Capítulo 4

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Seguimos nuestro camino a trote de caballo, yo seguía agarrada del torso de mi padre, y pasando por el lugar,que alguna vez fue un bosque, nos encontramos a un grupo de personas cortando más árboles, labrando las tierras, sembrando en donde no es suyo.

-¿Se puede saber quienes son ustedes y que hacen en este lugar?- Dijo mi padre con un tono de voz bastante intimidante.

Los hombres se miraron entre sí, y se oyó unos cuantos murmuros pero nadie respondió. De pronto, los hombres se fueron abriendo hasta que se presentó enfrente de mi papá, el recien contratado trabjador, el Señor Bruña.

-Jorge Bruña.. ¿Sabe qué está pasando aquí? ¿Usted está involucrado en esto?- Preguntó mi padre al hombre afroamericano de gran estatura y dientes blancos.

-Señor Santillán-

-Digame Guillermo, porfavor.-

-Guillermo, estamos haciendo lo que el señor Bernardo nos mandó a hacer. Cultivar estas tierras.- Respondió Jorge con una voz un poco quebrada. Se veía algo nervioso. Yo estaba atrás de mi padre sentada en el caballo, alado de mi hermano.

-Jorge, usted sabe que estas tierras son vírgenes, no se tocan ni se cultivan, aquí habitan animales, y además ¿Por qué harían lo que Bernardo dice, si yo soy el dueño de estas tierras y patrón de ustedes?- Explicó mi padre.

El señor Bernardo era mi tío. Hermano de mi padre de parte de mi abuela. Eran hermanos, pero papá era el que mandaba a todos sus obreros sus oficios. Algo olía mal.

Estaban ahí unos veinte hombres, algunos contratados por mi padre, pero la mayoría desconocidos.

-Aquí solo hay cinco hombres contratados, los demás, no los conozco.- Dijo mi padre.

-El señor Bernardo tambien me envió con este grupo de gente nueva, señor Guillermo.- Explicó Jorge Bruña.

-Ya voy a hablar con ese hermano mío que al parecer toma desciciones incoherentes sin consultarme en lo absoluto.- Aclaró mi padre y sin una palabra mas subió al caballo y dio medio vuelta y a galope volvimos a la casa.

-Bájate mija, y quédate en la casa mientras averiguo mas de este asunto.- Mi papá buscó a su hermano Bernardo y mi hermano como de costumbre lo acompañó. Yo los seguí a una distancia considerable para que no me reten por escuchar conversaciones de adultos. Tenía que saber que era lo que estaba pasando, y almenos según lo que oyeron mis oídos, mi queridísimo tío Bernardo, no tenía idea de las 'ordenes' que el Señor Bruña había 'seguido'.

Ya había cumplido los once años y eso era suficiente como para entender o imaginar lo que estaba pasando.

Mi Querida Mercedes¡Lee esta historia GRATIS!