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La diosa negra

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LA DIOSA NEGRA Capítulo 1º. La propuesta del profesor

—Las tesis de este año serán diferentes, las haréis por parejas y según sea el hallazgo que traigáis, así serán las notas que os ponga —les dijo el profesor de arqueología a sus alumnos. —¿Cuánto tiempo tenemos para traer los hallazgos? —Preguntaba uno de los alumnos. —Ahora empezamos las vacaciones de verano; hasta que comencemos las clases en septiembre, tenéis todo ese tiempo para hacerlo. Eran veinte alumnos en la clase y hablaban entre ellos, sobre lo que el profesor les había propuesto. —Bukola ¿tu eres de Tanzania? —¡Sí! —¿En tu tierra no hay cosas misteriosas, o tesoros por encontrar? —Sí que tenemos misterios por aclarar y cosas muy valiosas por recuperar. Una de ellas es la diosa negra, que lleva mucho tiempo perdida. Se trata de una estatua de unos cuarenta centímetros de altura y de unos diez kilos de peso. Esa estatua, además de tener un gran valor económico (porque está hecha de oro macizo, diamantes y esmeraldas), tiene un enorme valor histórico. Desapareció hace más de cien años y desde entonces, nadie ha sabido nada de ella. Siempre se ha especulado mucho sobre posibles paraderos y desde hace unos años, son dos los lugares que suenan con fuerza. Uno es Londres y que está en manos de un rico traficante de armas, muy aficionado a las antigüedades y el otro, que está en Tanzania, en las montañas que hay cerca del lago Victoria, en un lugar llamado la cueva de la diosa negra. Lugar que por cierto, jamás nadie ha visto ni encontrado nunca. Se dice que en ella se hacían sacrificios humanos, y que la diosa era utilizada por los componentes de una secta, para presidir dichos actos. Según una de las versiones, de los que siempre han estado en contra de la secta, hubo un desprendimiento en la cueva producido por la diosa, por qué no estaba de acuerdo en lo de los sacrificios. Con el desprendimiento que hubo, quedó tapada la puerta, dejando a todos los componentes de la secta encerrados y sepultados. Por eso según la leyenda, todos los componentes desaparecieron misteriosamente y nadie nunca supo nada de ellos. Desde hace unos años, un grupo que se hacen llamar los hijos de la diosa negra (auténticos herederos), reclaman todo lo que fue de la antigua secta y por lo que se escucha de ellos, son más fanáticos y sanguinarios que sus antecesores. Son unos fanáticos, que dicen ser los auténticos defensores de la raza negra y que llevan tiempo buscando a su diosa, para reponer todo su poder y que son los únicos que en la actualidad defienden su raza. Los antiguos 

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componentes de la secta, eran un estilo al ku klux klan de América, pero en versión africana y que hoy en día los nuevos componentes, lo están llevando a cabo. Se sospecha, que en la actualidad están raptando personas de raza blanca y están haciendo sacrificios con ellos. Hay rumores, de que no están del todo contentos con sus actuaciones, porqué le falta su signo espiritual. Según otra versión que hay, sobre como desapareció la diosa, es esta. Los sacrificios que hacían en la cueva eran con prisioneros blancos y que un inglés se escapó, llevándose la estatua a Inglaterra. — ¿Podemos ir nosotros en su busca? —Si llevan un siglo buscándola, no creo que nosotros la encontremos en tres meses. —No se pierde nada por intentarlo, además hay que buscar algo que sea relevante. —Ya, si no me parece mal, lo que creo, es que perderemos el tiempo buscándola. —Por eso no te preocupes, en algo hay que perderlo —dijo Héctor Gamboa. — ¿Tú cómo andas de dinero, porque esa es otra, si no tenemos dinero, qué hacemos? —argumentaba Bukola. —Por eso no te preocupes, sé de gente que nos pueden financiar el viaje. —Si hay alguien que lo haga, entonces sí que podremos empezar la hazaña, porque si la encontráramos sería eso, una hazaña. —Iremos a visitar a mi tío Gustavo, que vive en una mansión a las afueras de la ciudad. — ¿Tu tío será el capitalista que nos financie el viaje? —Hay alguien más, pero mi tío es un gran arqueólogo con mucha experiencia, además de estar bien económicamente. —Te acompañaré, porqué sino, no me dejarás tranquilo. —Vamos a despedirnos de los compañeros y del profesor —dijo Bukola. Se estuvieron despidiendo de los compañeros de clase y se fueron en busca de la mansión de su tío Gustavo. — ¿Cuánto dices que tienes? —Doscientos euros. —¿Y con eso quieres encontrar a la diosa? —No es para eso, simpático, es para ir a la casa de mi tío —dijo Héctor y bromeando, cogía con la mano derecha a Bukola por detrás, a la altura del cuello. Bukola es un chico de raza negra, de dieciocho años de edad, de carácter abierto y de uno ochenta de estatura. Le gusta todo lo relacionado con la arqueología y el deporte en general, de hecho practica el baloncesto y artes marciales. Héctor tiene también dieciocho años de edad, de raza blanca y de carácter inquieto, también de más o menos la misma altura y como a su

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