Sin Regreso

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Lo que recuerdo es el sonido metálico del arma, ese sordo latido en que todo se detiene cuando el seguro salta y el gatillo se aprieta y todo estalla. El intenso sabor de la sangre caliente y el frío de la noche. El asfalto congelado y los montones de nieve acumulados en los arcenes mientras los copos caen sobre el rostro aún caliente mientras de fondo, quizás proveniente de un coche resuenan los cascabeles de un villancico de una Navidad que se escapa moribunda entre los lacios dedos que inútilmente tratan de retener una vida que agoniza en una milla del noreste de la ciudad.

Entonces pienso que jamás regresaré a, que no volveré a recorrer esa misma carretera que cada día me llevo a ninguna parte.

No habrá más llamadas durante la noche, nadie escuchará mi voz gritando, demasiadas veces intenté hallar una salida pero está, estaba demasiado legos para una chica como yo, sin nombre, sin pasado ni futuro. Todas mis esperanzas de uno se esfumaron de un plumazo, no era difícil imaginar un final así cuando nunca hubo nadie a quien preocupase.

El crepúsculo se desvanece, la luz se apaga, no hay besos ni caricias, voces amables ni abrazos que me acojan... sólo ese ruido atronador perforando mi cuerpo con el estremecimiento que produce un trueno en mitad de la tormenta.

Sólo seré una mancha en el camino, un borrón entre la blanca nieve teñida con mi aliento, los faros rompen la oscuridad, el sonido de las ruedas hacen crujir el cemento y todo queda en silencio, un absoluto y aterrador silencio que augura que llega el fin.

Unos minutos más, sólo un poco más...

Una lagrima que cae como agua del cielo, el tacto de una pluma, una silueta, cierro los ojos e imagino que la nieve que va amoldando mi lecho son los brazos de un ángel. Suspiró, el dolor que desgarra el pecho no es más que el eco de un mal recuerdo en este vuelo de ida.

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