LOS ANGELES, CALIFORNIA
Jennie, soltó un suspiro cansado, mientras trataba de relajarse. Sin duda, esto era lo más loco que había hecho en toda su vida y esperaba que fuera la última vez.
Desde muy joven, había sentido una fuerte atracción por las carreras y en especial por las clandestinas. Sentir la adrenalina correr por tus venas, ante la idea de ser arrestado por la policía, sin duda era una sensación indescriptible. Había conocido "La Calle del Diablo" cuatro años atrás, con la ayuda de su mejor amigo, Jackson. Y desde entonces, visitaba el lugar de dos a tres veces a la semana. Ante los presentes, era conocida cómo la segunda mejor corredora de todos, y lo había sido hasta hace un día, cuando perdió ante Joshua.
Joshua Dickinson, era un hombre ambicioso y manipulador, que no dudaba un solo segundo el hacer trampa o causar daño, con tal de ganar y tener dinero. Siempre había tenido carreras con novatos que no apostaban más de dos mil dólares. Carreras, que sus sirvientes corrían por él, a cambio de algunos billetes. En el tiempo que llevaba corriendo en La Calle del Diablo, solo había corrido dos veces sus propias carreras. La primera, con Jackson, dónde había perdido cincuenta mil dólares y la segunda, con Jennie, a quien de manera sucia, le había logrado ganar veinticinco mil dólares.
Ahora, se encontraba dentro de su auto, completamente nerviosa. Nunca antes, había sentido miedo de perder una carrera cómo lo sentía ahora. Claro no era lo mismo perder dinero, que perder a una persona importante.
Aún le costaba creer que había aceptado la estúpida apuesta de Lisa y ella no había hecho nada para detenerla. Sabía que Lisa, podía ser algo extremista, pero no al grado de ofrecerse cómo un método de pago. Esto, había orillado a Jennie, a comprometerse 100% con la carrera y hacer cualquier cosa con tal de ganar. No estaba dispuesta a perder a Lisa y mucho menos a dejarla en las manos del asqueroso de Joshua. Sabía claramente para que la quería y solo pensar en sus sucias manos sobre el delicado cuerpo de Lisa, le provocaba náuseas.
— ¿A qué hora empieza la carrera?. —Jennie, salió de sus pensamientos, cuando escuchó a Lisa, hablar a su lado.
— En cuánto terminen de encender todos los botes de metal. —dijo la castaña, viendo cómo la calle cada vez se miraba más iluminada, gracias a las llamas de fuego que brotaban de los botes—. En el momento en que estén aquí, darán las indicaciones de la carrera.
Mientras hablaba, sus dedos golpeaban uno por uno, el volante, mostrando su nerviosismo. Lisa, al notar este acto, llevó una de sus manos al volante y la colocó sobre la mano de Jennie, haciendo que la chica frente al volante, girara y la viera directo a los ojos.
— No tienes por qué estar nerviosa. Lo harás bien. —dijo, tratando de tranquilizarla—. Yo confío en tí.
— ¿Qué pasa si pierdo?. —preguntó Jennie, mostrando en su expresión, el temor que le causaba el solo pensar en la posibilidad—. Yo no quiero dejarte con Joshua.
— Eso no va a pasar, porque tú no vas a perder. —la mano de Lisa que se encontraba libre, se alzó hasta lo alto de su rostro y con delicadeza acarició su mejilla—. Tú eres Jennie, el perder y demostrar que eres menos que alguien, no existe en tu vida. Siempre eres la mejor y lo seguirás siendo. Puede que ayer hayas perdido ante ese hombre, pero eso no significa que hoy sea igual. Tienes la oportunidad de demostrarle que siempre serás la mejor. Así que ve y pateale el trasero a ese idiota.
Jennie soltó una pequeña carcajada al oír la última frase de Lisa. Sin duda, estaba pasando mucho tiempo con ella y con Jisoo.
La seriedad volvió a ambas, cuando vieron los dos autos volver. De uno de ellos, bajó un chico bastante alto, con cabello largo y vestido con un abrigo negro lo suficientemente grande, cómo para cubrirlo de la pequeña llovizna, que había empezado a caer.
