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Julieta y Romeo William Shakespeare
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Julieta y Romeo William Shakespeare
Introducci�n La obra cuya traducci�n ofrecemos hoy a nuestros lectores es una de las m�s bellas, de las m�s selectas que encierra el teatro de Shakespeare. Gracia, sentimiento, naturalidad; sublime lenguaje, expresi�n del amor ardiente que aspira a la correspondencia, del amor correspondido que lucha con la contrariedad, del amor triunfante y satisfecho que pierde improviso el cielo de su ventura; he aqu�, en pocas palabras, el cuadro cada vez m�s correcto que va a entretener nuestra imaginaci�n y a remontar la sorpresa, extasiada y anhelante por las a�reas regiones de lo espiritual. No tan ang�lica como Desd�mona, no tan gentil como Porcia, pero s� m�s vehemente, m�s apasionada, m�s interesante y conmovedora en sus elevados arranques, la Julieta de Shakespeare caracteriza el tipo bello, perfecto, superior, de la m�s perfecta, superior y bella sensaci�n del alma. Haci�ndola, o bien int�rprete de su exquisita sensibilidad, o bien irrecusable testimonio de su rara concepci�n, el eminente poeta la ha eternizado reina entre sus hero�nas, y le ha ce�ido el laurel de su nombre inmortal. Julieta, unificada con Romeo, es la fiel representaci�n de la tragedia del amor, como dice Mr. Guizot, lo mismo que Otelo, lo mismo que Macbeth, arrastrados por sus infernales consejeros, conforman las tragedias de los celos y la ambici�n. Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de repetirlo, por m�s que la docta pluma de Chateaubriand haya querido consignar diferencias, Shakespeare sobresale sin rival por la pureza y naturalidad de sus creaciones, por la viva y extraordinaria similitud con que retrata los sentimientos humanos. As� como �stos predominan, como se elevan y descienden, como se cambian a merced de impulsos repentinos e indefinibles, as� su prodigiosa imaginaci�n los detalla, sin esfuerzo, sin ning�n premeditado estudio, sin quitar ni a�adir un solo punto a la verdad, postergando siempre a �sta todo ficcioso compuesto, toda floridez y elevaci�n. Fehaciente testimonio de este proceder son los interesantes caracteres que, aparte el de los protagonistas, figuran en la pieza que traducimos a continuaci�n. Fray Lorenzo, Mercucio, la Nodriza, Capuleto, cada uno en particular, es tipo de perfecci�n admirable, tipos o pinturas que van ofreciendo al lector contrastes inesperados de pureza y sublimidad, de sencillez y grandeza, siempre adecuados a las situaciones, siempre en analog�a con el sentimiento especial que determinan. El bello protagonista de esta pieza, en cuya repentina mudanza de afecto han querido muchos fundar una cr�tica severa, sin ver, como dice razonadamente V�ctor Hugo, que el nombre de Rosalina es s�lo el seud�nimo de la belleza ideal que absorbe la mente de aqu�l; Romeo, meridional en su conducta, meridional en su lenguaje, hijo leg�timo de la extremosa Italia, hablando el idioma del Petrarca, puro amador de sus ant�tesis, de sus tiernas alegor�as, de sus graciosas al par que vehemente... Show full text: 314,835 characters
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