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Me despierto por culpa del ruido que hay fuera, salgo de mi habitación y me dirijo al salón. Todo el suelo está cubierto por cajas de cartón vacías, mi madre se levanta del suelo y se da golpecitos en la frente.

—¿Sabes donde he dejado mi móvil?

Niego con la cabeza y froto mis ojos, ayer me pase toda la noche despierta dándole vueltas a lo ocurrido, apenas he dormido dos horas seguidas. Ella camina hacia la cocina y coge su móvil de la encimera, regresa al salón y termina de empacar la última caja.

—Cariño, ¿me puedes explicar que ocurrió ayer?

—Nada.

—No puedes negar lo que vimos todos, Madison Morgan quiero una explicación ahora.

—Mamá, sabes que Dylan nunca me ha soportado, no es nada nuevo lo que me dijo.

—Ahora es tu hermano tienes que llevarte bien con él.

—Hermanastro.

—Me da igual, sabes nuestra regla.

—¿Cuál?

—Nunca te enamores de él, sois familia.

—No te debes preocupar por eso.

—Eso espero—se levanta y me empuja hacia mi habitación—. No perdamos tiempo, recoge tus cosas.

Entro a regañadientes y recojo todo en dos simples cajas, los libros, mi ropa y mi ordenador. Cuando está todo dentro de las cajas miro por última vez mi habitación que ahora está completamente vacía. Mi madre pasa corriendo por el pasillo y abre la habitación sin llamar.

—¿Estas lista? —hace un leve movimiento con la cabeza indicándome que salga.

Asiento y cojo las cajas, mi madre me ayuda y las cargamos todas en el coche. Mi abuelo aparca delante de la casa y mi abuela baja corriendo del coche, abre sus brazos y me atrapa entre ellos, le lanza una mirada de desaprobación a mi madre y suspira.

—No me parece bien que te fueras ir ya, ¿no pensabas esperarnos?

Mama suspira y cierra el maletero del coche, se acerca a nosotros y abraza a su padre.

—Will nos espera y tampoco nos vamos a vivir lejos, estamos a diez minutos de aquí.

Mi abuelo se acerca a mí me da un fuerte abrazo de despedida.

—Te voy a echar de menos.

—No hagan berrinches, pronto nos veremos de nuevo —mi madre sube al coche y toca el claxon.

Cuando cierro la puerta, automáticamente mi madre da marcha atrás para salir del garaje y posicionarse en la carretera. Recojo mi cabello en un moño y miro por la ventanilla, hoy hace un día perfecto, el sol está escondido entre las nueves y no hace mucho calor. Extiendo mi mano y conecto la radio mientras ella pone la dirección de nuestra nueva casa en el GPS. Está a las afueras de Seattle en uno de los barrios más ricos de por aquí.

Mi madre nunca ha sido la mejor conductora, más de una vez he sentido que iba a morir en un accidente por su culpa. Ella se vio obligada a sacarse el carnet después de la muerte de mi padre, ella apenas tiene sentido de la orientación, muchas veces me pregunto cómo no se pierde al ir al supermercado.

Mi madre chilla de emoción cuando para el coche enfrente de la gran puerta de la entrada, saca del bolso un pequeño mando y aprieta el botón. La puerta produce un sonido y poco a poco empieza a abrirse.

—Madison quiero que pidas perdón a Dylan.

—No quiero, lo que me dijo él tampoco estuvo bien.

No temas al amor¡Lee esta historia GRATIS!