XVI

80 3 0

Se adentra por un pasillo parecido al anterior mientras un hombre va detrás de nosotros y me reencuentro con Dwice. Él nos sigue en silencio y nos encerramos en algo parecido a una habitación.

-Marco, fuera- dice al hombre de unos treinta años y este desaparece por la puerta sin decir nada -¿Me puedes explicar que coño hace ella aquí?- pregunta a Dwice con enfado.

-Escúchame ¿Vale? Si no llega a venir tú ahora mismo...- Male le corta.

-No se trata de mí, se trata de ella, la has metido aquí cuando sabes de sobra que no quiero que pise este puto lugar- está muy enfadado –Tú mejor que nadie sabes toda la mierda que hay aquí y la has traído- farfulla –Eres un hijo de puta- Dwice le mira.

-¿Es que no te das cuenta? Lo he hecho por ti- exclama Dwice.

-¡Dwice, ya no se trata de mi!- grita él –Ya no soy yo, ahora somos nosotros ¿Es que no lo entiendes?- se acerca a él peligrosamente –Ya no se trata más de mí, ahora se trata de ella capullo, y la has traído a la boca del lobo- eleva su puño pero le agarro del brazo con la poca fuerza que me queda.

-Male- él dirige sus ojos a mi. La tensión en su cuerpo desaparece cuando le toco –No hagas eso- le ruego –No quieres hacerlo- le digo. Y él sabe que no quiere.

-Déjame- habla duro.

-No- le digo. Ahora se gira hacia a mí –Deja esto ¿Sí? No quieres pegarle a Dwice, tú no quieres eso- está seguro de que no quiere –Vámonos de aquí, por favor- le ruego.

Suelta un largo suspiro y tira las llaves de su coche a Dwice.

-Llévatelo, mañana lo quiero en casa- y dicho esto, sale del cuarto conmigo.

El pasillo está lleno de gente extraña, con voces extrañas, olores raros y pintas peculiares. Es extravagante pero totalmente terrorífico. Me hago más pequeña de lo que soy al lado de Male. Hago fuerza en su mano sin darme cuenta.  Pasa su brazo por mis hombros y me pega a él justo después de enfundarse en una chaqueta. Me tapa con su otro brazo protegiéndome casi al completo y pone mi capucha de nuevo. Se me ha caído al pasarme por la valla.

Camina rápido y en la entrada unos brazos le rodean por el cuello apartándolo de mi y cogiéndolo por sorpresa.

-Lo has hecho genial, tigre- murmura una voz que conozco a la perfección.

-Aparta- dice él quitando los brazos de ella y desestabilizándola.

Ella me descubre y Male me vuelve a acoger en sus brazos. No me gusta este sitio. Me quiero ir. Y no soporto a esa tía.

-¿Qué hace esa aquí?- ya estamos en la calle, pero ella nos ha seguido casi hasta mi coche. Male se gira, no sin antes soltarme.

-No la trates como si fuera una cualquiera- avisa Male.

La observo y me pregunto cómo mierda no se puede estar helando con esas pintas. Es gracioso que ella me llame cualquiera a mí. Sin embargo, me siento nadie al lado de ese pedazo de mujer, yo no soy más que una niña.

-¿Acaso no lo es?- sonríe irónicamente y Male me suelta.

-Escúchame bien porque no te lo diré dos veces Nora: déjala en paz- está peligrosamente cerca.

-No me das miedo, sabes que yo no soy como el resto- él suelta un chasquido.

-Ese es tu jodido problema, que te crees diferente, cuando eres exactamente igual a todos- ella estalla en carcajadas completamente falsas. Esto es demasiado.

-¿Acaso crees que ella es diferente? Vamos Male, mírala- dice –Va a tardar cero segundos en cansarse de ti- habla ella –No es nada a tu lado- y eso me toca la fibra. La puta tiene razón.

-¡Cállate!- le grita a la vez que la empuja. Ella se desestabiliza y cae. Está más que drogada.

