Capítulo 46.

Narrador omnisciente.

—¿Te gusta eso, Vic? —Joe se rió. Vic negó con la cabeza mientras lágrimas caían por su rostro.

—Joe, detente, no es... —la golpeó, y Vic escupió sangre.

—Vuelve a inhalar, hazlo. —le ofreció la droga. De nuevo, Victoria negó con la cabeza,  haciendo así que volviera a escupir sangre.

—No lo haré.

—No te hagas la difícil, Dawn.

Sin embargo, Vic no iba a dejar que José se saliera con la suya.

—¡NO LO VOY A HACER, MALDITO IMBÉCIL!

Y Joe la golpeó, la golpeó tan fuerte que la dejó inconciente.

Luego pasó lo mismo con Candice.

Pero ésta vez, no las dejó recuperarse, no. Las desechó, como si muertas estuvieran. Y sí, las desechó cuando aún estaban inconscientes.

Luego seguía Lucy. Pero ella iba a tener un final peculiar.

—¿Y las chicas? ¿Dónde las dejaste? —preguntó.

—Eso no importa ahora, White. —Se acercó a ella y la besó, Lucy lo rodeó con sus brazos.

Joe empuñó en sus manos el cuchillo, y lo posiciono cerca del estómago de su "enemiga". Lo que Joe no sabía era que, Lucy también quería matarlo. Porque lo odiaba, y creía que ella sola se encargaría de enamorar a Joe.

Y sucedió, Joe la apuñaló. Lucy soltó un quejido de indignación, se separó solo unos centímetros.

—Oh, Joe... ¿Creíste que no tenía con qué defenderme? —Joe la miró asesinamente.

—No digas tonterías, White. —Se rió, pero su risa fue interrumpida. Lucy acababa de clavarle un cuchillo en el pecho.

—Tanto tú, como yo, le decimos adiós a ésta vida, Joe.

Y así fue, Joe cerró los ojos para no volverlos a abrir más. Pero Lucy solo cayó inconsciente al frío suelo.

Victoria.

Desperté. Y a duras penas me levanté, a mi lado estaba Candice, despierta y hecha un ovillo.

Miré a mi alrededor, estábamos en una especie de bosque, Candice alzó la mirada y se sorprendió al verme.

—¿Estás bien? —me preguntó, yo asentí.

—¿Vamos a buscar ayuda? -pregunté y ella asintió.

Estábamos en medio de la nada, tratando de buscar ayuda... vaya esperanza.

—¡Mira ahí, Vic! ¡Hay un pequeño estadero! —exclamó Candice y yo asentí.

—No creo que nos dejen entrar, Candice. Miranos.

—Tienes razón, sigamos camin...

—¿QUÉ HACEN USTEDES DOS AQUÍ? —Se sintió un grito y Candice y yo volteamos.

—¿Nataly? —exclamé sorprendida—. ¿Y Kelly también?

—¿Dónde está Joe? —alcé los hombros y Candice al parecer hizo lo mismo.

—No me digan que las dejó aquí... —dijo Kelly—. Por Dios, no pensamos que las dejaría así, miren su cara.

—Pues, así nos dejó...

—Vengan, suban. —Dijo Nataly y Candice la miró extrañada.

—¿Joe te mandó a buscarnos? —dije.

—Súbanse antes de que me arrepienta. ¡Rápido!

.

Nataly nos dejó en un hospital, y pagó todo lo que nos pidieron. No sé porqué, pero... está bien.

—No lo divulguen. Y ten —le entregó el celular a Candice—, esto es tuyo.

Y se marcharon.

Una vez nos habían curado, cuando estábamos a punto de llamar a James, vimos a Kendall y a Carlos entrar. Candice y yo nos miramos felices, y soltamos un grito.

—¡KENDALL, CARLOS! —grité, ellos voltearon y al vernos abrieron los ojos sorprendidos.

—¿Vic, Candice? —las dos nos acercamos y asentimos, ellos nos abrazaron y nos tocaron cada centímetro de la cara.

—¿Cómo llegaron aquí?

Y les contamos todo.

Carlos y Kendall, dijeron que una vez nos llevaran con James y Jake, irían a buscar a Joe. Nos opusimos, pero fue en vano.

En el camino, Carlos nos contó lo que había pasado en nuestra ausencia, todo el altercado había sido hace un mes. Y como es obvio, Candice y yo nos sorprendimos muchísimo.

—La abuelita de Logan vio todo. —Dijo Kendall.

—¿Lerman o Henderson? —Preguntó Candice.

—Henderson.

—Oh.

No hablamos mucho, a decir verdad, ya que Candice y yo aprovechamos el camino —que era bastante largo, por cierto—, para dormir. Antes de quedarme dormida, me fijé en Candice, estaba hecha mierda, y supuse que yo igual, incluso peor.

El ojo derecho de Candice, estaba morado, casi negro, y los brazos estaban muy lastimados. Yo me fijé en mis brazos y mis piernas, ya que, al parecer, no tenía los jeans que me puse el día del parque. Estaban lastimados, demasiado, a decir verdad.

Sin embargo, sin una pizca de sangre. Sólo los moretones. Luego, pensé en Lucy, y en las razones de porqué había hecho lo que hizo. Me dolía pensar en que, ella odió a Candice. Dolía.

Gritos en el silencio - James Maslow [editando]¡Lee esta historia GRATIS!