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Erika entra en mi habitación dando saltitos, se sienta a mi lado y me da un abrazo.

—Espero no explotar nada—empieza a reír.

—Te he invitado para hacer pruebas no bombas.

Me coloco las gafas y le doy una a ella.

—Bien —hago una pausa —. Empecemos.

Erika coge uno de los tubos que tiene enfrente de ella, el líquido azul empieza a moverse de un lado a otro, niego con la cabeza y lo suelta. Cojo el líquido rojo y lo echo sobre el tubo de ensayo, Erika mira sorprendida todos mis movimientos.

—¿Qué has echado ahí? —señala el liquido rojo.

—Es Bromo, ¿has mirado alguna vez un libro?

Erika golpea mi brazo, rio levemente y sigo con el experimento, mezclo el bromo con el hipoclorito de sodio, el color rojo se desvanece y se queda el liquido trasparente.

—Experimento conseguido —sonrió y dejo las gafas sobre la mesa.

— ¿Ya has acabado? —me dice sorprendida.

Encojo mis hombros y suelto una leve carcajada.

—¿Vas a asistir este verano a algún campamento de química?

—No, supongo que me quedare aquí en casa.

—No sabía que fueras experta en todo esto —señala el material de laboratorio que tengo en mi habitación.

Alguien llama al timbre, Erika me mira y enarca la ceja.

—Es Harper, la he invitado también a comer.

Las dos bajamos y Erika se encarga de abrir la puerta por mi, las dos me acompañan al comedor y se sientan en las sillas.

—¡La casa es grandísima! —grita Harper.

—No exageres.

Carmen entra en el comedor y nos deja a cada una un plato de pollo frito, le damos las gracias y vuelve a entrar en la cocina. Harper nos cuenta sus problemas mientras comemos. La conversación da un giro repentino cuando empiezan a hablar sobre cual chico del instituto encajaría conmigo, yo me tapo los oídos con las manos y cierro los ojos.

— Joshua Peterson —dice Harper.

Miro fijamente a Harper, ¿está loca?

—Alto, rubio y sus ojos, no olvidemos sus ojos.

—Es demasiado popular para encajar con mi tipo de chico ideal.

—No, mejor Tommy Mikels.

—Chicas, ¡parad ya!

—¿Por qué? —pregunta Erika.

—Os recuerdo que vamos a empezar la universidad, ¿para que molestarme en salir con chicos del instituto?

—También es cierto, las universidades destacan por la variedad.

Niego con la cabeza y me centro en mi comida ya tengo mi vida planeada primero acabare mis estudios en la Universidad de Medicina de Nueva York y claramente en esos planes no entra ningún chico.

—Os recuerdo que vosotras tampoco tenéis novio —les señalo con el tenedor.

Erika se atraganta con la comida, coge la botella de agua y bebe rápidamente.

—¿Erika estas bien? —pregunto preocupada.

—Sí.

Erika mira para otro lado, conozco perfectamente a mi amiga como para saber que algo le pasa.


                                                                                   ***

—Procura que llegue bien a casa.

—No tendriamos que haberla dejado tomar tanto.

—Te recuerdo que ella solita las ha cogido de la nevera, cuidaros —Harper suelta mi mano y casi se cae de bruces contra el suelo.

Erika carga el brazo de Harper en su hombro, camina directa al coche y le ayuda a subir. Abre la puerta del conductor y se sienta, arranca el motor y baja las ventanillas, Harper asoma la cabeza y se despide de mí.

Entro en casa y cierro la puerta, dentro reina el silencio. Me quito las zapatillas y las tiro al suelo, entro en la cocina y miro la nevera, no hay nada que me apetezca más ahora que un trozo de pizza. Alargo el brazo y cojo el bote donde mi madre siempre guarda un poco de dinero, cojo diez dólares y marco el número de la pizzería.

Tardaran media hora en venir, subo las escaleras y me doy una ducha rápida. Me pongo ropa más cómoda y bajo corriendo a abrir la puerta, el pizzero me entrega la caja, le doy el dinero y algo de propina, se despide y cierro la puerta.

Dejo la caja sobre la mesa y la abro, cojo una porción y la degusto con rapidez. Pienso en Dylan, no sé si ha cenado o no, le dejo varios trozos y me tumbo en el sofá. Cierro los ojos y me tumbo en el sofá, quedándome dormida.

Abro los ojos asustada cuando escucho el ruido de la puerta, miro la hora en mi móvil, es muy tarde, enciendo la luz del salón y froto mis ojos.

La caja de pizza no está en la mesa por lo que me imagino que Dylan habrá llegado a casa, subo las escaleras a oscuras y entro en mi habitación. Me tumbo en la cama y cierro los ojos esta vez quedando completamente dormida.

Simplemente Dylan¡Lee esta historia GRATIS!