Se vuelve a mí y me quita las llaves del coche de la mano.

-Male- solloza ella –Yo te quiero- grita tirada en medio de la calle.

Me agarra por el brazo y me mete en el coche. Él conduce.

-Puta- murmura y enciende el auto.

Conduce hasta su casa y me mira una vez apagado el coche.

-Vete a casa- me dice y está a punto de salir del coche.

-¿Eso quieres?- el suelta un suspiro.

-No, lo que quiero es que te quedes conmigo, pero ya he sido suficientemente egoísta e imprudente esta noche- me cuenta.

-No me voy a ir- digo obvia.

-Destinee, escucha...- le corto.

-No, escúchame tú, deja de comportarte como si fueras mi padre. Quiero un novio, no un padre, ya me has cuidado suficiente, deja que te demuestre que yo también se cuidar de ti, que tú también necesitas a alguien que esté para ti- me atraganto con el nudo en mi garganta –No eres un super héroe, tu también necesitas que te protejan, eres humano- le acaricio la mejilla dolorida –Déjame, por favor- cierra los ojos y derrotado, asiente.

Subimos arriba y descubrimos a Sam sentada en el sofá de brazos cruzados y enfadada. Pero su tacto se suaviza, tanto al verlo a él, como a mí.

-Está bien, mañana te echaré la bronca- y dicho esto, se encierra en su cuarto.

Conduzco a Male a su cuarto, cierro la puerta y se sienta en la cama. Se desabrocha la chaqueta y se deshace de ella. También de las botas que lleva y se toca los hombros mientras pone una mueca en su cara. Jamás aceptará que ese bestia casi lo mata. Casi.

-Me iré a dar un baño- me avisa.

Asiento y me deshago de mis zapatos. Me encanta pisar la moqueta, me hace cosquillas. Me siento en la cama y se dirige al baño, justo antes de entrar se gira a mirarme.

-¿Dest?- me pregunta.

-¿Sí?- le respondo. Coge aire, pero se contiene.

-Nada, es igual- entrecierra la puerta y suspiro. Sé perfectamente lo que me iba a decir, pero a último momento se ha callado. A los pocos segundos oigo el agua correr.

Me deshago de la ropa y me pongo un albornoz corto que me compró hace tiempo. Suspiro antes de entrar al baño, nerviosa. Abro la puerta y lo descubro sentado en la giganto-bañera, con espuma tapándole hasta el pecho y los ojos cerrados. Toso sonoramente y abre los ojos. Me mira algo sorprendido, no se lo esperaba, y de hecho, yo tampoco.

-¿Me haces sitio?- pregunto, tímida. Traga saliva sonoramente sin apartar los ojos de mí ni un solo segundo.

Se hace a un lado y no sé de dónde saco la voluntad de deshacerme del nudo y dejar caer el albornoz al suelo. Me cuelo en la bañera, justo delante de él y me obliga a sentarme apoyando mi espalda en su pecho. El baño tiene una luz muy tenue y el ambiente nunca ha sido más óptimo. Pasa sus brazos por mi cintura y me apega a él totalmente. Sonrío involuntariamente.

-No vuelvas a venir, por favor- me ruega con sus labios pegados a la piel de mi nuca. Mantengo el moño que me hice en casa.

-Iré todas las veces que sea necesario- noto su sonrisa contra mi nuca.

La sonrisa desaparece y empieza a dejar un reguero de besos que llega hasta el lóbulo de mi oreja.

-Nadie nunca había hecho algo así por mi- desliza una de sus manos a mi cuello y lo acaricia.

-No es que haya hecho la gran cosa- intento restarle importancia.

-Para mí es mucho más que eso- me derrito ante su tacto –Te quiero- giro mi cara todo lo que puedo para mirarle. Sus ojos expresan temor. Paso un brazo hacia su nuca y lo acaricio con candor.

-No tengas miedo- cierra los ojos de nuevo –Te quiero- une sus labios con los míos sin darme tiempo a reaccionar.

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!