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CAPÍTULO 4: NOAH Y HAILEY.

El chico que acababa de salvarme sujetó unos segundos más a mi atacante hasta que este último se retorcía con la intención de zafarse, pero esto fue en vano ya que el otro chico lo sostuvo fuertemente de una manera que no podía mover sus brazos.

—¡Suéltame!—Exigió el chico ebrio sin saber qué más hacer.—¡Noah ya!—Agregó cuando pudo ver a mi rescatista y yo sentí confusión porque él sabía su nombre, aunque claro, yo no conocía a ninguno de los dos realmente, jamás los había visto antes así que no era tan sorpresivo ver que se conocían.

—Discúlpate con la chica.—Le exigió el que al parecer se llamaba Noah, no en un tono amenazante, pero sí serio. El otro no dijo nada e intentó forcejear una vez más pero su movimiento pareció dolerle porque soltó un grito.—Podemos estar así toda la noche si no lo haces, Shane.—Advirtió a mi atacante, cuyo nombre acababa de saber.

Shane dudó un poco pero finalmente soltó un gruñido y seguidamente paró de forcejear, rodando los ojos antes de verme molesto.

—Lo siento.

—¿Lamentas qué?—Preguntó Noah antes de echarme un vistazo.

—Vamos hermano, solo fue un juego.—Se quejó Shane mientras se tambaleaba aún sostenido por Noah, quien lo empujó levemente para que este siguiera.—Bien.—Aceptó de mala gana y volvió a fijarse en mí mientras armó una sonrisa falsa.—Lo siento nena, me habías parecido bonita y bueno, perdóname, no pensé que te asustaría acorralándote en un pasillo oscuro.

—Entonces no piensas.—Inquirí torciendo mis labios en disgusto y Shane frunció su ceño.

—¡Oye!, ya te dije que lo siento, ¿qué más quieres?—Dijo con tono enojado pero otro empujón de Noah lo obligó a calmarse.—Ya, como sea, pensaré en mis acciones y todo eso.

—Me parece genial.—Alegó Noah con una sonrisa y seguidamente lo soltó.—Pero ya no tomarás más alcohol por el resto de la noche, ¿de acuerdo?—Le ordenó y Shane no respondió.—¿Me oíste?—Insistió y Shane asintió torciendo sus labios.—Bien, ahora puedes ir a divertirte y cuida lo que haces, estaré vigilándote.

Shane chasqueó la lengua y se alejó de mi vista, dejándome a solas con la persona que acababa de salvarme de cosas horribles que no quiero imaginar.

—¿Estás bien?—Me preguntó amablemente, dando un paso hacia mí y cuando asentí, él me dio una sonrisa triste.—Lamento mucho esto.

—No tienes por qué, me salvaste.—Le dije devolviendole la sonrisa.

—Mi hermano es un idiota cuando bebe, así que tengo que estar pendiente de lo que hace la mayoría del tiempo y bueno, heme aquí.—Explicó soltando un suspiro y me ofreció su mano.—Soy Noah Evans.

—Melissa Quinn.—Me presenté estrechando su mano.

—Un lindo nombre para una linda chica.—Comentó sonriente y viéndome directo a los ojos, haciéndome ver que los suyos eran de color celeste, y eso me hizo sentir un chispazo en el pecho a la vez que mi cara ardió. Noah pareció notarlo porque carraspeó soltando mi mano y desviando la mirada.—Eso fue incómodo, perdona.

—No, descuida.—Musité intentando relajar mis palpitaciones repentinas y él volvió a sonreír pero de alivio.

—Así que Melissa...—Habló nuevamente.—¿Te parece si vamos a por unas bebidas?, digo, solo si quieres, es que me gustaría charlar contigo un rato más, bueno, quiero decir, también compensarte de alguna manera por el accidente de mi hermano.

—No bebo alcohol.—Le informé, él se mostró sorprendido y decepcionado al mismo tiempo por haberme invitado a eso pero enseguida continué.—Pero si encuentras agua, con gusto te acompaño.

10 reglas para enamorarse [Pausada temporalmente]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora