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amanecer (de parte Edward Cullen )

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CAPÍTULO 6. Distracciones

Desde ese día me comprometí a hacer todo lo posible por hacer feliz a mí Bella, que tuviera la mejor luna de miel que nadie hubiera tenido, a mí lado.

Las playas del Antártico eran hermosas, y la vista que Isla Esme nos regalaba no tenían descripción. Bella estaba encantada con la isla, veía su cara iluminada, no de la misma forma que la mía, bajo los rayos del sol, estaba feliz, y eso era lo que importaba. Lo único que a mí me importaba. Habían demasiados lugares a donde llevarla, aún cuando no era una isla demasiado grande, pero tenía lo suficiente para lograr mi objetivo, bueno, dos objetivos. Hacerla feliz y distraerla. Mantener su mente ocupada, limpia de querer pensar en lo que me temía, otra noche desastrosa. Y aunque yo me moría por tenerla para mí de nuevo, no podía hacerlo. Así que me dediqué a mostrarle los lugares más hermosos de la isla, poco a poco, recorrimos cada kilómetro de distancia, tanto en tierra como en mar.

El primer día todo resultó de maravilla, decidí que lo tomaría tranquilo, Bella era humana y cualquier actividad que requiriera demasiada actividad física la agotaba. Un punto de ventaja a mí propósito. Estuvimos recostados gran parte de la tarde a la orilla de la playa. Colocamos una gran sombrilla sobre nosotros, principalmente por el brillo que mi piel tenía a los rayos del sol, a veces Bella se quedaba recostada a mí lado, sus brazos sobre mi pecho, y sus piernas enlazadas en las mías, tratando de mantener un poco de frío para que el calor no fuera demasiado para ella. Esa posición no me molestaba en nada, amaba el sentir su piel sobre la mía. Sus ojos de seguido permanecían pegados a mi rostro, y tenía que recordarle que la vista que nos ofrecía la isla también merecía un poco de su atención, mis palabras causaban que un hermoso color rojo apareciera sobre la piel de su rostro.

Milagrosamente, esa noche después de nuestra noche de bodas, Bella no habló sobre el tema del sexo otra vez. Lo agradecí, principalmente porque no quería darle una respuesta negativa aunque muy necesaria. Odiaba quitarle cosas a Bella, pero eso no se lo daría por nada del mundo, no hasta que fuera un vampiro.

Bella parecía no querer hablar del tema, y por mí tampoco saldría el tema. Lo peor de todo, era que aunque Bella no hablara directamente del tema, lo hacía de otra forma que era peor para mi pobre control en esos momentos. Me costaba muchísimo trabajo dejarla creer que me era indiferente la ropa que usara para dormir... lo cierto es que era un cambio radical, si la deseaba cuando usaba esas viejas sudadera llenas de hoyos cuando la conocí, la ropa que había empacado -Alice, seguramente- no me ayudaban mucho a contenerme.

Dos días después de nuestra llegada a Isla Esme decidí llevar a mí Bella a hacer snorkel, las playas llamaban y había demasiado que hacer para mantenerla ocupada. Era hora de poner mi plan en acción, antes que Bella decidiera empezar a discutir el tema, que ahora era casi prohibido.

El lugar era de verdad maravilloso, y sabía que Bella disfrutaba más de lo que me dejaba ver, queriendo de seguro estar en casa con toda la energía del mundo para discutir nuestra situación, siempre encontraba las palabras para convencerla de salir y disfrutar del paisaje. Ese día, estuvimos nadando en la playa, hicimos snorkel, y simplemente disfrutamos de la compañía del uno y el otro.

"Edward, ¿podrías por favor salir a la superficie?" Su voz, como usual, jadeante, después de varios minutos aguantando la respiración.

Me rogó mi ángel una de las tantas ocasiones en las que me sumergí más tiempo del que ella hubiera podido soportar sin oxígeno.

"¿Qué pasa?" Le dije a Bella en un tono burlón y juguetón. "¿No puedes aguantar otro rato más?"

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