Nuevos vecinos

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Una luz me despertó. “Genial” pensé. Me había dejado la persiana abierta. Odio despertarme por la luz del día, en general, odio que me despierten. Si me tengo que despertar que sea porque ya no quiero dormir más. Cogí el móvil y miré la hora, 11.45. Pensé que sería más pronto. Decidí levantarme en vez de quedarme en la cama media hora más como solía hacer. Me puse unos calcetines gordos y bajé las escaleras con una de las camisetas grandes que le cogía a mi padre para dormir, aunque esta no me quedaba especialmente grande. Cuando llegué al piso de abajo y me dirigía a la cocina iba tan dormida que no me percaté de la presencia de cuatro personas que no había en mi vida. De repente caí en la cuenta de serían los vecinos de al lado, a si que rápidamente retrocedí para volver a subir intentando que no me vieran pero ya era tarde. Mi madre no se había dado cuenta de las pintas que llevaba y se decidió a presentarme, como si yo sola no pudiese.

-Y esta es mi hija Karoline –Odiaba mi nombre. –Cariño, esta es la Señora Samantha Britt, el es el Señor Albert Britt y ellos son Bryan y Cathy. –Continuó mi madre.

 Diría que Cathy tiene unos 6 años, que linda. Bryan tendría unos 17-18, muy guapo, pero seguro que muy creido, como la mayoría.

-Llamadme Karol –Dije con poco entusiasmo corrigiendo a mi madre y con cara de pocos amigos.

-Veo que alguien no ha dormido bien. –Dijo Bryan con un tono burlón.

Esa era la primera frase que salía de su boca hacia mí y ya no me cae bien, espero no tener que verle mucho, pero con la suerte que tengo mis padres y los señores Britt se harían amigos y quedaríamos todos los fines de semana para cenar.

Me di cuenta de que faltaba Jack. Miré para todos los lados en su busca mientras mis padres y la familia Britt hablaban sobre mi mal humor permanente. Como no lo encontré, subí al piso de arriba con intención de vestirme y ver si él estaba arriba. Entré en su habitación y dije su nombre en alto. Nadie contestó, a si que no me preocupé más. Me dirigí a mi habitación busqué entre el armario algo de ropa para ponerme. Finalmente me decidí por un top azul marino con la espalda descubierta y unos shorts vaqueros, hoy era un día caluroso, se notaba que se acercaba el verano. Dejé mi pelo largo suelto y me lo peiné, no me apetecía recogerlo hoy. Cogí mis Air Force, me las puse y bajé las escaleras. Los vecinos seguían abajo. Pasé por delante como si no estuvieran y me dirigí a la cocina a por una taza de café, y de paso aprovecharía para llamar a Mel. La llamé pero no me cogió el teléfono, estaría ocupada. A sí que abrí el WhatsApp, tenía un montón de mensajes de algunos grupos y de privados pero no tenía ganas de contestarlos. Le dejé un mensaje a Mel diciendo que me llamase cuando pudiera y que la quería mucho.

De repente noté un cuerpo detrás de mí, y acto seguido unas manos en cintura. Me quedé inmóvil.

-Veo que ya te has vestido, preciosa. – Me susurró una voz muy cerca de mi nuca.

Me giré despacio, muy despacio para ver de quien venía esa voz. Vi a Bryan demasiado cerca, así que me aparte rápidamente.

-¿Preciosa? – Dije yo con tono burlón. -¿Qué haces en mi cocina?

-Mmm, veo que no te gusta compartir eh preciosa –Me dijo guiñándome un ojo.

-Vete. –Dije con un tono muy serio.

-Tranquila –Dijo levantando las manos trasmitiendo paz. –Solo venía a por un vaso de agua.

Como no tenía ni idea de donde estaban los vasos, tarde un rato en encontrarlos. Cogí uno, me dirigí a la nevera y cogí el agua. Se lo llené hasta arriba y se lo di. Su mano chocó con la mía. Desvié mi mirada al suelo, pero aún así podía notar su sonrisa. No lo aguantaba, no soporto a los chicos tan arrogantes y creídos, como si para ellos la belleza lo fuera todo.

Esperé a que se bebiera el agua. Cuando terminó, cogí el vaso, lo dejé en el fregadero y le empujé hasta la puerta de la cocina.

-Eh, esas formas, princesa –Dijo haciéndose la víctima.

Vi como mi madre nos veía desde el salón y me miraba con cara enfadada.

Cerré la puerta de la cocina y me giré en dirección a la isleta de la cocina, donde había dejado mi taza de café que ya estaba frío. Lo tiré por el fregadero y deje la taza. Odiaba el café frio, era una de las muchas cosas que odiaba en esta vida.

En ese momento recibí un mensaje de Mel: “Karol, ahora mismo no te puedo llamar, hablamos a la noche. Te quiero mucho y te echo de menos mi amor”

Me encantaba su forma de ser, siempre tan cariñosa y risueña. Todo lo contrario a mí, era una borde, Mel y Dylan siempre me lo decían.

Le envié un mensaje a Dylan:

“¿Cómo anda mi mejor amigo preferido?”

Al minuto recibí su respuesta:

“¿Preferido? Como que soy el único que tienes” Él sabía darme donde más dolía, pero en el fondo no me importaba porque era verdad.

“Capullo, te echo de menos. ¿Por la noche Skype con Mel?”

Esta vez tardó menos en contestar:

 “Y yo, haber con quien me meto yo a partir de ahora. Y lo del Skype me parece genial”

“Perfecto, a la noche hablamos. Te quiero capullo”

Salí de WhatsApp y entré en Twitter, últimamente estaba un poco desconectada de todo con lo de la mudanza y eso. No había noticias de que Old Magcon viniera a España ni nada relacionado, ni tampoco nada nuevo de Justin, a si que cerré el Twitter y bloqueé mi iPhone.

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