ha ocurrido una gran tragedia, una gran, gran tragedia... al menos para ti. odiabas demasiado el hecho de tener a tu familia implicada en temas tan peligrosos como la mafia y sobretodo que otras mafias tuvieran el ojo puesto en tus parientes, y más en ti.
muchos tenían el descaro de pedirte como si nada, delante de tus padres, y aunque estos reían porque lo tomaban como broma, tú inmediatamente te asqueabas y te alejabas de esas personas. no querías involucrarte más con ninguno de ellos, no tenías interés amoroso en nadie, todos te parecían aburridos y unos mentirosos de primera.
pero, las cosas no son como tú quieras, sino como 'tengan' que pasar.
tus padres después de defender tanto tu mano, un día llegaron y de la nada te dijeron que estabas comprometida. te ibas a casar con alguien que no conocías.
supuestamente era por temas de trabajo y te aseguraron que la ibas a pasar muy bien, pero tú ignoraste toda explicación porque entraste en pánico y una frustración enorme. sí, las cosas nunca pasaban a tu modo, tampoco es como si podías hacer algo al respecto.
tenías dos pensamientos y analizabas cuál era peor:
1. no querías casarte todavía. 2. no conocías a tu prometido.
y llegaste a la conclusión de que ambos estaban al mismo nivel, no querías casarte con alguien desconocido, ¿y si esa persona era sádica o un viejo patético?
no. no creías que tus padres aceptarían algo así, ¿cierto?.
pasaron unos días (en el que ignoraste a tu familia por el enojo), y por fin llegó el día en que ibas a conocer a... ¿tu pesadilla?, no sabías cómo llamarlo. era una familia que, a plena vista, parecían agradables, pero tú misma sabías que todos eran hipócritas. para tu sorpresa, tu prometido era joven, atractivo, pero definitivamente no tu tipo ideal. intercambiaron unas palabras con flojera y pasó lo más relevante de todo:
el anillo de compromiso.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
el anillo era bonito, curioso para ser el de compromiso, pero no te quejabas... había algo más que te preocupaba y te molestaba: tu prometido era todo un bastardo. te diste cuenta rápidamente de sus intenciones y trataste de defenderte, pero como anteriormente pasó, nadie te iba a hacer caso.
te ibas a casar con un imbécil, ¿había algo peor?.
no tenían nada en común, y las pocas palabras que intercambiaron, fueron llenas de arrogancia y crueldad, tenías miedo, aunque no lo aparentabas. aparte de no querer casarte, ¿ibas a hacerlo con alguien que no te iba a tratar bien?
habían dos reglas muy importantes para su matrimonio. “engañar es un pecado, quien tenga pruebas de que alguno está cometiendo infidelidad, será castigado”. “el matrimonio se romperá si llega alguien que ofrezca algo mejor”.
pasaron unas semanas, unas horribles semanas para ti porque ya tocaba el día de tu boda. invitaron a muchas personas, hicieron una gran fiesta y te casaste, aunque te negaste a darle un beso a tu, ahora esposo, y aunque los presentes se confundieron por eso, no dijeron nada. total, a nadie le importaba lo que hicieran, sólo estaban ahí para seguramente criticar.
y antes de la boda, te habían dejado tiempo para que conocieras más al joven, pero sólo te diste cuenta que te haría la vida imposible y tú no estabas lista para ello.
tú, con tu vestido blanco perfecto según muchos, pero que tú odiabas, decidiste abandonar la zona de la fiesta, a tu esposo no pudo importarle menos tu ausencia y a ti tampoco es que te importara su opinión. fuiste a uno de los balcones a tomar aire, asomándote para ver la parte trasera del jardín, algo muy bonito de ver pero que a ti te molestaba porque lo que alguna vez soñaste de pequeña, había pasado y de una horrible forma.
no te diste cuenta que alguien había salido al balcón también, esa persona cerró silenciosamente la puerta corrediza y carraspeó, tomándote de sorpresa.
— ¿la novia no debería estar disfrutando de su boda?
miraste con incredulidad a aquella persona que no conocías, pero, joder, realmente te gustó a plena vista. eh... ¿qué estaba pasando?, te acababas de casar y ya te gustaba alguien diferente.
soltaste una risa y dejaste de verlo, mirando el jardín. — la boda no es con mi consentimiento. — no supiste por qué dijiste eso, pero el invitado no pareció sorprenderle, es más, fue casi como un premio que dijeras eso.
— lástima, pensé que lo disfrutabas. — se encogió de hombros y abrió la puerta para volver con los demás, aunque al poner un pie dentro, volteó otra vez. — ¿acaso la novia puede bailar con otras personas o el novio no la deja? — se burló.
...y tú aceptaste, en serio lo hiciste. regresaste con él y fueron al centro del baile, y como si nada, él te tomó de la cintura y te apegó a su cuerpo con delicadeza, haciéndote sentir escalofríos.
y, él pareció notar tus nervios y sonrió con calma. — ¿cuál es su nombre? — preguntó, y tú volviste a sentir aquel cosquilleo en tu abdomen.