Capítulo 31

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Ya hemos llegado al despacho de la directora.

Estoy sentada en una de las sillas al lado de la mesa, esperando a que venga, para saber que he hecho esta vez y sus consecuencias.

Victor se ha ido hace un esto hacia su clase, deseandome suerte.

Al cabo de unos minutos entra la directora, mirando unos papeles, sin ni si quiera darse cuenta de que estoy aquí.

-Ah, que estas aquí! – dice mirándome por encima de sus pequeñas gafas.

-¿Que quería? – digo algo insegura.

-A ver, tenemos prevista una adopción para ti...– dice y hace una pausa, observando unos papeles– ...para el día 26...

-ya no me acordaba...– pienso soltando un suspiro, lo que me faltaba.

-P-pero es el día de mi cumpleaños– digo apenada.

-Lo siento, es lo que hay, la familia ha solicitado que sea explícitamente ese día.

-Vaya mierda– digo susurrando.

-Perdona? – dice, y yo niego con la cabeza, aunque se que me ha oído perfectamente – tenga sus cosas recojidas para el sábado, vendrán por la mañana– dice, ignorando mi último comentario.

-¿Me puedo ir ya?– pregunto, cansada.

-Claro, claro, fuera de mi vista– dice con aire de chulería, mientras yo salgo de su despacho.

Tras unos minutos llego a clase, y llamo a la puerta, lentamente. Todos se giran a mirarme, mi expresión es totalmente indiferente.

Me siento en silencio bajo la atenta mirada de la clase, y luego cada uno vuelve a lo suyo.

-¿Qué te han dicho?– dice Rebeca curiosa.

-Que recoja mis cosas, me voy el sábado – digo sin ningún tipo de sentimiento.

-¡¿El sábado?!– dice Rebeca, sorprendida– ¡pero si el sábado es tu cumpleaños!!!

-Ya...– digo con indiferencia.

-¡¿Y te da igual?! – pregunta malhumorada– pensé que querías pasar tu día con tus AMIGOS!!– termina desesperada, remarcando la palabra amigos.

-Y quiero, pero no puedo hacer nada– digo observando la pizarra.

–No puedes ser Inés – dice incrédula– tú no eres así.

Me quedo callada, y el timbre de clase vuelve a sonar, dando paso a la siguiente clase.

-¿Tan poco te importamos?– dice cabreada – ¿tanto te cuesta hacer un mínimo esfuerzo?¿en quién te has convertido?– dice cada vez elevando más el tono– ¡Que vale que ellos no estén, pero nosotros seguimos aquí!– termina a punto de llorar, refiriéndose a los gemelos.

Mantiene su mirada fulminante en mi. Cada palabra que dice es como un millón de cuchillas, y aun con su mirada fija en mi me quedo callada, incapaz de decir una sola palabra.

-Vale, gracias por aclarármelo todo– dice, y se va a lo largo del pasillo, andando rápidamente.

Me quedó completamente bloqueada.

Rebeca tiene toda la razón, ellos todavía estan aquí, no puedo seguir así.

¿Que me ha pasado?¿desde cuando todo me da igual?

Pego una patada a la silla, cabreada, llena de rabia.

Tengo que hablar con Rebeca, no la puedo perder, ni a ella, ni a ninguno.

Voy de camino a clase, ya casi no quedan chicos en el pasillo.

Llego al aula de matemáticas, que es la que me toca. Rebeca se ha sentado al lado de Jorge, y eso que siempre me guarda el sitio.

Me siento al lado de Víctor, en silencio y Rebeca me fulmina con la mirada.

-chhch ¿que OS ha pasado?– me pregunta Víctor dándome una patadita.

-He sido una estúpida – digo tapandome la cara con las manos.

-Pues no se que habrá pasado, pero Rebeca estaba muy cabreada, teneis que solucionarlo.

-Ya....PUF – digo con la vista fija en el libro.

-no te preocupes peque – dice acariciandome el hombro cariñosamente– todo se va a solucionar.

Me saca una pequeña sonrisa.

La clase se me pasa lenta, tal vez, como siempre, mientras pienso que decirle a Rebeca.

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Quedan exactamente tres minutos para que termine la clase, y, por suerte, no volvemos a tener clase hasta mañana, porque esta tarde no tenemos clase después de comer.

Observo como las manecillas del reloj avanzan segundo a segundo. Se me hacen los últimos tres minutos mas largos de mi vida.

Suena el timbre, finalmente, sacandome de mis pensamientos.

Me levantó pesadamente, mientras recojo mis cosas.

–Puf, que hambre teeeeeengo– dice Víctor cogiendo su mochila– Vamos, a comer Inesitaaa!!!– dice sonriendome.

Cojo mi mochila, mientras fuerzo una sonrisa, que parece que Víctor se cree, o eso o es que directamente tiene un hambre que ya no piensa ni en preguntar, tiene más pinta de ser lo segundo.

Victor me mira con desesperación por mi tardanza.

-Ya vooooy gordo!!– digo ya saliendo junto a él hacia el comedor.

Nos sentamos en nuestra mesa, y digo nuestra, porque es NUESTRA, nos sentamos en ella desde el primer día, todas las comidas, los cuatro. Creo que la gente ya se ha dado cuenta de que esta mesa es INTOCABLE, si no ya estamos alguno de nosotros para montarle el pollo y recordárselo.

Al rato viene Jorge y se sienta con nosotros, en frente de Víctor, a continuación viene Rebeca, pero pasa de largo dirigiéndome una mirada de desprecio.

Me quedo muy sorprendida, pero reacciono rápidamente.

La agarro del brazo, casi involuntariamente.

-He sido una estúpida– digo mirándola a los ojos – sientate con nosotros, por favor.

Se piensa unos instantes si sentarse en frente mía o no, mirándome a mi, a Victor y a Jorge y otra vez a mi, repetidas veces.

Nueva Vida Junto A Ellos (Gemelier)¡Lee esta historia GRATIS!