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 *Esta historia tiene innumerables faltas y fallos, puesto que cuando la escribí no dominaba bien la escritura. Ahora no dispongo de tiempo para editarla, pero, cuando me sea posible, lo haré. Gracias y discúlpenme.*

  A cada paso que daba su corazón se desbordaba entre latidos y palpiteos irregulares. El constante sonido de la lluvia resonaba en sus oídos incitándola a no pararse. Quería despertar, quería despertar en otra vida que no fuera la que estaba viviendo. Descubrió para su sorpresa que de aquella pesadilla no despertaría nunca. Lo último que la quedaba le había sido arrebatado y ahora; no le quedaba nada por lo que seguir luchando.

Los sonidos de la ciudad de noche la invadieron y recordó que se hayaba corriendo sin un destino concreto, simplemente con la intención de huir. Ni siquiera la lluvia la paró pues el frío del agua se le pegaba al cuerpo. Tan desorientada estaba que no vio el inmenso charco a sus pies y resbaló. Ya no le quedaban fuerzas por la fatiga para levantarse.

Como un golpe del destino, justo en ese instante, un grupo de amigos salió del local que había en frente. Charlaban de algún tema en concreto que ella no oyó. Solo un par de ojos del grupo se paró a mirarla. Unos ojos aguamarinos medio verdes medio azules. Que miraban con determinación una figura agazpada bajo la lluvia. En un acto relejo se acercó a ella abandonado a sus amigos.

-¡Eh Irwin!¿ A dónde vas?- dijo uno de ellos.

-Marchaos sin mí, nos vemos mañana.-declaró este

Irwin dejó que la lluvia lo golpeará y sin cubrirse apoyó una mano en el hombro de ella.

-¿Estas bien?

Esta jadeante levantó la mirada y se quedo atónita al reconocer al muchacho. Sin duda se trataba del flamante y apuesto Irwin Barkley. Un joven de sonrisa bonita y ojos de mar que meses atrás había conquistado los inocentes corazones de todas las chicas de su instituto. Había pasado medio año desde que las clases habían llegado a su fin. Irwin nunca, que esta supiese había mostrado el menor atisbo de interés hacia ella. Sin embargo, se había parado a ayudarla, ¿por qué?

-Estoy...estoy bien -respondió mintiendo.

Irwin no la creyó pues tenía un aspecto que mostraba con claridad que algo terrible la había sucedido. Aquella chica estaba pálida por el frío y con unas destacadas ojeras de no haber dormido. Llevaba puesta una sudadera empapada y colgaba de su hombro una mochila gris. Tenía el cabello negro largo pegado al rostro. En un lateral de sus pómulos había un moretón que señalaba una fuerte agresión. Pero lo que más centro su atención fueron los ojos de esta, del más divino púrpura oscuro que mirándolos directamente se apreciaban sus destellos y reflejos morados. Eran posiblemente los ojos más impresionantes que había visto.

-No parece que estés bien, deja que te ayude.

Irwin la ayudó a reincorporarse y cuando esta se levantó añadió no muy seguro:

-Te llamas Jenna ¿no?

-Jenna Nesmith -corrigió ella sorprendida de que alguien como Irwin supiera su nombre.

-Tienes mal aspecto deja que te invite a un café -ofreció cortés con la mirada fija en la cafetería de la esquina.

Jenna estuvo apunto de negarse pero necesitaba entrar en calor y no tenía a donde ir. Dejó que Irwin la guiará hasta una cafetería con un cartel flourescente que ponía: Best coffe. Al entrar tomaron asiento en unos de los sillones de piel granate entre los cuales se encontraba una mesa rectangular. Su asiento daba justo a la calle y podían ver a la gente y vehículos pasar bajo las luces de la ciudad. Ninguno habló hasta que una camarera rellenita y de color se acercó para atenderles.

Mil razones - (Sin editar)¡Lee esta historia GRATIS!