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Me encanta viajar. Aunque sea en coche. Tiene que ser un viaje largo. Y si es de noche ya ni te cuento.

Yo me pongo los cascos, la música a tope y siempre acabo lamentando haber llegado al destino. Es cuando me invento historias. Cuando las vivo.

Mis viajes favoritos son en autobús. No sé, tal vez es porque estoy con más personas y ellas no saben nada de mis historias, de las vidas que pienso. A veces incluso pienso que mi vida está ligada a una de esas personas que está 45 minutos conmigo en el autobús.

Ahora mismo os estoy dedicando mi viaje en bus, así que podéis sentiros halagad@s. Siempre que cojo el último bus directo llego muy pillada de tiempo. Y está casi lleno. Me da algo de cosilla porque al entrar y buscar sitio me miran todos y no me gusta mucho. Hoy me ha dado más cosilla de lo normal porque hay más chicos guapos de los que ha habido en 10 viajes. Ya podía haber tantos todos las veces que yo viniera, pero también podría no estar resfriada. Hay cosas que no se pueden tener. Porque sí, estoy resfriada. Otra vez. Y no. No porque el miércoles voy de excursión con unos noruegos que tienen que estar como un puto queso y voy a ir moqueando y repartiendo gérmenes entre el personal. Y sin poder hablar bien, como si lo viera. Y las guapas y buenorras y simpáticas de las chicas con las que me junto adivinad qué coño harán. Compadecerse de mí desde luego que no.

Es que desde que mi madre busco mi aura según la numerología tántrica (todo muy sexual en las mates, ¿vale?) y me dijo que era la azul, o sea, la palabra y tal y que lo que me tocaba era mucho dolor de garganta estoy que no doy a basto con los resfriados. La palabra y tal, todo muy bonito, pero para que no se desgaste mi aura, a resfriado limpio, vamos. Cojonudo todo.

Esta mañana a mi cabeza lo único que le quedaba por hacer era explotar y esparcer mis sesos por ahí, porque ha sido espantoso. Y mientras, tócate los cojones, tenía que juntar las ideas de 10 personas para hacer un puto comentario. Que anda que quién me mandaba ofrecerme como tributo para la puta misión de los cojones. El caso es que lo hice. Y dije claramente, "me podéis ir enviando ya comentarios, porque como alguno me lo mande el domingo por la noche, lo mato" (sí, suelo ser así de simpática y más). Uno me lo mandó en cuanto lo pedí. Y otros dos igual. Pero me ha jodido mucho, bastante, que cuatro aún no lo tuvieran hecho. En dos semanas no han hecho una mierda de comentario de un texto de cuatro mierdosas líneas. Tócaoslos más, ¿vale? El caso, me he puesto muy pesada y al final he conseguido que me lo  mandasen todo antes de comer. Y como todos decían lo mismo, he acabado rápido. Que esa es otra, 10 comentarios de lo mismo para hacer uno común, ¿LOOL? Y encima hay que escoger un portavoz. Yo ya dije al ofrecerme a redactarlo que no leería, que lo paso muy mal y tal. Y según paso foto del comentario acabado me suelta uno de los cabrones que no había hecho el comentario hasta que yo se lo dije que casi mejor que lo lea yo, que así no me quitan el mérito. Ganas de estrangularle no me han faltado. Así están, que aún no han decidido al puto portavoz. Y estoy viendo que me tocará a mí leer, porque no tengo bastante con haberlo hecho y tener jodida la voz. Para nada.

Y hasta aquí mis paridas mentales. Lo dejo ahora porque me duele la cabeza y quiero aprovechar lo que me queda de viaje para seguir hna nueva vida que he montado en mi cabeza.

Mi vida en mi cabeza.¡Lee esta historia GRATIS!