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Colleen_McCullough El Caballo de Cesar_Parte 2
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Colleen McCullough El Caballo de Cesar

Segunda parte

Servilia, hecha una fiera, fue al estudio de Bruto y empezó a destruirlo; daba hachazos al
escritorio, a los divanes y a las sillas, de un golpe hacía volar botellas de vino y agua, y no dejó
entera ni una sola de las copas de cristal alejandrino. Después sacó todos los rollos de sus casillas,
vació los cajones de libros y, tras amontonarlos en el suelo, cogió una lámpara múltiple, la sacudió
para verter todo el aceite en la pila de papeles y le prendió fuego. Al oler el humo, Epafrodito
arrancó a los criados de su inmovilidad con órdenes de que trajesen cubos de arena de la cocina y
cubos de agua de la fuente del peristilo y el impluvio del atrio, rezando por que la señora saliera del
estudio antes de que ya no fuera posible apagar las llamas. En cuanto Servilia hubo salido por la
puerta del estudio, Epafrodito puso manos a la obra, más asustado por el fuego que por la
Clitemnestra que se alejaba con el hacha a rastras.

Servilia sólo se permitió un descanso cuando ya no quedó nada por demoler en el cubículo
donde dormía Bruto, ni tampoco quedaba en pie ninguna de sus estatuas favoritas; aun así, seguía
tan consumida por la rabia que lamentó no tener más pertenencias que destruir. ¡Ah, sí! ¡El busto de
bronce de un joven, obra de Estrongilión! ¡El gran orgullo de Bruto! ¡En el atrio! Fue, cogió la
escultura (tan pesada que sólo la ira le permitió levantarla) y se la llevó a su salón, donde la dejó en
una mesa y se la quedó mirando. ¿Cómo destruir algo de bronce sin disponer de un horno?

-¡Dito! -rugió.

Epafrodito apareció enseguida.

-Sí, domina.



-¿Ves esto?

-Sí, domina.

-Pues llévatelo al río y tíralo.

-¡Pero si es de Estrongilión! -protestó él.

-¡Por mí como si es de Fidias o de Praxíteles! ¡Obedece! -Los ojos negros, fríos como la
obsidiana, traspasaron al sirviente-. Obedece, Epafrodito. ¡Hermione! -rugió.

Enseguida apareció su doncella, como por arte de magia.

-Acompaña a Epafrodito al río, y asegúrate de que tire al agua esta... cosa. Si no, le
crucifico.

Los dos viejos criados tuvieron que sumar sus fuerzas para llevarse el busto a trancas y
barrancas.

-¿Qué ha pasado? -susurró Hermione-. ¡No la veía así desde que César le dijo que no quería
casarse con ella!

-No sé qué ha pasado, pero lo que sé es que si no la obedecemos nos crucificará -dijo
Epafrodito, mientras dejaba el busto en manos de un esclavo joven y fuerte-. Formión, al Tíber, y
deprisa.





Al despuntar el alba, ante la puerta había un carruaje de alquiler.

Servilia se acomodó en él sin cambiarse de ropa, y sin llevar criada.

-Todo el camino al galope -le dijo escuetamente al carpentarius.

-¡Pero, domina, eso no puedo hacerlo! ¡Acabaría derrengada por las sacudidas!

-Oye, imbécil -masculló ella-, si te digo que al galope has de ir al galope. Me da igual las
veces que tengas que cambiar de mulas....

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