16| Bajo la lluvia.

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Cap. 16| Bajo la lluvia.

POV: Killiam A.

Le echo miradas de reojo a Alma mientras conduzco, ella se mantiene mirando la lluvia que cae por la ventanilla.

Traté de hacerle conversación pero en todo momento me ignoró.

No vuelvo a abrir la boca y ella mucho menos.

«Ya veremos si no hablaras, Florecita»

En lugar de conducir a su casa me dirijo a la mía, ella se da cuenta.

—Oye, este no es el camino a mi casa—dice, pero la ignoro—Abraham, te estoy hablando. Deten el auto—dice—¿No me harás caso?

Abre la puerta del auto, estando en movimiento.

—¡¿Te has vuelto loca? Cierra la puerta!—digo.

—¡Deten el auto!

La carretera está desolada, está lloviendo a cantaros y aún así baja del auto y empieza a caminar.

También salgo y me aproximo a ella tomándola del brazo.

—¿Alma, qué sucede contigo?—digo—La verdad es que no te entiendo.

—Déjame ir, Killiam—dice.

La suelto del brazo.

Que me haya llamado por mi primer nombre es como si me hubiera dicho el peor de los insultos.

—¿Killiam, me has dicho Killiam?

Voltea a verme.

—Lo que has oído. Ahora déjame ir—intenta irse, pero la vuelvo a detener.

—No, ya me cansé de este maldito juego—digo y la traigo a mí hasta que su pecho choca con el mío—¿A qué le tienes tanto miedo? Si es que no quieres nada conmigo dímelo y acabaremos con esto.

Exhala.

—¿Sabes a que le tengo miedo?—dice entredientes—A amar a alguien y perderlo como perdí a mi familia—llora—A que esto que dices sentir por mi sea lástima disfrazada de cariño—dice—De que si te llego a querer más de lo que lo hago ya, no pueda renacer de las cenizas. A eso le tengo miedo.

Trago saliva.

—Escúchame bien—pongo ambas manos en sus mejillas—Pase lo que pase no dudes de ti, eres fuerte. Si llegaste a renacer una vez puedes hacerlo dos, tres y el millón de veces que te venga en gana—digo—Yo nunca te dejaría, no conscientemente y si lo hago busca una luciérnaga y tenla como mascota. Además de que estaré aquí—señalo su corazón—Permaneceré aquí a menos que tú quieras sacarme.

—Abraham, es que yo...

—Tú nada—la interrumpo y acerco mi rostro al suyo. Nos miramos fijamente a los ojos—¿Y sabes algo?

—¿Qué?

—Me encantas—digo.

Y la beso.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora