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CARTAS A UN IDIOTA. Memorias de un desmemoriado_JJ BENITEZ
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A Jiménez Moreno, Tomás Daroca, Lola Gómez, Mercedes Castrillo, Manolo Mato, Carlos Garda, Juani Delgado, José Manuel Jiménez Moragas, José Aciara, Luis Miguel, María José Camacho, Trinidad Merino, Manuela Cueto, Soledad Galindo, Toñi Montes, Pepe Orcero y Paco Martín (entre otros) por hacer fácil lo difícil.
Y a Blanca, por supuesto. Bilbao 30-8-03 Ese mundo de la ciencia viene a ser cual un enjambre de mecanismos que nos suministran objetos y que, en tanto que seres, resultan meras sombras. Porque hay otro mundo mucho más real para nosotros. Lo vemos, lo sentimos y todas nuestras emociones nos enlazan con él. No podemos analizado ni medido. Su misterio es infinito. Sólo podemos decir: «Aquí estás.» Ese mundo de la emoción se halla lejos de la ciencia; y es el arte quien lo ocupa. RABINDRANATH TAGORE PRIMERA PARTE Nada de guiones. Nada de estructuras o andamiajes. Es la primera vez que lo intento y lo conseguiré. ¿Puedo permitirme ese lujo? ¿Puedo escribir para mí mismo? ¿Puedo «olvidar» a la editorial e, incluso, a los lectores? Después de 49 libros escritos y 44 publicados tengo ese derecho (creo). Quiero escribir por el placer (o por el dolor) de escribir. Con una idea en el horizonte. Eso es todo. Mejor dicho, con un sentimiento en la lejanía. Eso es todo. Después y ahora, ya veremos qué sale... Sin guión. Eso es. A cuerpo descubierto. Dejando que gobierne el corazón. Dejando que la razón se enfríe. Pensando sólo en lo que sucedió. Pensando en ella... 9 DE JULIO (2002) MARTES Fue poco después de las 16 horas. Probablemente estaba cansado y decidí relajarme. Me acosté en el dormitorio y esperé. El sueño, sin embargo, no llegó. Y prosiguió la batalla: serie de televisión sin terminar, nuevas investigaciones, viajes inmediatos, deudas, ¿ingresos?, hijos, libros a entregar a los editores... ¡Cómo me gustaría pensar «en una sola dirección»! Pensar en algo, sí, y después, en lo siguiente. Pensar ordenadamente. Pero eso, al parecer, no es humano. Y ocurrió. De pronto -poco después de las 16 horas- la vi. Era julio. Hacía calor. Estaba desnudo sobre la cama. Al fondo, sin sonido, gesticulaban los colorines de un televisor. No puedo explicado, pero allí estaba. Mi pie izquierdo no era un pie. Y me sobresalté. No sé cómo ni por qué pero mi pie se transformó en una calavera. Y me asusté. La vi con claridad. Era un cráneo humano. Un cráneo que se movía despacio, muy lentamente. Unos movimientos que coincidían con los del pie (!). Durante algunos segundos no me atreví a parpadear. ¿Qué era aquello? ¿La muerte? Y de un salto escapé de la visión y del lugar. Fue inútil. Seguí reteniendo la imagen en mi memoria. Hoy, incluso, después de lo ocurrido, sigue ahí, con las cuencas negras, enormes y absorbentes. Y me mira sin palabras. Entonces, y ahora, me pregunto: ¿fue un aviso? Y lo más importante: ¿se cumplió o está por cumplir? Minutos después -a eso de las 17 horas-, Blanca, mi mujer, me reclamaba desolada. Nicolá... Show full text: 156,655 characters
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