Reencuentros

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Vale lo reconocía, Nil Martínez era el mejor polvo de su vida, y para ser sincera, recordar aún un casquete de hacia unos diecinueve años era si más no decepcionante, por no decir patético a sus casi treinta y siete. Sobretodo si tenía en cuenta que seguía escribiendo en su diario...

La reunión de ese día con sus amigas la habían llevado a pensar en todos esos recuerdos. Resopló apoyando la cara en la mano con los mofletes hinchados y pensó que quizás si había llegado el momento de darle un nuevo rumbo a su vida. Desde que terminó la carrera y entró en el juzgado no había hecho más que trabajar, apenas salía o se divertía en el sentido de darse una alegría. Si no fuese por las chicas que la anclaban a la realidad en medio de la locura se podría decir que su vida social se reducía a cero. Miró la hora en el reloj de la mesilla y se vistió dando carpetazo al diario, necesitaba una copa y a un par de calles había un club en el que hacían los mejores combinados de la ciudad. Se calzó los zapatos de tacón tras aguantar el equilibrio dando precarios saltitos alcanzó su bolso, las llaves del platito y cerró la puerta. En cuanto llegó localizó un sitio frente a la barra y se lo agenció, en cuanto le sirvieron su boca se adueñó de la pajita tras remover y succionó.

Al final ya no sabía cuantas horas llevaba allí dándole vueltas a todo cuando un grupo de chicos se acercó a la barra, como era de esperar iban charlando y riendo mientras uno de ellos hacia el pedido. Tenía una voz bonita, profunda así que su cara se volvió hacia él que la miró en el mismo instante en que sus ojos lo recorría. Sonreía, eso era lo único que procesaba la mente de Anne tras la fusión inicial. ¡Por todos los cielos como estaba el chico!

Pero un momento... Esos labios y esa sonrisa...

-¿Nil?- su voz mostraba la misma incredulidad que reflejaba su rostro.

No podía creerlo, era él y era...¡Dios! Inevitablemente su cuerpo la transportó al momento que había ocupado su mente las últimas horas e inevitablemente se incendió. Sus mejillas debían ser dos manzanas mientras su centro cosquilleaba cobrando vida. Su piel se sensibilizaba con su cercanía. ¿Sería capaz de ver que aún pensaba en él? ¿Se acordaría de ella o sería un encuentro patético en el que quedaría como una solterona?

-Anne, que bueno verte. Hacia años... ¿Qué tal todo? ¿Qué fue de ti?

-Me hice juez-rodó los ojos manteniendo esa sonrisa nerviosa que decía:"si, lo se. ¿Qué lo cura no?"

-Vaya-silbo repasándola con una mirada que su cuerpo recibió como una descarada caricia furtiva y ardiente-que sexy.

Un poco más y Anne se atraganta con su Hot Daiquiri.

-Creo que te llaman tus amigos.

-Espera un segundo, no te muevas de aquí- dijo llevando las cervezas a la mesa que habían ocupado sus colegas y regresó tirando literalmente de ella llevándola a la mesa -Chicos ella es Anne.

Anne saludó con su mejor sonrisa tratando de tragarse la vergüenza y se sentó junto a Nil una vez le hubo presentado a los presentes.

-Anne, no jodas que es TU Anne, ESA Anne- la miró el tal Xavi, supuesto mejor amigo de Nil y abogado al que había visto de pasada en una ocasión en el juzgado.

Por suerte ella no había juzgado el caso menos mal.

Nil se tensó visiblemente nervioso con una risita que escondía una de esas amenazas entre líneas dirigidas a su amigo y ella arqueó la ceja interesada. ¿Se referiría a lo mismo que su desbordada imaginación? ¿Le habría contado eso de hacía diecinueve años?

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