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Llegué a casa. No me dio tiempo a pensar en lo sucedido. No había nadie, pase por el cuarto de mis hermanos, la puerta estaba abierta al igual que los armarios y cajones. La habitación de mis padres estaba igual, solo que la ropa de mi madre seguía allí, solo faltaba las cosas de mi padre.

Miré el móvil y tenía decenas de llamadas pérdidas de mis padres, mi madre me volvía a llamar.

-¿Qué pasa?- dije al descolgar.

-¿Has visto como esta la casa eh?- oía a mi madre llorar, le costaba respirar.

-Mamá, tranquilizate, no lo entiendo.

-Ni yo Julia, estoy en la comisaría para...- seguía hablando pero ya había dejado de escuchar.

-Mamá- le corté- mamá.

-Si.

-Calmate.

-Luego hablamos- colgó.

Miré la pantalla del móvil, Héctor, Carlos, Aitana, Lucía, Mireia... me habían hablado. Demasiada gente. Números desconocidos se unían a esa lista, ninguno de ellos con palabras bonitas.

No sé quienes eran, o al menos no los recordaba. Miré la foto de perfil de algunos, eran de mi antiguo instituto y por alguna razón habían conseguido mi número, joder no, hoy no era el día.

Ni si quiera conteste, no era la primera vez que me llegaba un mensaje de esos, pero ¿tantos a la vez? Tampoco veía ya raro llamadas perdidas de números ocultos.

Leí el mensaje de Héctor:

'Te quiero, se que nunca te he echo el caso que merecias pero te quiero.'

¿ME TOMABA EL PELO VERDAD?

Leí el de Carlos:

'Necesito hablar contigo, sé que soy pesado pero no puedo con la duda de porque dices que no te conozco ni te quiero.'

JO-DER

Mireia ahora formaba parte del grupo de Aitana, Lu y yo.

No leí todos sus mensajes, no quería, habían demasiados y estaba harta.

'Carlos: no me conoces, ni tu ni nadie. No creo ni que llegara a conocerme a mi misma pero lo que si llegué a saber es que esto, el poco tiempo de nosotros me encantó pero no se si era una farsa o la realidad. Mi felicidad siempre ha sido una ilusión y te conozco lo suficiente como para saber que mereces la felicidad de verdad.
Te quiero, espero que no lo olvides'

La doble y puse el nombre. Cogí otra hoja

'Aitana y Lu: os quiero y no creo que os pueda contar en una carta algo que no haya dicho ya. Mi historia supongo que va más bien en la carta que escribí hace dos años. Os prometo que fuisteis buenas amigas, de las mejores que pude encontrar y quienes me aceptaron nada más llegar, esto no es vuestra culpa. Sois quienes me habéis mantenido e pie hasta hoy, hasta un huracán puede derribar el árbol más fuerte.
No me echéis de menos, no creo que alguien como yo merezca ser recordado y, mucho menos que sufran por mi.
Os quiero mucho chicas, siempre lo haré.'

La volví a doblar y puse los nombres.

'Héctor y Mireia: no tenéis nada que ver entre vosotros pero os he visto de lejos y he visto las miradas mutuas que teníais. En serio Héctor, el quererme fue una ilusión y Mireia, poco hablamos y lo mucho que te conocí. Sé que haréis una buena pareja.'

Doble la hoja y volví a poner los nombres.

Cogí el último folio, sabía que debía darle una explicación a mis padres y esperar que la carta se la dieran cuando fueran más mayores a mis hermanos. Sabía que no me lo iba a perdonar no que iba a hacer, que mi madre me iba a necesitar más que nunca pero yo no aguantaba más, no pienso con claridad.

Cogí la caja, dejé la antigua carta sobre la mesa también. Roce con el filo de la cuchilla mi muñeca, fue la última vez que lo haría, pero no el último suspiro.

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