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Enseñame

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Un joven de cabello largo, color marrón, se encontraba sentado bajo la sombra inmensa de un árbol de hojas de colores cálidos, tocaba con suma delicadeza una Lira, la cual parecía cuidar como si fuese su propia sangre la cual estuviese cargando. 

 

Mis ojos se detuvieron sobre el, como si observara una obra de arte, pude sentir como mis mejillas se tornaban de un color diferente, como mi corazón palpitaba más rápido en el interior de mi torso, como mi cabello se hizo un espiral al momento que detuve mi caminar, era un ser sumamente hermoso, maravilloso.

 

- ¿Te quedaras todo el día mirando, o te vas a acercar? - Fue un susurro que vino con el viento, sus labios se movieron con sumo cuidado, la pronunciación de las palabras fue perfecta, y mi alma sintió que dio miles de brincos.

 

- Lo sieto mucho, no era mi itesion... - Hable con una voz hueca, no sabía expresar correctamente las oraciones, pero igual quise intentar comunicarme con él, el poco lenguaje que había aprendido, era para servir de forma correcta a mis dueños y señores.

 

- Muy bien, pronunciaste de forma incorrecta las palabras "Siento" e "Intensión", debes aprender la correcta forma de decirlas o serás tomada como un juguete y cocinera en cualquier lugar donde trabajes.

 

- Mi no saber hablar demasiado... - Dije, era la verguenza que quemaba mi interior expresarme de una forma tan baja a alguien que parecia ser una de las personas que dominarian de mi, pero no importaba, igual continuaria hablando tanto como se pudiera con el.

 

- Pero me puedes entender bastante bien, has trabajado por bastante tiempo, ¿No? Te enseñare a hablar bien si mañana vienes. - Me dijo, encantada con la idea de pasar más tiempo con ese hombre que hizo a mi corazón detenerse acepte sin pensarlo dos veces, el se puso de pie y comenzó a alejarse, pero antes de terminar de desaparecer en la distancia, pregunto mi nombre.

 

- Bendita - Hable, amaba mi nombre, tan ligero, tan único, tan especial, pero al mismo tiempo tan gastado en el cuerpo de una simple sirvienta.

 

- Muy bien Bendita, mi nombre es Orpheus, mucho gusto en conocerte. - Con esas últimas palabras, termino de irse hacia el horizonte, desapareciendo en un brillo de luz, sin palabras, me quede mirando hacia donde había estado aquel hombre, llamado Orpheus, y luego retorne mi camino de vuelta al hogar de familia donde debía trabajar. 

 

- Haz olvidado hacer las compras de la fruta y el arroz. - Fue lo primero que escuche al momento de entrar por la puerta, no pude inventar escusas, simplemente mirar a quien había pronunciado las palabras, mi ama, Beato.

 

- Discupeme... - Hable con sumo cuidado, bajando la cabeza para no faltarle el respeto a la mujer, ella me miro y sonrió, una sonrisa de esas que queman, de aquellas hechas para lastimar.

 

- Me he enterado de un pequeño encuentro con un joven ¿es cierto, mi pequeña Bendita? - Sus palabras ardieron dentro de mí, hechas para quemarme, para que mi miedo incrementara, para que su poder sobre mi se volviese mas grande. - Oh, es cierto, tu rostro lo dice todo! He de recordarte, pequeña rata, que estas hecha solamente para servirme a mí y a aquellos que vengan luego hasta el día de tu muerte, no te permito, por nada del mundo, que andes vendiéndote como la pequeña mujerzuela que estoy consciente que eres.

 

- Si, mi señorda, nu vorvera a suceder.. - Fue lo único que pude decir, entonces, ella salió de la cocina, por detrás de mi, entrando por la puerta de la cocina, apareció mi hermana con la comida que la señora me había pedido, y con los ojos avergonzados, tanto que hablaban más que ella sola. - Fuiste tú..

 

Ella bajo su rostro y guardo silencio, debido a que su capacidad de habla era menor que la mía prefería no buscar una conversación extensa con nadie, su cabello rubio, manchado de negro por el sucio, se encontraba amarrado en una coleta, de la cual se soltaban algunos mechones debido al trabajo.

 

Ambas nos fuimos a dormir, luego de hacer que los hijos de nuestra señora cerraran los ojos.

 

A la mañana siguiente, deje la casa temprano, debido a que debía ir en busca del agua para el baño de los pequeños hijos de la ama, iba con sus brazos ocupados cuando encontró de forma inesperada a aquel joven sentado bajo la misma copa del mismo árbol, con la lira en manos, y con un libro.

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