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-Jordan. Despierta, hay que levantarse ya.

Abrí los ojos y delante de mi vi a Michael, ahí plantado, mirándome.

-Sí que tienes un sueño profundo tío. –Dijo

Mire mi reloj y pude comprobar que eran las cinco de la mañana.

-¿Por qué nos levantamos tan pronto? –Dije con la voz aun dormida.

Michael señalo al cielo. Estaba oscuro. Como si se avecinase una tormenta. Las nubes eran de un negro muy intenso, pero lo que más me llamo la atención es que las nubes creaban una especie de remolinos en el cielo.

-¿Recuerdas que los Próximos pueden cambiar el clima? Pues lo están haciendo. –Su tono era de total preocupación. –Jack se quedo haciendo una de las guardias después de que tú y yo nos quedásemos dormidos, y pudo presenciar como de repente las nubes se cernían sobre nuestras cabezas y creaban esos remolinos tan espantosos. Debemos seguir andando y alejarnos de los Próximos lo máximo posible.

-Pero no podemos ir por ahí sin saber por qué zona pueden estar. –Solté mientras me levantaba.

-Debemos arriesgarnos. Es mejor movernos que quedarnos aquí.

De repente empezaron a sonar relámpagos, pero no se veía ni un rayo. Todos estábamos listos. Recogimos nuestras cosas y salimos corriendo de ahí. Estuvimos corriendo unas cuantas horas a un ritmo favorable, pero aun así esas nubes no desaparecían. Más que alejarnos parecía que nos acercábamos más a los Próximos. Hicimos un descanso para beber agua y rellenar las botellas en un riachuelo que encontramos. Mientras rellenaba mi botella se me acerco Paula.

-Hola. –Dijo con una sonrisa muy amplia.

-Hola Paula.

Paula se sentó a mí lado y empezó a hablar.

-¿Puedo hablar contigo? –Preguntó.

-Claro que sí. –Le dije.

-¿Emma sufrió? Al morir quiero decir. –Dijo sin quitar la vista del riachuelo.

-Al morir dudo mucho que hubiese sufrido. El rastreador le clavó esa cola acabada en un hacha en todo el pecho y pude ver como dejaba de moverse. –La imagen del rastreador clavándole el hacha a Emma en el pecho vino a mi cabeza de golpe.

Paula no dijo nada, así que decidí seguir hablando yo.

-¿Os conocíais?

-Emma era mi amiga. Como todos los que estamos aquí, somos de la ciudad. Emma y yo nos conocíamos desde hace seis años. Cuando nos enviaron el mensaje de que teníamos que participar en las pruebas de Los elegidos, jamás pensamos que lo haríamos juntas. –Hizo una pausa. –Antes de meternos en aquellos ascensores cilíndricos nos hicimos prometer que cuidaríamos la una de la otra. No pude cumplir mi palabra.

-No es culpa tuya que muriese, no podías haber hecho nada. –Dije con un tono sereno, esperando que pudiese tranquilizarla.

-Ya lo sé, pero no puedo quitarme de la cabeza que debería de haber hecho algo en su debido momento.

-Paula, tú no tienes la culpa de nada. La culpa la tienen esos estúpidos que nos hacen esto.

-Jamás pensé que estas pruebas fuesen a ser así de violentas. Nunca nos avisaron antes de eso. –Por primera vez desde que se había sentado, me miro a la cara. –He perdido a mi amiga Jordan y no sé que voy a hacer.

En cuanto termino de decir esas palabras rompió a llorar. La rodee con los brazos y la tranquilice como pude. Jack grito que teníamos que seguir hacia delante. Aparte la cabeza de Paula de mi pecho, le mire a los ojos y le dije:

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