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Pen Your Pride

Sabe... raro, amargo. La trago haciendo cara como si hubiera lamido un limón. Thomas me mira y se ríe.
—¡Es asquerosa!—digo limpiándome la boca y Thomas sigue riendo aún. Parece que va a llorar.
—No lo es. Sólo debes acostumbrarte al sabor. Prometo que si bebes esa botella entera luego, si bebes, te encantará—me asegura.vYo miro la botella nerviosamente.
—"Bébeme"—una voz en mi cabeza me habla, como si fuera la botella. Aprieto los párpados y me la llevo a los labios. Le doy un trago largo sin pensarlo dos veces.
—Perfecto—me dice Thomas y noto que aún esconde una risa entre las palabras. La trago y siento como si me raspara la garganta. ¿Ya qué? Al fin y al cabo debo probar alguna vez. Aunque no me esperaba que fuera a los quince años. Luego de un rato me la termino.
—Okay eso... eso fue... ¡grandioso!—digo y Thomas ríe. Me siento genial ahora que la bebí. Ni idea de porque, pero me siento genial.
—Genial. Creo que suficiente por hoy ¿Dónde  queda tu casa?—pregunta.
Le indico adonde y arranca el coche. Mientras vamos me comienzo a sentir mareada.
Me rió de nada y todo me da vueltas.
—OK, la próxima vez cerveza NO. —dice Thomas y yo carcajeo exageradamente.
La cerveza me pegó fuerte, ya que es mi primera vez.
—Esto fue ¡genial!—digo riendo. Thomas se ríe. Obviamente no estoy concierte de lo que digo.
—Estoy taaan sola. ¡Y me vale verga! Woaaaah. ¡DIOS! ¡ERES TAN LINDO!—grito arrastrando las palabras y riendo. Thomas me mira y niega con la cabeza riéndose como diciendo "estas loca". Esto es lo último que recuerdo. Su risa, mi risa y su coche. Luego todo se torna borroso y negro.

Mi cabeza me está por explotar. Me duele mucho. La jaqueca, obviamente. Abro los ojos y veo que estoy acostada. Pero ¿en dónde? Huelo olor a cigarrillo y cerveza. Arrugo la nariz ya que es medio repugnante el olor. Me incorporo y me rasco la cabeza. Miro a mi alrededor confundida. A mi lado hay una mesita de luz con un velador y mi móvil.
Frente a mí hay una radio en un escritorio. Las paredes parecen viejas, el piso es de madera y a mi lado esta Thomas durmiendo. Lo veo. Respira tranquilo, como si soñara con algo que ama. No me asusto. Sé que debo de estar en su casa. El anoche me cuidó así que no le temo a la idea de haber dormido aquí. Además, tengo mi ropa puesta. Eso significa que no me pasó lo que a Chelsea Jones le pasó pero voluntariamente. Me levanto y busco el baño. Salgo de la habitación y me encuentro con un pasillo. A cinco pasos adelante hay una puerta a la derecha. Camino hacia ella y la abro. Es el baño. Cierro la puerta sin hacer ruido y abro el grifo de el agua fría. Me lavo la cara y me seco con la toalla. La toalla tiene su olor. Cuando lo besé sentí su olor natural. Es agradable. Me miro al espejo. Me veo... como recién levantada. Mi cabello azul esta lacio y largo como siempre.
—Ugh—digo al verme. Odio verme al maldito espejo porque lo único que consigo es deprimirme. Salgo del baño y camino por el corredor hacia la habitación de Thomas. Entro y lo veo. Esta sentado con su móvil.
—Hola—le digo y me siento a su lado en la cama.
—Hola— me dice y me mira con picardia. Se me acerca mas de lo que debería. Me río y le pongo mi mano en su delgado hombro. Pero cuando está a pocos centímetros corro la cara y me besa la mejilla.
—Capilla tus dientes antes, por favor —le  digo carcajeando. Él se levanta de mala gana, va al baño y al rato vuelve. Se me acerca y susurra en mi oído:
—¿Ya está bien?—pasa su boca de mi oído a mis labios. Ahora sí. Yo no tengo mal aliento ya que estoy mascando chicle. Me besa un momento largo y lo fulmino con la mirada.
—Recuerda que somos novios, Sky —me dice levantando las cejas una y otra vez —No pasa nada si ninguno de los dos se enamora—me dice y le golpeo el hombro.
—Okay. Eso jamás pasará—es verdad. Y no sé porque le pedí que saliéramos cuando podíamos ser sólo amigos pero bueno. No lo sé. Así es mas divertido supongo.
— Sky, sólo prométeme una cosa — me dice serio.
—Claro— le contesto asintiendo y apretando los labios.
—vEsto de ser "novios" queda entre nosotros. No puedes decírselo a nadie puesto que al ser diez años mas grande me van a encerrar por pedofilia o algo—intento contener la risa. Thomas se ríe conmigo
—Entiendo. Sí, claro. No lo diré. Además, ¿a quien le diría? ¿A Keita?—él carcajea.
— Claro. Pero igual, nada a nadie.

Tears of Heaven © Thomas Sangster¡Lee esta historia GRATIS!