—Ni siquiera te has ido y ya me siento abandonado—. Harry aún no dejaba que Louis se fuera. Jay estaba en el carro esperando a que estos dos terminaran, al fin, de despedirse sin embargo estaba comenzando a pensar que nunca se iban a despegar.

      —Regreso por las 7 o 8, amor— le dijo Louis. Harry hizo una mueca al leer aquello de los labios de su pareja y le dio un beso.

      —Bien, te dejo— se rindió quitando sus manos de las caderas de Louis. Cuando el castaño estuvo a punto de irse, lo tomo de su corbata y pego sus labios a los del castaño. Lamio y mordió un poco hasta que Jay hizo sonar el claxon. —Adiós amor.

      Louis sonrió yendo hacia el automóvil y tropezando un poco al estar anonado por el reciente beso que le había dado Harry. Se metió en el auto y Jay arranco. Harry se despidió con la mano de Jay y se metió de nuevo en la casa.

      Vio a Luigi y a Ciara andar por la casa y soltó una carcajada cuando Ciara chocó contra la pared. Se agacho y la tomo en brazos para empezar a hacerle mimos en el sofá. —¿Tienes hambre? ¿Quieres comer? ¡Claro que si bebe!

       La dejo en el suelo y se dirigió a la cocina donde coloco en las charolas rosadas la comida de ambos mininos. Observo como Luigi guio a Ciara hasta el plato y ambos animales empezaron a comer. Harry soltó un suspiro aburrido y dejo que sus pensamientos lo llevaran a querer saber qué tal se encontraba Louis en aquel lugar.

      ¿Estará bien en ese momento? ¿Ya habrán llegado?, pensó. Lo dejo pasar y pensó que el día era bueno como para darle una visita sorpresa a su hermana. Fue a su habitación corriendo dispuesto a meterse en la ducha e ir a visitar a Gemma.

       Al salir de su casa se ajustó un poco su suéter y camino a paso rápido. Sabía el camino de memoria, haber vivido ahí por casi 3 años le ayudaba mucho a ubicarse. Todo estaba tan tranquilo, y las hojas de los árboles caían y se desplazaban acorde al viento. Harry empezó a jugar en su mente contando cuantos carros rojos pasaban a su lado. Que infantil, pensó. Se observó su muñeca y por consecuente, observo su tatuaje y una sonrisa adorno su rostro.

       Louis.

      ¿Qué estará haciendo?

      Apresuro su paso al divisar el techo de su hogar, o el de su hermana. Su hogar ahora se encontraba en otra parte. Cruzo sus dedos deseando que su hermana se encontrara en casa, y al llegar, toco, exactamente, 3 veces la puerta. Nada. Harry casi podía sentir a alguien tras la puerta, pero incapaz de abrirle.

      —¿Gemma?— dijo, sin embargo sus expectativas de escuchar algo eran nulas. Él era un maldito sordo. Pero sentía a alguien tras esa puerta. Y las sombras que estaban en el suelo obstruyendo el paso de la luz no le decían lo contrario.

      Recordó que su hermana y el antes dejaban unas llaves de repuesto escondidas en una maceta, en el patio trasero. Esperaba que Gemma no le haya dicho nada a Jim como para que el chico las quitara de ahí o algo parecido.

      Soltó un suspiro y con pasos más cortos de lo normal —realmente ni él sabía porque estaba siendo tan cauteloso, no es que esté pasando nada haya adentro— camino hacia el patio trasero. Pero se dijo a si mismo que todo estaba bien, que la casa tal vez estuviera vacía, y camino normalmente. Pero por dentro era un manojo de nervios.

      Vio la maceta con rosas y enterró su mano en ella, rezando a todos los santos que se le ocurrieran, que la llave siguiera ahí. Sintió el material metálico de la pequeña llave de la casa y saco su mano —ahora sucia— de ahí.

      Se colocó frente a la puerta trasera y trago saliva. Metió la llave y giro hasta que la llave se detuvo. Lo que le indico que ya estaba abierto. Giro el pomo y entro a la casa. Luces apagadas. No están en casa, pensó. Cerro la puerta tras de sí y empezó a caminar hacia la cocina. Al entrar vio a su flacuchenta hermana de espaldas cociendo algo.

Veras con mis ojos y yo escuchare con tus oídos. (Larry Stylinson)¡Lee esta historia GRATIS!