Un día es un día

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Un día es un día

(Por todos aquellos días horribilis en los que hubiera sido mejor no levantarse)

Leila Milà

Abrió la puerta de casa por quinta vez ese día y lanzó el bolso junto a los zapatos al suelo del recibidor, ahora mismo le importaba un pimiento el orden, la limpieza y todo lo demás.

Lo único que quería era un momento de paz y que la cabeza dejase de atormentarla. Se froto el pie derecho libre de los tacones y anduvo descalza hacía el baño. Accionó el mando del agua caliente y hecho un chorro de jabón y sales que enseguida crearon espuma llenando el habitáculo con su relajante aroma.

El espejo se empañó y Lydia se arrancó más que sacó la ropa que llevaba liberándose el cabello del tenso recogido de camino entre la habitación y el baño.

Encendió un par de velas, reguló la luz y encendió el reproductor del salón, esta vez no pensaba abrir la puerta ni aunque le quemasen el timbre, sí la molestaban era capaz de gritar hasta quedarse morada.

Si es que, ese refrán de que hay días que es mejor no levantarse le iba como anillo al dedo, ese pues, era uno de esos días.

No sólo había tenido que pelearse con el guardia de seguridad de la oficina del paro sino que encima tuvo que recorrerse medio pueblo de un lado a otro haciendo gestiones, el teléfono echaba humo, su hermana se había puesto enferma, el canguro de Paula fallado y el coche muerto. ¡Oh sí! Y no debía olvidarse de las tostadas quemadas, ni del zumo que le echó encima Sofía.

Para colmo, el primer día de presidente, se encuentra que al llegar a casa todos la estaban buscando pro que se estaba inundando el bajo del edificio ¡¿Es qué nadie sabía hacer nada sin ella o qué?!

Se metió en el agua caliente dispuesta a relajarse y sacarse la discusión con una de las vecinas y cerró los ojos.

en serio que iba a estallarle la cabeza de un momento a otro, no podía más, había llamado a la cuba, limpiado todo, fregado, barrido, planchado y encima llevaba tres días metida en la cocina preparando cosas para Navidad y aún no sabía muy bien por que.

¡Dios como le gustaría ahora tener un hombre que le diese un masaje en la agarrotada espalda! Le dijese cosas bonitas y le tuviese preparada la cena al salir del baño flotando.

Pero no, su último lío estable resultaba que se tiraba no sólo a su ex amiga sino que, no teniendo suficiente también se lo hacía con la otra vecina ¡y la hermana de ésta!

Si es que no tenía suerte, debía tener una tara o una etiqueta pegada a la frente rezando: PRINGADA.

Necesitaba volver al trabajo y cuanto antes o acabaría majara pérdida.

Hacer malabares con las cuentas era algo que tenía más que superado, pero estar todo el día en casa y salir en busca del empleo imposible era desalentador.

__Sólo serán unos meses__había dicho el capullo de su jefe.

¡Y una mierda pinchada en un palo! El tío se había fugado a la Patagonia con la secretaria con toda la pasta, por que claro, ella tan digna no había querido chupársela.

¡Así le iba todo!

Sólo le faltaba oír la retórica de su otra hermana diciendo que quién no se pone de rodillas no consigue nada ¡no si aún tendría razón la muy imbécil!

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