capítulo 31

El chorro de luz golpeó a Francine en el pecho y la impulsó hacia atrás hasta chocar cntra la fría y dura pared de piedra. El desastroso grito de Frank ensordeció los oídos de la mujer mientras este se lanzaba al suelo esperando encontrar un atisbo de vida en su gemela.

Sus llantos incontrolados fueron un durgo golpe para la señora mientras escuchaba el tenue latido del corazón de la niña, el cual quedó totalmente mudo en el momento en el que Frank posó su frente sobre la de su hermana.

La muerte de la pequeña pelirroja era ya un hecho.

La rabia que lo consumía era, sin duda, incontrolable. Aquellos ojos verdes de su hermana que le fascinaban ya no tenían color. Habían perdido toda su vida. Francine está muerta, le decía una voz en su cabeza.

Frank vio por el rabillo de ojo que aquella bruja de ojos rasgados se acercaba peligrosamente a ellos. El niño se levantó y encaró a la mujer con descaro:

-La mataste, maldita arpía -siseó entre dientes- ¡Mataste a mi hermana, condenada infeliz!

La mujer se sobresaltó, pero ignoró los insultos con frialdad.

-No está muerta, niño estúpido. No tendría tanto poder para matar a alguien -replicó- Lo único que he hecho es transportar su alma a un plano paralelo.

-¿Qué diferencia hay? -quiso saber escéptico.

-No destrúí su alma, niño, solo la envié de vacaciones temporalmente.

-¡Tráela de vuelta y deja de burlarte de mí! -vociferó Frank.

-¡No puedo! -gritó la mujer enfadada- ¡No puedo! Necesitaría otra alma para traerla de vuelta.

Frank no comprendió sus palabras hasta que le llegó una frase de la tía Amaru, que le había dicho hace años: "Nunca entregues tu alma al diablo, niño. Porque si quisieras recuperarla, otra vida se perdería. Es un intercambio maldito".

-¿Y si te doy mi alma? -titubeó Frank- ¿La salvarías?

La anciana bruja observó la entristecida mirada de Frank y sonrió de medio lado.

-¿Estás dispuesto a morir por ella?

-Ella hará grandes cosas, lo sé. Quiero que ella viva.

Nefcy sonrió y asintió levemente:

-No entregaré tu alma, Frank, no lo mereces. Daré mi alma, pero esto incluye una serie de condiciones: cuando ella despierte, tú y yo nos iremos. Serás mi hechicero a partir de ahora. Ella no se acordará de ti, tus padres tampoco. No pienses en buscarla, mucho menos en devolverle la memoria o morirás.

-¿Podré verla algún día?

-El día que yo muera, todo mi poder será cedido al infierno y ella recuperará su memoria. Tú podrás renirte con ella, si es que sigues vivo.

-Pero... Si vas a intercambiar tu alma con la de ella, ¿no morirás igual que ella ahora?

Nefcy se rió escandlosamente.

-Cielo, soy una bruja, no una humana cualquiera. Yo puedo seguir viviendo sin alma, ella no. Despídete de ella.

Frank obedeció y se aproximó a su hermana. Posó sus labios sobre su frente y cerró los ojos:

-Te quiero, hermanita. Volveré, Cisne, lo prometo.

Agarró su mano y una lágrima rozó la piel fría de su hermana. Antes de soltarla, sintió un apretón de parte de Francine. Abrió los sorprendido y miró a su alrededor esperando ver a la bruja, pero esta se hallaba en la habitación contigua, haciendo un conjuro para el intercambio de almas.

Dirgió su mirada a Francine pero esta permanecía con los ojos cerrados. Entonces se dio cuenta de que su mano habái comenzado a brillar. Observó y esta tenía pequeña marca: la misma marca que Amaru les había dicho que pertencía a los maestros.

No queriendo que todo lo que la bruja dijo que sucedería pasara, Frank buscó entre sus pociones buscando alguna que le sirviera de ayuda. Entonces la encontró. Un pequeño bote con l´qiuido rosa en su interior. Hizo que su hermana se lo tragara antes de que la bruja los pillara in fraganti.

Cuando este se levantó, la bruja salió a su encuentro:

-Vaámonos -ordenó.

Frank le dirgió una última mirada a su hermana. Solo rezaba porque la poción funcionara.

Antes de desaparecer tras un humo negro, Frank gritó:

-¡Volveré a por ti, Cisne!

Le pareció escuchar que Francine le contestaba, pero no pudo verla. Todo se fundió en una infinita negrura.

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