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Sword Art Online Vol.1 Cap.16.5

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CAPÍTULO 16.5

Asuna se dejó caer desnuda en el sofá y me miró desafiantemente.

—…Kirito, apúrate y quítate la ropa– dijo con un tono autoritario.

—Qué… ¿v-vamos a seguir?

—¡¡Sería estúpido si nos detenemos ahora!!

Acaté la orden rápidamente. Abrí la ventana indicada por Asuna, y desactivé la opción localizada en el extremo inferior del menú.

Debido al apresurado comienzo, no hubo un ambiente romántico que relatar. Sentados en la cama que era un poco pequeña para nosotros dos, lentamente hicimos todo lo que el sistema nos permitió.

La oscura y azulada luz de la luna se filtraba a través de la ventana, moldeando unas sombras complejas sobre la cama.

Ya que Salemburg no tenía mercado, la gente del pueblo desaparecía en las noches. Lo único que podía escucharse era el casi imperceptible susurro del lago, y los latidos de mi corazón que se asemejaban al sonido de una alarma haciendo eco en la habitación.

En ese entonces, Asuna y yo ya nos habíamos quitado toda nuestra ropa. Habíamos estado arrodillados en la cama uno frente al otro por aproximadamente unos dos minutos y medio. Por lo que no pude percatarme de la expresión de Asuna mientras empuñaba sus manos sobre sus rodillas y miraba hacia abajo. Pensé que probablemente debía ser yo quien tomara la iniciativa en esta situación, pero sin ser capaz de predecir el resultado de ninguna de mis intenciones, me quedé petrificado, sentado en silencio. Medité lo que ocurriría si gritara, “¡Lo siento!” y me pusiera la ropa justa y necesaria para escapar del cuarto a la velocidad de la luz. ¿Ella diría “Supongo que no se puede hacer nada~” y me perdonaría cuando nos volviéramos a encontrar mañana? – No hay forma de que ella lo hiciera.

Recordando el pasado distante, tenía sólo 14 años la primera vez que inicié sesión en SAO. En invierno de octavo grado. No quiero recordar cómo era en ese entonces, pero sacrifiqué toda la energía sexual que empezaba a despertar, como en todos los chicos que tienen esa edad, con la finalidad de sumergirme en los juegos. Como resultado, nunca antes había estado en una situación en la que tuviese que estar solo con una chica en su habitación. Y Obviamente, tampoco había estado desnudo con una chica antes.

A decir verdad, hubiera esperado que Asuna, quién pensé tendría probablemente unos pocosaños más que yo (y por lo tanto, más experiencia en esta área) tomara la iniciativa. Sin embargo, al parecer todos en SAO, incluyéndola, me creían mayor de lo que en verdad era. Ya que nunca lo

había negado, no hay ninguna manera que le pueda decir en esta situación. “Lo siento, pero de hecho soy…”

Fortalecí mi resolución. Incluso si no tenía el conocimiento o la experiencia, nunca antes había amado o atesorado sentimientos tan intensos hacia alguien, como los que tengo ahora por Asuna.

Desde que SAO comenzó, hubo muchas situaciones en las que me dije, “No puedes huir de aquí, sin importar lo que pase”, pero en esta ocasión debía reunir mucho más poder de voluntad que eso. Extendí mi mano y moví mi cuerpo hacia ella.

La punta de mi dedo tocó suavemente el delicado hombro de Asuna. Su cuerpo se estremeció fuertemente. Lentamente tracé un camino desde la línea de su clavícula hasta la base de su cuello.

—N… mm…

Asuna dejó salir un suave gemido al cerrar sus ojos. La sangre subió a sus mejillas y su entrecejo se frunció.

Por un momento vi las reacciones de Asuna deleitándome en secreto mientras la tocaba por todas partes. Levemente emocionado por las naturales reacciones, me entusiasmé un poco cuando mantuve la punta de mi dedo en el punto donde apenas acababa de tocarla y continué deslizándome despacio y sin incidentes sobre su piel. Avancé sobre sus brazos que estaban escondiendo firmemente sus pechos, hice círculos sobre su estómago y moví mi dedo nuevamente hacia sus brazos.

—Ah… oh… mm…

Cada ocasión en que mi dedo se movía, el cuerpo de Asuna se estremecía y de su boca salía un suave gemido. Luego de acariciar todo su cuerpo, puse el dedo de mi mano derecha bajo su pequeño mentón y levanté su cabeza. Con mi dedo índice izquierdo, tracé diligentemente una línea sobre sus mojados y brillantes labios color cereza.

—No… no sólo… tu dedo…

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