Su expresión de alegría me hizo sentir cosquillas inexplicables en el estómago.—Buscaré por todas partes entonces.

—Pues andando.—Dije con el mentón en alto y ambos salimos del pasillo para adentrarnos en el espacio abierto.

En mi campo de visión no tardaron en aparecer mis amigos en grupos divididos, las chicas por una parte bailando como si ya estuvieran sumamente borrachas y los chicos coqueteando con las nuevas. Todo estaba tal y como lo había dejado, excepto una cosa.

¿Dónde se había metido Zane?

Se suponía que estaría con la chica nueva en el grupo de nuestros amigos, pero ni ella ni él se encontraban con ellos.

Arrugué mis cejas mientras buscaba con la mirada a mi alrededor, por si se habían movido hacia los sofás, pero simplemente no aparecían por ninguna parte.

—¿Todo bien?—La voz de Noah me sacó de mis pensamientos y me giré para verlo parado un metro delante de mí.—¿Por qué frenas?, ¿buscas a alguien?

—Sí, a un amigo, pero creo que está... ocupado.—Dije arrugando la nariz al imaginar que Zane ya se debía estar tirando a la nueva.

Noah asintió y caminé nuevamente a su lado, llegando a la cocina a duras penas tras esquivar a varios de los adolescentes ya ebrios y que apenas podían mantenerse en pie.

—Si yo fuera agua, ¿dónde estaría?—Se preguntó el chico de ojos celestes mientras hacía una expresión pensativa y yo luché por no reírme, pero él me notó temblorosa.—¿Qué?

—¿En el refrigerador tal vez?—Solté irónicamente mientras me cubría la boca con ambas manos y dejaba escapar risas inevitables.

—¿Me tomas por tonto, verdad?—Preguntó Noah con el ceño fruncido y eso fue lo que me hizo estallar en carcajadas, pero él se cruzó de brazos molesto.—Se nota que eres nueva en esto.

—¿Nueva... en q-qué?, oh Dios.—Balbucee entre risas y acaricié mi estómago, sintiendo como dolía.

Noah se acercó al refrigerador como yo dije y cuando abrió la puerta, mis carcajadas cesaron enseguida al verlo todo lleno de alcohol. Literalmente cada milímetro del interior del electrodoméstico estaba ocupado por latas y botellas pequeñas de cerveza.

—En las fiestas, sobre todo las que son tan grandes como esta, los refrigeradores se vacían de comida y bebidas sin alcohol para guardar... bueno, el alcohol.—Me explicó encogiéndose de hombros y con el brazo descansando sobre la puerta.

—El mundo actual está loco para dejar bebidas en lugar de comida aquí dentro.—Bufé triste.

—Se hace eso antes de empezar una celebración.

—¡¿Y qué pasaría si tuvieran helado?!, ¡¿dónde guardan la bendita crema congelada de colores para que no se derrita, eh?!

—Preguntáselo a los anfitriones de la fiesta, yo no sé tanto.—Respondió con miedo ante mi reacción luego de cerrar la puerta.

Solté un suspiro frustrado y miré a Noah con pena.—Lo siento, es que esta situación me pone los pelos de punta.

—Tranquila, te entiendo.—Contestó sonriendo y yo arquee una ceja.—La comida es un tema serio.

Abrí levemente la boca por sus palabras y un chispazo aún más grande que el de antes se formó repentinamente en mi pecho.

¿Qué demonios fue eso?

—Yo... eh...—Balbucee mirando a Noah algo nerviosa, por alguna razón parecía haber olvidado cómo hablar.

—¿Sigues queriendo el agua?—Me preguntó al ver que no podía acabar mi frase y yo solo asentí desviando la mirada al sentir mi cara arder de vergüenza.

10 reglas para enamorarse [Pausada temporalmente]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora