Capítulo [12]: Producto celestial de la vida.

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Capítulo [12]: Producto celestial de la vida.

-Que chico tan...- comenzó Alex al volver a la mesa.

-¡Aburrido!- finalizó Elvira por ella.

-Se veían envueltos en una animada charla, ¿qué sucedió?- preguntó Patrick mientras los tres recién llegados se sentaban en sus respectivos asientos.

-¿Animada charla? ¿Cuándo?- preguntó Dylan. -Básicamente hablábamos entre los tres, porque el chico casi no hablaba.

-Ya veo por qué lo dejaron plantado- comentó Elvira.

Patrick y yo habíamos separado nuestras manos, pero nuestros dedos seguían tocándose.

-¿Podemos pedir ya?- quiso saber Patrick. Todos asentimos, y llamamos la atención de una de las meseras que parecía haber prestado más atención a los chicos que a las órdenes.

Cuando salimos del restaurante, Alex nos informó que tenía una cita con Luke pautada para la próxima media hora, así que debía llevarla a su casa para que buscase su auto. Elvira no quería volver al hotel en el que se hospedaban porque decía que se aburriría bastante encerrada en el edificio desde tan temprano, y quería conocer la ciudad, al igual que Patrick, pero no quería ir con nosotros, sino con Dylan.

-He pasado casi todo el viaje pegada a Patrick, ¡y estoy harta de él!- decía, a lo que Patrick le respondía molestándola con que ella dejaba de ser soportable a las pocas horas. Por ello, Dylan iría obligado al centro comercial con ella a dar vueltas por ahí. Patrick y yo haríamos lo mismo, "dar vueltas por ahí", pero no iríamos a centros comerciales a pedido de él, porque se aburriría.

Al final nadie se iría con nadie. Alex invitó a Luke a pasar la tarde con nosotros, por lo que terminamos decidiendo que iríamos a un parque natural, así que cada quien iría a cambiarse de ropa para ponerse algo más deportivo, y luego mi hermanastro y yo iríamos por Patrick y Elvira al hotel en el que residían, mientras que Alex y Luke nos esperarían allá.

De camino al lugar nos detuvimos unos pocos minutos en una pequeña farmacia que estaba en el camino, y compramos unas cuantas chucherías y varias botellitas de jugos de frutas chiquitas. Alex había tomado de su casa una manta, así que haríamos algo así como un picnic. Además, había tomado una de esas pelotas coloridas de playa de su casa, y Luke había llevado una de fútbol.

Al llegar, nos encontramos con los dos chicos fuera del parque, pues debíamos esperar quince minutos para que volviesen a abrir el lugar en el horario de la tarde. Salimos todos de los autos para así poder conversar en ese tiempo, y me senté sobre el capó de mi auto.

Luke y Patrick se presentaron, al igual que Luke se presentó con Elvira. Mi hermanastro le saludó de manera amistosa, con los típicos saludos de hombres, esos que ninguna mujer nunca llegaría a entender. Alex se sentó a mi lado de un salto, y comenzó a balancear las piernas.

-¿Qué piensas?- preguntó mi amiga.

-¿Por qué preguntas?

-Porque todos hablan, y tú no haces más que mirar a nuestro alrededor, o fijar la vista unos pocos minutos en Patrick, y luego apartarla.

-No hago eso...- iba a comenzar a protestar, pero sería en vano, así que guardé silencio mientras Alex me reprendía por negarlo todo, hasta que apareció un empleado del parque y abrió el portón de entrada, por lo que volvimos a subir a los autos para poder ingresar.

El lugar tenía varios espacios apartados a los que sólo podían entrar personas que tuviesen el consentimiento de la administración, así que fuimos a solicitar un pequeño espacio para los seis. Por suerte -nótese el sarcasmo- la señora encargada de ello no había llegado, y debimos esperar otros diez minutos para que llegase, porque los espacios que no eran apartados básicamente eran de tierra, es decir, eran como caminitos por los que la gente que venía a hacer ejercicios trotaba, y no los podíamos ocupar porque cerraríamos el paso y además, nos llenaríamos de tierra.

Los minutos de espera pasaron rápido mientras todos conversábamos juntos. Al ser los primeros en estar ahí, tuvimos la gran ventaja de elegir el apartado que queríamos, así que tomamos el espacio más grande que estaba ubicado cerca de una de las cascadas más grandes del lugar, que podía ser admirada desde ciertos puntos en la ciudad.

Hacía algo de frío cerca del la cascada, y además había humedad, lo que hacia que mi piel se sintiese pegostosa. La mía y la de todos los demás.

Colocamos la manta en el suelo, y ordenamos todas las cosas que habíamos traído sobre ella, dejando un poco de espacio para poder sentarnos sobre la manta, lo cual fue una estupidez porque todos nos arrojamos al césped, unimos nuestras cabezas en un círculo, y comenzamos a hablar sobre algunas tonterías que discutíamos pocos minutos, y luego cambiábamos el tema.

Sobre el césped, a mi lado derecho, se encontraba Patrick, y a mi lado izquierdo, Dylan estaba tendido. Al lado de Dylan se encontraba Elvira, quien a su lado tenía a Luke, quien tenía a su lado a Alex que se ubicaba al lado de Patrick.

-¡Miren todos!- dijo Alex de repente, interrumpiendo una interesante conversación acerca del calentamiento global. Todos nos quedamos en silencio.

-¿Qué?- preguntó Luke.

-¡Esa nube!- señaló con su dedo índice a una nube que según yo, no tenía una determinada forma.

-¡La veo!- le respondió Patrick -Tiene forma de... uhm... ¿Nube?- le pegué un pequeño manotazo en el abdomen. Manotazo del que me arrepiento, porque su abdomen se sentía tan... abdomendePatrick. Es decir, sentí su abdomen firme pero no demasiado piedra, no sé si me explico. -¡Ah!- se quejó cuando le golpeé.

-Inepto- le reprendió Elvira. -Tiene forma de chocolate, ¿qué no ves?

-¿Tienes hambre?- intervino Dylan.

-Si..., ¿alguien trajo el producto celestial de la vida, en cualquiera de sus presentaciones?

-Lo coloqué al lado de los jugos, mira ahí- le indiqué. Se levantó de un salto, tomó una barra y se volvió a acostar al lado de mi hermanastro, abriendo la barra, partiendo un trozo para luego metérselo en la boca, y posteriormente ofrecernos.

Me había dado cuenta de que Elvira era, en ocasiones, como una niña pequeña: muy infantil aveces, pero en otras ocasiones podía ser bastante seria y madura. Supe además que ella también estudió, y se graduó. Elvira era abogada, pero no ejercía como tal, porque se dedicaba a asistir a Patrick.

Todos tomamos un trozo de chocolate y nos lo metimos a la boca. Luego de aquel acto, nos quedamos un largo rato en silencio esperando a que el chocolate terminase de derretirse en el interior de nuestros labios.

Esa tarde no hicimos casi nada. Estuvimos en el césped la mayoría del tiempo. Alex habló con Luke la mayoría del tiempo; Elvira seguía molestando a Dylan, y debo admitir que se veían cómicos; y Patrick y yo conversamos entre nosotros, y nos reíamos de las cosas que hacían los demás. Esa tarde volví a sentir aquel choque eléctrico que me producía su tacto cuando, de nuevo, nos tomamos de las manos.

El Ilusionista. [EN PAUSA]¡Lee esta historia GRATIS!