Cuando llego al vestíbulo me encuentro con mi madre y Will que están esperándome en la puerta del hotel. Me acerco a ellos y recibo una mueca de desaprobación de ambos.

Desvió la mirada y meto la maleta en el taxi. Me siento en la parte de atrás con Dylan y me pongo los auriculares para aislarme de este ambiente tan tenso. Mi madre se sienta detrás con nosotros y Will en el asiento del copiloto, se pasa casi todo el trayecto hablando con el taxista sobre temas a los que ni siquiera le presto atención.

Cuando llegamos a nuestro destino Will rebusca en su bolsillo y saca el mando que abre la puerta que da acceso a casa. Nos bajamos del taxi y él le da el dinero que ha costado el viaje. Will y Dylan entran en casa por delante de nosotras. Mi madre tira de mi brazo antes de que entre para que me detenga y me quede con ella.

—Madison deberías pedirle perdón, pero esto no es solo culpa tuya, lo he estado hablando con Will y también voy a hablar con Dylan para que él te lo pida a ti.

—¿Y tengo que pedírselo yo por qué? Lo que me dijo él no estuvo bien y no es necesario que le digas nada mamá, esto no tiene solución.

—¿Por qué nunca haces nada de lo que te pido?

—Porque últimamente me pides mucho sobre Dylan y parece mentira que hayas aceptado que vivamos en la misma casa sabiendo cómo nos llevamos.

Se asombra y suelta un largo suspiro.

—Cariño, sé que te hizo daño pero míralo por el lado bueno —hace una pausa—. Will me ha dicho que no está mucho por casa. Son buenas noticias, ¿no?

Va a ser muy difícil llevarme bien con Dylan pero lo intentare. No quiero molestar a mi madre con nuestras peleas y si tampoco va a estar mucho por casa puedo intentarlo.

Han pasado casi dos meses desde que me enteré de que se iban a casar, todo ha pasado muy rápido desde que lo decidieron, no querían esperar. A mi madre tampoco se le ocurrió preguntarme si quería cambiarme de casa. A veces pienso que no me tiene en cuenta para nada. Yo estaba muy cómoda en mi antigua casa. Vale que no era tan grande como esta, pero yo estaba a gusto en ella.

Mi madre se pierde dentro del salón y está tan sumergida en la conversación que está teniendo con Will que ninguno de los dos me presta atención. Decido subir para sacar todas las cosas de las cajas y ordenar todo en mi nueva habitación.

Tras la puerta me encuentro con una habitación amplia y por qué no decirlo, toda mi antigua casa cabría aquí dentro. Es bastante acogedora y las paredes son de un tono pastel. En el centro hay una cama grande y junto a ella hay un gran ventanal desde donde tengo unas bonitas vistas del exterior. A los lados hay un armario y un escritorio, encima de este hay dos estanterías con libros que nunca había leído.

Mi madre entra en la habitación y la mira asombrada mientras deja las cajas con mis cosas en el suelo.

—¿Te gusta? Esta será tu habitación a partir de ahora.

—Es muy bonita —miro a mi madre y asiente con una sonrisa en los labios.

—Me alegro de que te guste. Estamos abajo por si necesitas algo —besa mi mejilla y sale de la habitación.

Abro la primera caja y guardo toda mi ropa en el armario. Ordeno todos los libros en la estantería y coloco mi ordenador sobre el escritorio. Enfrente de la cama hay una puerta que lleva al baño.

Dentro me encuentro con una bañera gigante que ocupa casi toda la parte izquierda del baño. Un lavabo al fondo y hasta tengo un armario para guardar todas mis cosas. Estoy bastante sorprendida con mi nueva habitación. Nunca había tenido baño propio. En mi antigua casa todas las mañanas me encontraba a mi madre ocupando el único baño que teníamos.

Abro el neceser y coloco todo perfectamente ordenado en el armario. Paso mi mano por el frío metal de la bañera y abro el grifo. No me vendrá mal tomarme un baño antes de bajar a comer. Me deshago de la ropa y me tumbo en la bañera. El agua caliente provoca que mi cuerpo se relaje poco a poco. Cierro los ojos y respiro hondo.

La muerte de mi padre marcó un antes y un después en mi vida. Mi madre había estado tantos años centrada en su trabajo que prácticamente fue mi padre el que nos crió a mi hermano y a mí. Cuando él falleció tuvo que dejar el trabajo y dedicarnos todo su tiempo. Ya éramos lo suficientemente responsables para estar solos pero mi madre decidió que nos mudáramos a una casa cerca de la de mis abuelos. Tuvo suerte y encontró un trabajo que le permitía estar en casa y a la vez pasar tiempo con nosotros.

—¡Madison la comida ya está preparada!

Los gritos de mi madre me sacan del trance. Con pocas ganas salgo de la bañera y me seco el cuerpo con una toalla. Entro en mi habitación y camino hacia el armario. Cojo unos pantalones de deporte y una camiseta básica negra. Cuando ya estoy lista bajo las escaleras y camino hacia el comedor.

Asomo la cabeza tímidamente y observo que mi madre y Will ya están sentados. En la mesa quedan dos sillas libres. Aparto la que hay al lado de mi madre y me siento. Carmen entra en el comedor y sirve cuatro platos.

Adoro a Carmen. Es una persona muy amable y trabaja en esta casa desde que Dylan nació, prácticamente lo ha visto crecer. Es una gran cocinera y se encarga de todo lo que hace falta en la casa de Will.

La puerta principal se abre y Dylan entra directamente en el comedor. Saluda a su padre y se sienta en la silla que hay enfrente de mí. Se frota el pelo dejándolo más despeinado de lo que está. Centra su mirada en el plato y lo aparta con la mano ganándose una mirada de desaprobación de parte Will.

—No tengo apetito.

—Te pasas todo el día cabreado con el mundo —dice furioso—. ¿Qué pasa contigo?

—Tú sabes lo que me pasa.

Dylan arrastra la silla y se levanta de la mesa. Detiene su mirada en mí durante unos segundos pero se marcha del comedor dejándome muy confusa.

Mi madre intenta tranquilizarle. Pone su mano sobre la suya y con el dedo pulgar le acaricia suavemente la palma. Sé que no quieren hablar de esto delante de mí por eso recojo mi plato y salgo del comedor. Paso a la cocina y le ofrezco una dulce sonrisa a Carmen.

—Ten paciencia con Dylan. Desde hace tiempo le cuesta confiar en la gente.

—¿Por eso actúa así con las personas que le quieren?

Asiente.

—Llevo trabajando en esta casa desde que Dylan era un bebé. Es la primera vez que le veo actuar de esta manera —Carmen cierra el grifo y se seca las manos con un paño—. Es cierto que nunca ha aprobado ninguna de las relaciones que tuvo su padre antes de conocer a tu madre. Está muy enojado con él e incluso consigo mismo.

Mi madre entra en la cocina interrumpiendo nuestra conversación y deja su plato sobre el fregadero.

—Voy a recoger la mesa, si me disculpáis.

Carmen se marcha dejándonos solas.

—¿Has hablado con Mat?

—No. ¿Debería?

Ella niega con la cabeza.

—No sé. Como no pudo venir a la boda y hace dos semanas que no sé nada de él.

—Siempre te preocupas demasiado. Estará bien —pongo mis manos sobre sus hombros para tranquilizarla—. Sabes que no le dieron permiso para venir a la boda, pero él no se la hubiera perdido por nada del mundo. Seguro que pronto tendremos noticias suyas.

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