Chapter Thirteen

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capítulo trece . . .
AMELIA GRANGER

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Amelia estaba pálida.

Luego de buscar alrededor de toda su habitación y no encontrar el juguete que Parkinson le había regalado, decidió bajar, encontrando a su amiga acomodada en el sillón mientras esperaban que Ron y Hermione comenzaran la reunión.

—¿Lo sacaste? —preguntó Amelia, en un susurro bajo mientras se sentaba a su lado.

Pansy la miró, alzando las cejas a la vez— Perdón, ¿qué?

—Que si lo sacaste —repitió ella.

—Sacar qué, Amelia.

—El maldito vibrador —rechisto.

Ella miró a su alrededor, tragando saliva mientras esperaba que nadie escuchara su conversación. No se preocupó demasiado cuando notó que todos los demás estaban nadando en sí mismos, así que volvió su mirada a Pansy.

—¿Por qué lo preguntas?

Amelia suspiró, apoyando su espalda en el respaldo del sillón— Desapareció.

Ella sintió que la azabache de acercaba, sus labios entreabiertos— ¿Lo perdiste? —exclamó, parpadeando rápidamente— Ames, ¿sabes lo caros que son?

—No —espetó—. No tengo la menor idea ni me interesa saberlo. No debí aceptarlo.

La azabache ignoró su tono de voz y apoyó su cabeza sobre el hombro de Amelia— Bien, simplemente no importa. Quizás está en algún lugar de tu habitación y no lo notaste.

—Es lo que espero —murmuró, tomando un almohadón para apoyarlo sobre sus piernas—. De todas maneras gracias...

Pansy alzó su rostro, mirándola a los ojos— ¿Por qué?

—Por ser mi amiga —respondió ella—. Se que todo lo que haces es por... ayudarme, y a veces me comporto como una estúpida contigo pero -

—Mm... —siseo ella, tomando su barbilla para girarla— No eres estúpida Ames, es solo que... no sé, no estás acostumbrada a esas cosas y yo soy algo... brusca en esos temas.

—Bien, no importa —cerró ella, rebosando su cabeza sobre la de Pansy—. Eres mi mejor amiga no podría reprocharte nada.

—Ni me lo digas...

Amelia no supo cuánto tiempo pasó sumergida en sus pensamientos, analizando sus movimientos del día en que Parkinson le había dado el regalo. Recordaba recibirlo, ir a su habitación y pensar en cómo deshacerse de él. Pero no había más imágenes. Su atención no se puso sobre el pequeño juguete negro desde ese entonces.

Cualquier pensamiento que comenzaba a formarse en su mente se evaporó cuando Draco llegó a la habitación. Hoy lucía diferente y Amelia no pudo quitarle los ojos de encima.

El traje color negro había quedado en el olvido y los tonos claros hicieron que su rostro brillara aún más.

Utilizaba un suéter color blanco con pequeñas decoraciones celestes que se ceñía a su cuerpo a la perfección, marcando cada músculo de sus brazos y abrazando su abdomen a la medida. Sus pantalones eran de un marrón claro y apretaban sus piernas, haciéndolo lucir más alto y delgado. El brillo de la cadena que colgaba en su cuello la hizo parpadear y su cabello tomaba suaves ondas desarmadas.

Ella tomó un intranquilo respiro cuando lo vio acercarse, su mano enredándose en su cabello mientras lo sacudía, rodando sus anillos contra él.

—Necesito robártela Parkinson —hablo, cuando su silueta se paró frente a ellas.

SUBMISSIVE, 𝙙𝙧𝙖𝙘𝙤 𝙢𝙖𝙡𝙛𝙤𝙮 ✓Donde viven las historias. Descúbrelo ahora