XXI

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Apoyo todo mi peso en el tronco de un árbol y siento sudores fríos, la cabeza parece darme vueltas y me veo obligada a cerrar los ojos, veo borroso y me exaspera que la situación no cambie ¿Qué me pasa? Sigo andando bosque hacia adentro alejándome tanto del lugar hasta el punto en que las luces se convierten en puntos lejanos. Todo lo que me rodea es silencio. Y de repente caigo al suelo provocando un estruendo grande. Cierro mis ojos y la pinaza pincha contra mi mejilla lisa. El suelo da vueltas, abrirlos es como estar en uno de los ejes de un huracán. Creo oír unos pasos haciendo eco, pero no estoy demasiado segura de si es mi cabeza que me está jugando una mala pasada o si de verdad alguien camina hacia aquí.

-¿Tu eres la chica del monstruo?- abro mis ojos y observo una figura borrosa y discontínua frente a mí. Todo es oscuridad y apenas puedo ver nada más allá de mi nariz -¿Qué coño haces aquí sola?- oigo que dice y me cuesta mi vida entera pronunciar palabra.

-A...- se me seca la boca –Ayúdame- balbuceo.

Noto como algo me toca y me eleva, una luz se posa frente a mi cara y me veo en la obligación de cerrar los ojos y llevar mi mano a la cara tapándome, desequilibrándome y casi cayendo al suelo si no llega a ser por es persona que me sostiene. Creo ver familiar esa cabellera pelirroja ¿Acaso es Nora esa chica que me está ayudando?

-¿Cuánto has bebido, niña?- me pregunta. No contesto, lo único que quiero es dormir. Apoya mi peso en un árbol y me deslizo poco a poco por este con la espalda pegada a este, arñándome parte de ella con la corteza rugosa, mi trasero toca el suelo y miro, como puedo hacia ella –Bebe- dice poniendo una botella de agua sobre mis labios.

Puede que no tenga todas mis facultades, pero estoy segura de que el agua no debe saber así. He tragado demasiada pero escupo todo lo que puedo y más al suelo.

-Debes estar muy ebria ahora mismo- habla ella.

La veo cerca de mi cara, justo a mi altura, intento divisar sus rasgos y creo descubrir una sonrisa. ¿Se está riendo de mi? Ni si quiera lo sé. De repente noto un dolor profundo en mi cabellera, está tirando de mi pelo y me empuja hacia arriba.

-¿Cómo sienta eso de ser la indefensa?- su aliento está sobre mi oído. Amago un gemido, está tirando demasiado fuerte. Me suelta y mi cuerpo se estampa contra el suelo.

Creo que está dando vueltas alrededor de mi cuerpo contra el suelo. He impactado demasiado fuerte contra este, y no estoy segura de si lo que sale de mi frente es sangre o solo es mi cabeza.

-¿Cómo sienta saber que a ti nadie te va a proteger, que estás sola?- ahora noto una punzada en mi estómago.

Me ha pateado, una, y otra, y otra vez, no deja de hacerlo, y parece no querer parar. Cada vez me golpea más rápido y con más fuerza y mi aliento parece desaparecer por instantes, me acurruco sobre mi misma, duele horrores pero mi cuerpo funciona a velocidad ralentizada y con lo que parecen ser horas de retraso.

-Todo, absolutamente todo lo que estás sintiendo ahora mismo, Destinee Keaton Annette, es lo que siento yo cada vez que él me ignora, y todo ¿Porqué? Por tu maldita intromisión en su vida, jodida perra- habla en voz alta, la noto sobre mis alrededores.

Quiero levantarme y golpearla hasta que mis brazos no puedan más, pero hay otro instinto que me domina por encima de la rabia e impotencia. En este momento siento verdadero miedo, miedo del de verdad, no se que va a ser lo siguiente que pasa, no sé que mierda pasa conmigo o mi cabeza, no sé que está mal en mí y no sé que es lo que ella tiene planeado para mí en el siguiente instante. Noto su pie en mi sien, pisa fuerte mi cabeza y es mi perdición, mi vista se nubla más aún. Me siento magullada por todos lados, perdida y exhausta. Sin salvación ninguna y con un miedo terrible. Empiezo a tiritar exageradamente, pese a que mi cuerpo está ardiendo el frío que siento es helador.

-¡La vas a matar, para!- oigo una voz en medio susurro.

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!