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EL TESTAMENTO DE SAN JUAN_J.J. BENITEZ
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J.J. Benítez
El testamento de San Juan El Testamento de San Juan J.J. Benítez Colección Contemporánea Dirección: Rafael Borràs Betriu Consejo de Redacción: María Teresa Arbó, Marcel Plans y Carlos Pujol © J. J. Benítez, 1988 Editorial Planeta, S. A., Córcega, 273-277, 08008 Barcelona (España) Diseño colección y cubierta de Hans Romberg (realización de Jordi Royo) Ilustración cubierta: dibujo de Schnorr von Carolsfeld publicado en una Biblia editada en Berlín en 1905 Primera edición: febrero de 1988 Segunda edición: marzo de 1988 Tercera edición: abril de 1988 Cuarta edición: mayo de 1988 Depósito legal: B. 19.070-1988 ISBN 84-320-3827-X Printed in Spain - Impreso en España T. G. Soler, S. A., Enric Morera, 15, Esplugues de Llobregat (Barcelona) 2 El Testamento de San Juan J.J. Benítez El presente documento no es fruto de mi imaginación. Las crudas afirmaciones que en él se vierten proceden de una revelación, otorgada al mundo hace medio siglo y custodiada hasta hoy por la denominada «Fundación Urantia». Con mi agradecimiento a dicha Fundación, por haberme permitido beber en sus -para mí- sagradas fuentes. La Iglesia conoce esta revelación pero, obviamente, la ha silenciado y rechazado, de igual modo que los «instalados en el poder» sólo bendicen y hacen suyo aquello que les beneficia. 3 El Testamento de San Juan J.J. Benítez Saludo 1 Yo, Juan, a las siete Señoras elegidas y a sus hijos, a quienes amo, según la verdad del Engendrado de Dios. Yo, Juan de Zebedeo, a quien el Justo llamó «hijo del trueno», nacido en Betsaida, después de haber vivido cien años, sabiendo que mi hora es llegada, os escribo desde Éfeso, hijos míos, en el sexto año del gobierno del emperador César Nerva Trajano Augusto, cuyo último y reciente triunfo le ha valido el título de Dácico. Yo, el peor de los pecadores Hijos míos, es mi última hora. A no tardar seré reclamado a la presencia del Verdadero. Bien sabéis que todos mis viejos hermanos y compañeros en la verdad han muerto. Yo mismo soy un cadáver, que sobrevive por la gracia del Padre y los cuidados de mi nieta, consagrada a este despojo humano desde hace veinte años. Pero ni la bondad ni los desvelos de mi familia y de mis amantísimos hijos de esta Señora elegida pueden cambiar el rumbo de lo que fue planeado por el Altísimo. Él me llama, pero ni siquiera puedo acudir a los servicios, como no sea postrado en una silla. Es, pues, el momento de tomar papel y tinta y confesar mis errores. Ya fue escrito por mi fiel y amado discípulo Nathan: «Dios es luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad.» Pues bien, vosotros, hijos míos, debéis ser misericordiosos para con este anciano que, a pesar de sus palabras y apariencia, ha cometido el más abominable de los pecados: caminar en las tinieblas y, lo que es más escandaloso, dejar que otros cayeran en el error. Yo dicté a Nathan No hac... Show full text: 480,023 characters
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