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Conferencia del padre Anselm Grün en Argentina
Armonía interior: un camino posible Estoy muy contento de estar en la Argentina , y de haber tenido una recepción tan cordial, hoy por la tarde quisiera decir algo con respecto a nuestra nostalgia de poder alcanzar la paz y la tranquilidad. Se que hay muchas personas que gozan al encontrar la paz interior, la tranquilidad y serenidad, sin embargo al mismo tiempo veo que muchos son los que no pueden alcanzar esa paz, influyen en eso toda una serie de factores externos, como puede ser el ruido, por ejemplo; cuando venía para acá en medio del tránsito hoy a la tarde, me preguntaba si en este lugar acaso no sería aún mas difícil llegar a esa calma, a esa serenidad interior que en el caso nuestro del monasterio. Cabe preguntarnos entonces cuales son las causas de ese desasosiego. Durante diez años he realizado caminatas con los jóvenes, y todos los días hemos tenido una hora de silencio, los jóvenes han adherido de muy buena gana; guardar silencio no era un problema para ellos. En otro momento hice caminatas con un grupo de familias y les pregunté si ellos también querían incorporar un tiempo de silencio, la mayoría se expresó a favor, pero una o dos mujeres dijeron "no, yo no puedo guardar silencio, me entra el pánico, de pronto veo que todo es silencio y si tengo que soportar todo ese silencio entro en pánico". Me pregunto entonces que es lo que ha hecho que estas dos mujeres no puedan soportar el silencio, evidentemente tenían miedo de la propia verdad, miedo de que en el silencio se pudieran manifestar sus sentimientos de culpa, aquellas defraudaciones que han sufrido, aquellas lesiones de otras épocas, o que pudieran tener también la sensación de que la vida que estaban llevando no era la correcta. En el Evangelio de Juan, Jesús dice: "la verdad los hará libres", solo podemos encontrar la calma si tenemos el valor de afrontar la propia verdad. Pero me pregunto entonces ¿como vamos a encontrar el valor para afrontar esta propia verdad?, solo lo podemos hacer si nos sentimos aceptados en forma incondicional por Dios, porque entonces sabremos que todo en nosotros puede ser. Esta es una de las causas principales de desasosiego, la mayoría de las personas permanentemente se valora a si misma, cuando hablo con ellos me dicen: "siento enojo", "siento miedo dentro de mi", "pero este miedo no debería estar", "tampoco debería sentir este enojo", "como cristiano yo debería tener siempre esa calma", y como permanentemente se evalúan no pueden soportarse a si mismos. La condición principal para llegar a la paz y a la tranquilidad es no seguir valorándose, es dejar de evaluarse; las cosas son como son, yo le entrego mi verdad a Dios, y Dios me acepta y me ama incondicionalmente. Seguramente hay muchas causas que llevan a la calma, a la serenidad, o que hacen que muchos no lleguen a esa calma. Una causa es que hay gente que siempre pregunta: ¿qué piensan los otros de mi?. Conozco a una señora que cuando va a hacer compras permanentemente tiene miedo en cuanto a que es lo que los otros puedan pensar de ella. Si permanentemente me preocupa que es lo que los otros piensan de mi nunca voy a llegar a la calma. Algunos permanentemente se preguntan si los otros están satisfechos con ellos, si hacen las cosas bien, si está bien lo que hacen. Hay también una causa enfermiza: algunos que sufren de depresión muestran al comienzo de la enfermedad que padecen de insomnio, no pueden llegar a dormir y esos muchas veces son los síntomas de una enfermedad psíquica. Otra causa de desasosiego es la falta de medida, la desmesura, que cada vez necesitamos más, queremos tener más. Me pregunto entonces: ¿como vamos a acceder a la calma?. Quiero mostrar un camino que usaban los Monjes de la Primera Hora en el siglo IV después de Cristo; para ellos era muy importante mirar y analizar todos los pensamientos y dialogar con Dios acerca de esos pensamientos. El primer paso de la espiritualidad era ocuparse de si mismos, hablar sobre los pensamientos y los sentimientos y dialogar con Dios de una forma importante. De esa manera se enfrentaban a este problema de la falta de paz, al desasosiego. Se cuenta de un monje que estaba leyendo la Biblia y se enoja porque la luz es mala, entonces la acomoda debajo de la almohada, se acuesta a dormir, y se enoja porque la almohada es demasiado dura, entonces vuelve a levantarse, mira a ver si viene algún hermano, y como no viene ninguno se enoja porque son tan crueles y no vienen, entonces mira hacia el cielo para ver si ya comienza a salir el sol, y se enoja con Dios porque el son no aparece todavía, después regresa a su celda, y se enoja porque hay humedad. Está permanentemente insatisfecho, no tiene ganas ni de orar, ni de trabajar, ni siquiera tiene ganas de no hacer nada, eso quiere decir que está totalmente degradado internamente.
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