Cuarto acto: Miradas (PARTE 1)

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HIJO DE PUTA DE KOUJAKU. NO TENGO NADA CONTRA EL PERO SE SUPONÍA QUE ESTE CAPITULO SERÍA DE ÉLY NO SABIA QUE HACER T_T.
Tengo 1.k+ leídas en la historias ヾ(*'∀`*)ノ no sé porqué les gusta esta porquería. MUCHAS GRACIAS.
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Hay un niño y una niña sentados fuera de una tienda de cachivaches, donde otros tres pequeños (uno más grande que los demás) buscan la pieza de algún juguete roto. El niño, quien viste un uniforme de pantalón corto y la niña con el mismo uniforme pero en su lugar una falda; parecen estar tomados por los brazos. El niño tiene tez morena y su cabello es muy parecido al color de los costosos vinos tintos del bar. Sus ojos son verde-azulado y me dan ganas de intercambiarlos con él. Herméticamente tiene acomodados dos, quizás tres, lapiceros en cada oído y dos en cada mano. Con un vistoso color rojo carmesí, está haciendo figuras en los brazos de la niña a quien no parece molestarle y menea la cabeza, esperando al resto de los niños, como cantándose una canción.

El niño desvía la vista y me sonríe. Cierro los ojos con cierta fuerza y el recuerdo de Mizuki ha desaparecido. Me pregunto si me estoy volviendo loca por la exagerada cantidad de recuerdos que he tenido en todas partes desde hace unos días.

Sei me aprieta la mano al notar mi perdida y busco su cara con los ojos. Le sonrió y él me devuelve la sonrisa.

Se le nota el nerviosismo a kilómetros. Lo conozco bien... decir que lo conozco mejor que a la palma de mi mano es verdad, puesto que Tae (con un ejercicio que nos puso a hacer cuando éramos niños), me demostró que ni siquiera conozco la palma de mi mano.

Es verdad. Es mi hermano, por dios santo.

Lo entiendo, entiendo que este nervioso. Entiendo que tengamos que ver a una persona temida para él. Y está bien...

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{Flashback}

Tras esperar a Sei y notar que Aoba había sufrido lo mismo que yo con Virus y Trip, corrimos de vuelta a casa, fatigados por la esencia de la morfina que se había congestionado en nuestro sistema.

La cabeza me dolía. Las piernas no me querían responder bien y por un momento sentí el vomito ascendiendo por mi garganta. Pero, para mostrarle fortaleza a mis hermanos aguanté.

Fue cuando llegamos a casa y la idea de un vaso con agua parecía el antídoto más grande, mejor revelado para la humanidad.

Sei siempre ha sido muy atento. El simple hecho de pensar en él me hace sonreír. Nunca dejaría que nada ni nadie le haga daño, pero a veces pienso que si me aferro demasiado, los dos saldremos lastimados y trato de no hacerlo sentir como si fuera mi pequeño y yo su sobre-protectora madre.

Acepte el vaso con agua, mientras jugaba con Ren en mis piernas.

-Gracias - le dije mientras bebía y con un leve movimiento de cabeza, se dirigió a su gemelo para dale algo de beber, al igual que a mí.

Agh. No entiendo como Sei puede salir intacto del consultorio de... de ese par de...raros.

No es que me desagraden, ni mucho menos. Creo que les tengo respeto. Pero mientras aún sentía las palabras de Virus recorriendo mí cuello con un cosquilleo, maldeci en voz baja la fuerza de voluntad de mí pequeño.

Mientras bebía y acariciaba el pelaje de Ren, Aoba se sentó a mi lado y se recargo en mi hombro, con los ojos cerrados. Como un gato, restregó su cabello sobre mi ropa; despeinándose a sí mismo.

Le di un sutil beso en la frente como respuesta.

-¿Como esta tu memoria, amor?- le pregunte cuando me miro directo a los ojos.

Midnight in a perfect world (fanfic DRAMAtical Murder)¡Lee esta historia GRATIS!