligación seria ir con ellos. Se preguntaba que pasaría después de todo esto. Lo único que tendría que hacer seria esperar.

Soldado De Amor¡Lee esta historia GRATIS!