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boobybabymom...

on Jul 07, 2008
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Brida: Paolo Coehlo

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Paulo Coelho

Brida

El don que cada uno lleva dentro

1 �O qu� mujer que tenga diez dracmas, si se le pierde una, no enciende una l�mpara y barre la casa, y la busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, re�ne a las amigas y vecinas y les dice: "Alegraos conmigo, que ya encontr� la dracma que se me hab�a Perdido". Lucas 15, 8-9

2 Advertencia En el libro Diario de un Mago cambi� dos de las Pr�cticas de RAM por ejercicios de percepci�n que hab�a aprendido en la �poca en que lidi� con el teatro. Aunque los resultados fuesen rigurosamente los mismos, esto me vali� una severa reprimenda de mi Maestro. "No importa si existen medios m�s r�pidos o m�s f�ciles, la Tradici�n jam�s puede ser cambiada", dijo �l. A causa de eso, los pocos rituales descritos en Brida son los mismos practicados durante siglos por la Tradici�n de la Luna, una tradici�n espec�fica, que requiere experiencia y pr�ctica en su ejecuci�n. Utilizar tales ri- tuales sin orientaci�n es peligroso, desaconsejable, innecesario y puede perjudicar seriamente la B�squeda Espiritual. PAULO COELHO

3 Pr�logo Nos sent�bamos todas las noches en un caf�, en Lourdes. Yo, un peregrino del Sagrado Camino de Roma, que ten�a que andar muchos d�as en busca de mi Don. Ella, Brida O'Fern, controlaba determinada parte de este camino. En una de esas noches resolv� preguntarle si hab�a experimentado una gran emoci�n al conocer determinada abad�a, parte del camino en forma de estrella que los Iniciados recorren en los Pirineos. -Nunca estuve all� -respondi�. Me qued� sorprendido. Al fin y al cabo, ella ya pose�a un Don. Todos los caminos llevan a Roma-dijo Brida, usando un viejo proverbio para indicarme que los Dones pod�an ser despertados en cualquier lugar-. Hice mi Camino de Roma en Irlanda. En nuestros encuentros siguientes, ella me cont� la historia de su b�squeda. Cuando termin�, le pregunt� si podr�a, alg�n d�a, escribir lo que hab�a o�do. En un primer momento ella asinti�. Pero, cada vez que nos encontr�bamos, iba colocando un obst�culo. Me pidi� que cambiase los nombres de las personas involucradas, quer�a saber qu� tipo de gente lo leer�a y c�mo reaccionar�an. -No puedo saberlo -respond�-, pero creo que �sta no es la causa de tu preocupaci�n. -Tienes raz�n -dijo ella-. Es porque creo que es una experiencia muy particular. No s� si las personas podr�n sacar algo provechoso de ella. �ste es un riesgo que ahora corremos juntos, Brida. Un texto an�nimo de la Tradici�n dice que cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: Construir o Plantar. Los constructores pueden demorar a�os en sus tareas, pero un d�a terminan aquello que estaban haciendo. Entonces se paran y quedan limitados por sus propias paredes. La vida pierde el sentido cuando la construcci�n acaba. Pero existen los que plantan. �stos a veces sufren con las tempestades, las estaciones y raramente descansan. Pero al contrario que un edificio, el jard�n jam�s para de crecer. Y, al mismo tiempo que exige la atenci�n del jardinero, tambi�n permite que, para �l, la vida sea una gran aventura. Los jardineros se reconocer�n entre s�, porque saben que en la historia de cada planta est� el crecimiento de toda la Tierra.

EL AUTOR

4 IRLANDA Agosto 1983 - Marzo 1984

Verano y Oto�o

-Deseo aprender magia -dijo la chica. El Mago la mir�. Jeans descoloridos, camiseta y el aire de desaf�o que toda persona t�mida acostumbra usar cuando no deb�a. "Debo tener el doble de su edad", pens� el Mago. Y, a pesar de esto, sab�a que estaba delante de su Otra Parte. -Mi nombre es Brida -continu� ella-. Disculpe por no haberme presentado. Esper� mucho este momento, y estoy m�s ansiosa de lo que pensaba. -�Para qu� quieres aprender magia? -pregunt� �l. -Para responder algunas preguntas de mi vida. Para conocer los poderes ocultos. Y, tal vez, para viajar al pasado y al futuro. No era la primera vez que alguien iba hasta el bosque para pedirle esto. Hubo una �poca en que hab�a sido un Maestro muy conocido y respetado por la Tradici�n. Hab�a aceptado varios disc�pulos y cre�do que el mundo cambiar�a en la medida en que �l pudiese cambiar a aquellos que lo rodeaban. Pero hab�a cometido un error. Y los Maestros de la Tradici�n no pueden cometer errores. -�No crees que eres muy joven? -Tengo veinti�n a�os -dijo Brida-. Si quisiera aprender ballet ahora, ya me encontrar�an demasiado vieja. El mago le hizo una se�a para que lo acompa�ase. Los dos comenzaron a caminar juntos por el bosque, en silencio. "Es bonita-pensaba �l, mientras las sombras de los �rboles iban mudando r�pidamente de posici�n porque el sol ya estaba cerca del horizonte-. Pero le doblo la edad." Esto significaba que posiblemente iba a sufrir. Brida estaba irritada por el silencio del hombre que caminaba a su lado; su �ltima frase ni siquiera hab�a merecido un comentario por parte de �l. El suelo del bosque estaba h�medo, cubierto de hojas secas; ella tambi�n repar� en las sombras cambiantes y la noche cayendo r�pidamente. Dentro de poco oscurecer�a, y ellos no llevaban ninguna linterna. "Tengo que confiar en �l -se alentaba a s� misma-. Si creo que �l me puede ense�ar magia, tambi�n he de creer que me puede guiar por un bosque." Continuaron caminando. El parec�a andar sin rumbo, de un lado para otro, cambiando de direcci�n sin que ning�n obst�culo estuviese interrumpiendo su camino. M�s de una vez anduvieron en c�rculos, pasando tres o cuatro veces por el mismo lugar.
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