Hace algún tiempo, fui testigo de algo increíble, tuve una experiencia mística, en mi propio domicilio.
Me encontraba metido en la cama, con el pijama de lino a topos rojos y verdes que me regaló mi tía abuela Carlota por mi veintiún cumpleaños, que le incluyó un dibujo del pato Donald en la espalda a tamaño gigante bordado a punto de cruz. Intentaba conciliar el sueño, pues ya era más de media noche.
De repente, sin previo aviso, penetró por mi ventana un haz de luz muy intensa casi cegadora, que empujaba a ésta hasta abrirla por completo. Estaba aterrado, estonces apareció algo que jamás debería estar ahí, ni en las peores de mis pesadillas, se trataba de un pelícano vestido de fraile del siglo XVI con su capucha y todo.
Estuvimos observándonos durante un largo rato, apenas pestañeábamos. Finalmente el enorme pájaro se decidió a comunicarse conmigo, aunque pese a mis esfuerzos no alcanzaba entender absolutamente nada de lo que decía, aun no he tenido la oportunidad de estudiar el léxico de estos animales.
Esto pareció enojarle mucho, ya que inició el vuelo precipitándose hacia mí y comenzó a picotearme la cabeza con mucha violencia, parecía que intentara engullirme para introducirme en la enorme bolsa de su pico, como si me tratase de una sardina en escabeche.
Al cabo de dos horas de intensos forcejeos se detuvo súbitamente y se dirigió nuevamente hacia la ventana con un majestuoso vuelo, sin percatarse de que ésta se había vuelto a cerrar debido a una corriente de aire, el golpe fue mayúsculo y quedó ligeramente aturdido, luego renegó algo en su idioma y finalmente se marchó.
Nunca más he vuelto a saber nada de ese pajarraco, ni el motivo de su inquietante visita.
He decidido tapiar la ventana, para no tener esos sustos nocturnos, si se decide a volver que llame a la puerta como todo el mundo.
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