DÍAS DESPUÉS
LOS ANGELES, CALIFORNIA
Eran exactamente la una de la tarde en la ciudad de Los Angeles. Una torrencial lluvia caía sobre la ciudad, haciendo que las personas dejaran de circular por las calles, y se quedara esperando hasta que la lluvia disminuyera. Cosa que Lisa creía muy poco probable, ya que hace unos minutos había empezado a llover.
Ella y Rosé, se encontraban caminando por los pasillos de la universidad, viendo cómo algunos chicos corrían bajo el agua, para ir por sus autos y regresar a casa. Mientras que otros, decidían mejor esperar a que la lluvia pasara, para poder hacerlo.
— Creo que hoy, tendrás mucho trabajo. —dijo Rosé, viendo a varios chicos ir con rumbo a la cafetería—. ¿No quieres que te ayude?.
— No es necesario, yo puedo con esto. —dijo Lisa, dándole una suave sonrisa—. Además, tienes que ir a la biblioteca para hacer el ensayo. Así que no pienso retrasarte.
— Bien, si no quieres, entonces no te voy a presionar. —Rosé se encogió de hombros y siguió caminando hasta llegar a la entrada de la cafetería. Se giró para ver a Lisa y le regaló una suave sonrisa—. Bueno, entonces nos vemos a las seis de la tarde. Suerte en el trabajo.
— Suerte en la biblioteca. —respondió Lisa antes de entrar a la cafetería. Rosé permaneció en el mismo lugar por algunos minutos y soltó un suspiro cuando vió a Jisoo con su uniforme de trabajo atendiendo las mesas de la cafetería.
Desde aquella trágica noche en que la había encontrado besandose con otra chica, Rosé decidió alejarse de Jisoo, por su propio bien. No podía seguir haciéndose más daño, imaginándose una historia con alguien que no la quería. Además, a Jisoo, parecía no importarle que Rosé se alejara de ella. Hasta parecía feliz con la idea de no tenerla cerca, pues de esa manera, podía llevar a casa, a sus amiguitas, cómo lo había estado haciendo todos estos días.
Rosé negó con su cabeza sacando a Jisoo de sus pensamientos y se alejó de la cafetería sin notar que un par de ojos la veían desde adentro con tristeza. Siguió caminando por el largo pasillo y una sonrisa genuina apareció en su rostro cuando llegó a la biblioteca.
— Hola Margot. —saludó con una sonrisa a la mujer mayor que cuidaba la biblioteca. Margot, levantó la mirada y le devolvió la sonrisa.
— Hola Rosé, un placer verte de nuevo. —le dijo volviendo su atención a los papeles frente a ella—. ¿Vienes a leer?.
— No, hoy vengo a hacer tarea. —dijo, haciendo que la mujer frente a ella hiciera una mueca, que le provocó una pequeña risa.
— Bueno, que te diviertas. —Margot dijo sin despegar la mirada de las hojas frente a ella.
— Gracias. —dijo Rosé, limitándose a asentir. Giró sobre sus pies y terminó de ingresar a la biblioteca. Siguió su camino hasta llegar al área de estudio, al estar vacío, no tuvo problema en dejar su mochila en una de las mesas mientras iba por el libro que necesitaría. Minutos después, volvió a su lugar con el libro en sus manos y tomó asiento empezando a leer.
Si había algo que Rosé amaba hacer, era leer y llenarse de nuevos conocimientos. Desde que había descubierto la biblioteca, se había vuelto su lugar favorito en toda la universidad. En el pasado había leído alguno que otro libro que Lisa, le prestaba; pero la mayoría eran historias románticas dónde se hablaba únicamente del amor y lo perfecto que podía llegar a ser. Cosa que no era cierto, era solo un engaño dónde hacían creer que el amor era correspondido, cuando era todo contrario. Es por eso, que en el momento en que descubrió los libros de historia y los libros de medicina, se había visto fascinada por ellos.
