-¿Cómo se lo tomaron tus padres? - Pregunté a  America. 

Estabamos en mi casa, había pasado dos días desde que América dió la noticia a sus padres. En dos días no sé como lo había hecho, pero había adelgazado un poco y estaba más pálida que de costumbre, me estaba empezando a preocupar. 

- No muy bien, mi madre se puso a llorar como una magdalena, mientras que mi padre no es capaz de mirarme a la cara -Suspiró - No sé que voy a hacer Brook...

- ¿Les dijiste quien es el padre? o ¿has hablando con Charlie? - Pregunté.

- Hablé con Charlie, quedamos ayer, el muy imbécil se creía que iba a repetir con él. Cuando se lo dije se quedó de piedra, casí como yo cuando me enteré. Me dijo que me iba a ayudar, que no iba a ser un cabrón  como otros.

Por un momento me sentí felíz. América sabía que yo la iba a ayudar en lo que hiciera falta, pero Charlie era el padre, y él tenía el mayor peso en esta situación, y me alegro de que fuera a cuidar de su hijo, y que no se marchase como otros, que dejan a su suerte a chica con el bebé, sabiendo que ellos también habían tenido el 50% de culpa en eso. Me parecen repulsivos. 

- Eso es bueno Ame, no serás tu sola- La cogí de la mano haciendo un gesto de que la apoyaba, no iba a dejar a mi mejor amiga de lado, ni en los peores momentos. 

- Pero Brooklyn, ya no podré volver al instituto... no puedo presentarme el primer día con un barrigón.. Eso es una de las peores cosas de esto, la gente hablará más de lo que puede respirar, solo se escucharán cosas como ''¿Sabéis? América se ha quedado embarazada?'' y cosas peores y no sé si podré con eso. - Una lágrima recorrió el rostro de América, esto la estaba superando, era yo que estaba agobiada, no me imagino como estará ella. - Y sobretodo, voy a ponerme como una foca, tendrás que llevarme con un remolque hasta tu casa siempre que quiera venir a verte. 

-Nos pondremos gordas juntas, ¿vale? - Reímos- Y por lo del instituto, alomejor puedes dar clases en tu casa, tampoco es un problema, yo estaré allí cada dos por tres. 

Me abrazó, y yo la devolví el abrazo, no podía dejarla de lad, nunca.

- Cambiando de tema, ¿tú y Scott? - Preguntó ella, no sé como, pero siempre salía el mismo tema. 

Suspiré y bajé la cabeza, y la conté lo que casi pasa en casa de Scott ayer.

- No sé si me sorprende más que casi tienes sexo con él en su casa después de lo que me ha pasado o que el te parase o que te sientas atraída por él solo después de una semana de cortar con Dylan. 

- Gracias Ame, no me sentía tan mal hasta que has dicho eso. - Ruedo los ojos y me tiro de espaldas a la cama. 

- Brook, sabes que siempre te apoyaré sea cual sea tu elección, pero, ¿sólo quieres a Scott para librarte del gilipollas de Dylan? 

Mi cerebro iba a gacer ''pum'', literalmente. 

- No sé, antes de romper con Dylan me empecé a sentir atraída por Scott, y cuando rompí con Dylan solo le besé, no sé si será porque vivimos en la misma casa o porque mis sentimientos de hace años vuelven a su cauce o es que me estoy volviendo loca, solo quiero tener mis sentimientos en una línea recta, sin curvas ni obstáculos. 

-Bienvenida al club, hermana.

América cayó al lado mio en la cama, estábamos mirando al techo, como si nada.

- Podemos hacernos lesbianas, seríamos compatibles, además nos caemos bien, seríamos la pareja perfecta- Sugirió América. Empezamos a reír como locas, relajando tensiones. - Tu tendrás que ser el chico B, soy yo la que lleva el bombo.

- Claro, amor mía, voto por esa opinión - Giró la cabeza y me quedo mirándola - En realidad no puedo, me van más los penes. 

Las risas eran incontrólables, aun que no hiciera gracia, así eramos nosotras, unas putas cabras.

Dos sonidos en la puerta sonaron, y se abrió, apareciendo mi madre detrás de ella.

-Brook, acaban de dejar una carta con tu nombre, da gracias a dios que no la he querido abrir. - Levanté la cabeza, extrañada, ¿una carta? 

Me levanté de la cama y la recogí, volvíendo a mi sitio de antes, al lado de América. 

-¿Una Carta?- Preguntó lo mismo que yo segundos antes había pensado en mi cabeza. - ¡Trae!

Me la quitó de la mano, todavía seguía extrañada porque no tenía remite.

''Hola, Brooklyn...'' 

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