Capítulo 12

72 9 0

-¡YO SI PUEDO MALDITA SEA! ¡YO PUEDO PORQUE SOY TU..!
Guarda silencio. Bien, es díficil saber que no somos nada. Duele.
-¿Mi qué, Carter? ¡No tienes ningún derecho sobre mí! -mi voz tiembla al reconocer yo misma que no existe nada entre Carter y Kina. Diablos, duele mucho. Ya había empezado a ponerle nombre a nuestro "romance". Pensé en Kiter o Carna, pero ambos son pésimos.
-Yo... tú... -Carter mira al suelo sin saber qué decir-. Yo... lo siento.
-Sí, justamente eso creía. Ahora déjame en paz -y con la poca dignidad que me quedaba dentro de mí, me largué de esa maldits azotea dejándolo solo.
-Kina, no.. -doy un portazo para no escuchar lo demás y empiezo a bajar escalera como loca. Después me dentengo y recuerdo que hay un ascensor y entro en él y empiezo a llorar silenciosamente.
Estoy tan enfadada con todo el mundo, todo vale caca. Recuerdo que dejé solo a Carter y también me vale caca.
Sin importarme un carajo que este vestida con mi ropa interior, salgo del edificio y giro para llegar a la lavandería por mi ropa. Justo frente a la lavandería estan dos viejos ebrios comiéndome con la mirada. Trato de ignorarlos y recojo la toalla que tantos problemas causó. Bien, no fue la toalla, fue Jimmy, ya se las cobraré luego.
Me ajusto la toalla y entro en la lavandería. La dueña del lugar, una señora de 50 y tantos años, esta ahí como siempre trabajando. Es a quien le pago para que lave toda mi ropa, y sábanas y eso.
Ella es la persona más amable que he conocido, me trata como su propia hija, pero no traigo ánimos para tratar bien a nadie.
-Martha, necesito mi ropa -le extiendo mi mano para que coloque la bolsa de ropa.
-Mi niña, ¿estás bien? -su acento inglés es encantador, ella ha pasado su vida completa viviendo aquí, y tal vez trabajando en la misma lavandería.
-Solo dame mi maldita ropa limpia.
-Pero, querida, estás llorando, ¿qué pasó?
-es cierto, al hablar aun me tiembla la voz.
-¡Que me des mi ropa, carajo!
-Lo siento -Martha siempre es muy atenta conmigo, me duele tratarla de ese modo-. Toma -me da la bolsa y salgo rápidamente de ahí.
Fuera de la lavandería suelto un suspiro arrepintiéndome de lo grosera que fuí con ella. Meses atrás, desde que llegué, ella y Paul y Landon, siempre han estado para mí.
Entro de nuevo.
-Marthita, lo siento muchísimo. Mi día ha sido horrible -Martha sale del mostrador para abrazarme y yo sollozo en su hombro.
-Oh, mi niña, ¿necesitas hablar sobre eso? -yo niego con la cabeza-. Muy bien, tranquila. Las cosas mejorarán, no tienes por qué llorar mi niña, nadie merece tus lágrimas, cielo.
-No Martha, soy una estúpida que llora por cosas estúpidas -ella me limpia las lágrimas con sus pulgares.
-Claro no, nunca vuelvas a decir eso.
-Créeme, lo soy.
-Quisiera saber por qué eres tan terca, niña.
Una risa ahogada se escapa de mis labios y ella sonríe.
-¿Ves lo hermosa que eres cuando sonríes?
-Gracias Martha.

No lo toquen, perras.¡Lee esta historia GRATIS!