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Amor vs. Sociedad

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Después de clases, Albert y yo, nos fuimos a trabajar. Actualmente no tenemos un trabajo estable pero ser malabarista en la calle o bailarín urbano, es un gran pasatiempo y me gusta, aunque no puedo negarlo ganamos alguito para la cena o por lo menos para nuestro pasaje devuelta a casa.

- Chicos ¿a dónde van? – dijo Catalina.

- Vamos a trabajar – le dije tranquilamente, no pensaba pelearme con nadie esta tarde.

- ¿A trabajar? Ustedes ¿desde cuando trabajan? – dijo con ironía, hay nunca trabajamos, creo que estamos madurando o ¿no?

- Claro que trabajamos, como bailarines urbanos, malabaristas, lavando carros, tu sabes bebé – le dijo Albert con su estúpido tono seductor, a veces cansa cuando hace eso.

- Oh, ¡que genial! ¿Puedo acompañarlos? – dijo Catalina toda dulce.

- ¡Claro! Por mi normal ¿y tú Fer? – dijo Albert mientras pateaba unas piedras que encontraba en su camino.

- Si puedes acompañarnos pero ¿no tienes que cuidar a tus hermanitos? – dije sin intención de botarla o menospreciar su compañía.

- ¡Cierto! Me había olvidado desde que mi papá lo ha despedido de su trabajo, se la pasa buscando lo que sea y dejo dicho con la auxiliar de que tendrá turno noche – dijo Catalina toda fastidiada, tal vez enojada, porque no puede vivir su adolescencia como quisiera.

- Bueno te acompañamos  a tu casa, así aprovechamos en dejar las mochilas en tu casa Al – dije mientras paraba el bus.

- Ya, entonces ¿qué esperamos? No tenemos toda la tarde – dijo Albert jalando del brazo de Catalina mientras subía al bus.

- No me jales tan fuerte, soy una chica no un juguete ¡idiota! – dijo Catalina quejándose, ya que Albert la estaba lastimando.

Estábamos ya en el bus sentados, me puse mis audífonos, agarre mi MP3 y le puse PLAY, justo estaba en reproducción “Heart Vacancy”, una canción de una boyband británica llamada The Wanted. Esa canción me hizo olvidar todo y sólo en mi cabeza estaba la imagen del día anterior de Alexandra, tan dulce, tan inocente, tan ingenua, tan pícara. Sin dudad era diferente a las demás. Dirigí mi mirada hacia Albert y Catalina, estaban hablando como siempre, pero en la mirada de Albert se notaba cierto brillo de un chiquillo enamorado. ¿Acaso Catalina no se daba cuenta de que él estaba enamorado de ella? Ó ¿Sólo fingía no saber nada y sacarle celos haciéndose la seductora conmigo? Bueno ella es mi amiga y todo eso, pero me parece que se porta con mucha inmadurez, si ya sé tiene 14 años pero de esa forma se ve como una niña.

- Chicos ¿sabían que la tal vez a partir de la próxima semana ya podré salir a trabajar con ustedes? – dijo Catalina un poco más tranquila.

- No – dijimos Albert y yo al mismo tiempo.

- Pues verán dicen que una niña rica, que está en una asociación que ayudan a los pobres, vendrá a mi casa a cuidar a mis hermanos y enseñarles unas cosas – dijo Catalina de una forma como si no le interesara lo que dice – ¡Que tonta! O sea perder su tiempo en estas tonterías de enseñarles a niños, como si ellos quisieran tener una maestra creída…

- No hables así de ellos, no todos son así – dije, no sé porque pero me hervía la sangre al escuchar lo que decía, creo que fue porque estaba pensando en Alexandra  y pues ella no era así, quién sabe tal vez sea ella aunque era imposible.

- Tranquilo Fer, no es para que te pongas así, pero Cata él tiene razón no todos son así – dijo Albert mirando y asintiendo con su cabeza, creo que me comprendía, sería demasiado obvio porque Alexandra lo trató bien y eso que él le jugo una tonta broma.

Ya estábamos a escasos metros del paradero del bus, donde nosotros bajaríamos. Podía percibir esas miradas de las niñas de la calle que correrían detrás de mí. ¡Ay! Como odio eso. No es por nada pero detestaba que me hagan mimos, que me trataran como alguien especial. No me siento a gusto con eso.

- ¡Feeeer! ¿Vas a bajar? – gritaba Albert desde la puerta del bus.

- Ah… Si, si, si… esperen – dije que más podría decir, estaba en lo más profundo de mis pensamientos.

- ¿En qué estarás pensando Nando? – dijo Catalina algo molesta, se notaba en cada palabra que decía, en cada sonido de su aguda voz, mientras que nos dirigíamos hacia su casa.

- ¿Yo? – dije de una forma tan tonta que Catalina y Albert me vieron con cara de “no en quién más”, ¡Ay! ¿Qué me pasa? Ya no sé ni lo que digo – Pues en nada, sólo estaba en lo más profundo de… - espera Fernando, piensa bien lo que vas a responder – la canción y como me sabía la letra me quedé tarareándola en mi cabeza y me perdí en mi mente – dije no muy convencido de haberles hecho creer, ni yo me lo creía, por último sonreír.

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as Alexandra Maisonet
Jesús Zavalaas Fernando Alvarado
Callan McAuliffeas Patricio Muñoz
Alexander Speitzeras Max Calamaro
Ricardo Abarcaas Albert Dávila
Sierra McCormickas Catalina Spring
Cole Sprouseas Roberto Spring (de niño)
Dylan Sprouseas Rogelio Spring (de niño)
Jonathan Lipnickias Yoel Maisonet (de niño)

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