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Dejo el vaso de plástico vacío en el suelo y miro fijamente las paredes de la comisaría analizando que hago aquí. Cuando nos han traído en el coche patrulla, uno de los policías me ha informado que solo llamarían a nuestros padres. No era necesario encerrar a Dylan ya que era su primer delito, pero para que escarmiente han decidido meterlo en una celda que comparte con otras tres personas más.

Dylan está tumbado bocarriba en uno de los bancos, su mirada está fija en el techo y no ha dicho nada desde que llegamos aquí, aunque mejor así porque si pudiera le diría unas cuantas cosas.

El policía se levanta de su silla y abre la puerta de la celda.

—Muchacho, ya puedes salir, tus padres están aquí.

Dylan se detiene cuando ve a Will y mi madre en la puerta de la comisaría, no parecen muy contentos de vernos. Will se disculpa por tercera vez ante el policía y mi madre sostiene la puerta para que salgamos, sé que está decepcionada, pero yo no tengo nada que ver en esto.

—No te creía capaz de tanto Dylan, no solo te has emborrachado sino que te han detenido por contestar a un policía.

—Estoy muy decepcionada contigo Madison —mi madre me mira y niega con la cabeza —, dijimos que fueras a la fiesta con Dylan para vigilarlo no para que los dos acabarais borrachos.

Gracias mamá, una vez más estás imaginando algo que no es verdad.

—Para vuestra información, solo he bebido un sorbo de cerveza — cruzo mis brazos.

—Pero él —mamá señala a Dylan—, no se mantiene en pie.

—Eso no es mi culpa —refunfuño—, él es responsable de sí mismo, no me podéis pedir que cargue yo con él.

—¡Parad! —Will detiene el coche en el garaje—. Dylan, mañana hablaremos sobre tu castigo.

—Esto es increíble — Dylan sale del coche y pega un portazo.

Subo las escaleras hasta la entrada y me dispongo a subir a mi habitación, pero la voz de mi madre me detiene.

—Madison, la cena está servida.

—Se me ha quitado el apetito.

Subo directa a mi habitación, cierro la puerta y me tumbo sobre la cama, el móvil empieza a vibrar dentro de mi bolso. Lo enciendo y miro la pantalla, es un mensaje de Joshua.

Joshua: Lo de esta noche fue extraño, debo disculparme por si hice algo mal. Yo solo quería pasar un rato contigo.

Madison: No era un buen momento.

Tarda unos minutos en contestar, cuando llega el mensaje lo leo atentamente.

Joshua: Conozco perfectamente a Dylan cómo para saber que no me dejará acercarme a ti, es muy protector con la gente que le importa.

Apago el móvil y lo dejo sobre la mesita, dejo la ropa doblada sobre la silla y me pongo el pijama. Intento descansar pero no paro de pensar en lo que ha pasado hoy, Dylan consigue confundirme de tal manera que ya no sé con qué me va a salir la próxima vez.

  ***

Termino de arreglarme y miro la hora, Erika va a venir a por mí en diez minutos y solo tengo que desayunar antes de irme. Bajo las escaleras y entro en la cocina. Carmen aún no ha llegado y nadie está despierto, saco un vaso del armario y me sirvo un poco de zumo.

Ayer planeamos ir las tres juntas al club de campo con el padre de Harper y no puedo estar más emocionada, no hay otro lugar donde quiera estar hoy, adoro el club de campo.

Erika toca el claxon para indicarme que ya está aquí, cojo mi bolso y salgo de casa. Camino hacia el coche de Erika, baja la ventanilla y me mete prisa. Subo y beso su mejilla, hoy está más animada que el otro día.

Salimos del vecindario y en el trayecto hasta el club les cuento lo que paso el otro día con Dylan.

—Estoy sorprendida.

—¿Qué?

—He ido a muchas fiestas donde estaba Dylan y nunca le he visto beber.

—Es cierto, Dylan nunca bebe en las fiestas —dice Erika confirmando la información de Harper.

—Por eso digo que me sorprende.

Cuando llegamos al club aparca el coche en el parking de socios, cogemos del maletero nuestras mochilas y caminamos hacia el vestíbulo.

—Buenos días.

Me giro encontrándome a Joshua a cinco centímetros de mí.

—Hola —miro la ropa que lleva y le pregunto—. ¿Eres socio del club?

—Yo no, pero mi familia sí, venimos todos los fines de semana.

—Menuda coincidencia entonces, porque las veces que he venido no me suena haberte visto por aquí.

—Siempre estoy en el campo de golf, prácticamente vivo ahí —Joshua se ríe tras su comentario—, ¿quieres venir a jugar conmigo?

—Estoy con mis amigas, ¿otro día?

—Claro.

Joshua se acerca a mí y besa mi mejilla, nos despedimos y pasa por mi lado provocándome un escalofrió.

—¿Sabias que la familia de Joshua es socia del club?

Harper me mira y asiente.

—¿No te lo había dicho?

Niego con la cabeza y miro a Erika, está rasgando las cuerdas de la raqueta con las uñas. Rodeo su brazo con el mío y nos dirigimos a la pista de tenis, el señor Edwards es muy bueno jugando al tenis y siempre nos deja ganar a nosotras.

—No tendré piedad esta vez.

El señor Edwards se ríe y nos señala con la raqueta a modo de advertencia. El partido avanza muy reñido pero en el último set Harper y su padre marcan el punto que les lleva a la victoria.

Cuando salgo del vestuario las chicas han desaparecido, las espero durante un buen rato en el vestíbulo pero no aparecen.

—¿Esperas a alguien?

—Sí.

Joshua deja su mochila en el suelo y se sienta en uno de los sofás que hay en frente de mí.

—¿Quieres que te lleve a tu casa?

Por un segundo pienso en decirle que no pero su propuesta tan poco es tan mala. Subimos a su coche y salimos del parking, conecta la radio y descubro que es un amante del Blues. Detiene el coche enfrente de la puerta, me desabrocho el cinturón y abro la puerta.

—Gracias por traerme.

—No tienes porque darlas, buenas noches Madison.

—Buenas noches.

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