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los juegos del hambre, tercer libro

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PARTE I: LAS CENIZAS.

CAPITULO 1

Bajo la mirada hacia mis zapatos, observando mientras una fina capa de cenizas se asienta sobre el 

gastado cuero. Aquí es donde estaba la cama que compartía con mi hermana, Prim. Allí estaba la mesa 

de la cocina. Los ladrillos de la chimenea que colapsaron en una carbonizada pila, proveen un punto 

de referencia para el resto de la casa. ¿De qué otra manera podría orientarme en este mar gris? 

No queda casi nada del Distrito 12. Hace un mes, las bombas del Capitolio arrasaron con las pobres 

casas de los mineros en la Veta, las tiendas de la ciudad, incluso con el Edificio de Justicia. La única 

zona que escapó de la incineración fue la Aldea de los Vencedores. No sé exactamente por qué. Quizá 

para que quien se vea obligado a venir aquí por asuntos del Capitolio, tenga un lugar decente para 

quedarse. Los raros reporteros. Un comité evaluando la condición de las minas de carbón. Una 

cuadrilla de agentes de la paz buscando refugiados que hayan vuelto. 

Pero nadie ha vuelto excepto yo. Y es sólo para una breve visita. Las autoridades del Distrito 13 

estaban en contra de mi regreso. Lo veían como un riesgo costoso y sin sentido, dado que al menos 

una docena de aerodeslizadores invisibles están haciendo círculos arriba para mi protección, y no hay 

inteligencia alguna por ganar. Sin embargo, tenía que verlo. Tanto, que lo convertí en una condición 

para cooperar con cualquiera de sus planes. 

Finalmente, Plutarch Heavensbeen, el líder organizador de los juegos, que había organizado a los 

rebeldes en contra del Capitolio, alzó sus manos. 

—Déjenla ir. Más vale desperdiciar un día que otro mes. Quizá un breve recorrido por el 12 es justo lo

que ella necesita para convencerse de que estamos del mismo lado. 

El mismo lado. Un dolor apuñala mi sien izquierda y presiono mi mano contra ella. Justo en el lugar 

donde Johanna Mason me golpeó con el rollo de cable. Los recuerdos giran en espiral mientras trato 

de separar lo que es cierto y lo que es falso. ¿Qué serie de eventos me guiaron a estar de pie sobre las 

ruinas de mi ciudad? Esto es difícil porque los efectos de la concusión que ella me provocó no se han 

apaciguado y mis pensamientos aún tienen una tendencia a mezclarse. Además, las drogas que usan 

para controlar mi dolor y mi humor, algunas veces me hacen ver cosas. Supongo. Aún no estoy 

totalmente convencida de que estaba alucinando la noche en que el piso de mi habitación de hospital 

se transformó en una alfombra de serpientes retorciéndose. 

Uso una técnica que uno de los doctores sugirió. Comienzo con las cosas más simples que sé que son 

ciertas y trabajo hacia las más complicadas. La lista comienza a rodar en mi cabeza… 

Mi nombre es Katniss Everdeen. Tengo diecisiete años. Mi hogar es el distrito 12. Estuve en los juegos de 

Hambre. Escapé. El Capitolio me odia. Peeta fue tomado prisionero. Se cree que está muerto. Muy posiblemente 

esté muerto. Probablemente es mejor si lo está…

—Katniss. ¿Debería bajar? —La voz de mi mejor amigo Gale me alcanza a través del auricular que los 

rebeldes insistieron en que usara. Él está arriba en un aerodeslizador, observándome cuidadosamente, - 3 - 

listo para abalanzarse si algo va mal. Me doy cuenta que estoy agachada ahora, con los codos sobre 

mis muslos, y mi cabeza apoyada entre mis manos. Debo verme como al borde de alguna clase de 

colapso. Esto no sucederá. No cuando finalmente me están liberando de la medicación. 

Me enderezo y rechazo su ofrecimiento. 

—No, estoy bien. —Para reforzar esto, comienzo a alejarme de mi vieja casa y voy hacia el pueblo. 

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